Música

La Sonora y Medellín se juraron amor eterno

El conjunto de Matanzas ha encontrado en esta ciudad un espacio natural para su música. Un club de seguidores y un espacio radial cultivan ese afecto.

Envigadeño dedicado a la escritura de periodismo narrativo y literatura. Libros de cuentos: Al filo de la realidad y El alma de las cosas. Periodismo: Contra el viento del olvido, en coautoría con William Ospina y Rubén López; Crónicas de humo, El Arca de Noé, y Vida y milagros. Novelas: Gema, la nieve y el batracio, El fiscal Rosado, y El fiscal Rosado y la extraña muerte del actor dramático. Fábulas: Las fábulas de Alí Pato. Premio de la Sociedad Interamericana de Prensa.

15 de mayo de 2016

Fue en el Perro Negro, legendario bar del viejo Guayaquil, en el Centro de Medellín, donde El Inquieto Anacobero, Daniel Santos, recibió el apelativo de El Jefe.

Corría el año 1955 y el cantante nacido hace cien años en Santurce, Puerto Rico, estrella de la Sonora Matancera desde 1948, era un personaje célebre en esta ciudad.

A muchos artistas del mundo, los promotores de discos los llevaban a este barrio del Centro donde la bohemia era ley y las puertas de los bares se pegaban de nunca cerrarlas. Algunos de ellos, como Daniel Santos, se aprendieron el camino y no esperaban descargar sus maletas en una habitación del Hotel Nutibara, inaugurado diez años antes, para echar a andar por ese sector alegre —lo mismo que por Barrio Antioquia—.

Con fórmula médica en el bolsillo para fumarse sus cigarrillos de marihuana, hacía alegrar a los clientes de los bares cada vez que lo veían llegar, porque, claro, en medio de un aguardiente y otro, de un pitazo y otro, lo hacían cantar sus éxitos: Dos gardenias, Noche de ronda, Obsesión, Despedida y otros.

Y en esa cordialidad, que a veces se tornaba en trompadas, sus compañones lo bautizaron El Jefe. Este dato lo suministra el investigador musical Héctor Ramírez Bedoya, muerto hace tres años, quien fue director de la Corporación Club Sonora Matancera, en uno de sus libros sobre el Decano de los conjuntos de América, pero no dice el nombre del bar. Quien lo precisa es Gustavo Escobar Vélez, también investigador musical.

Algunos otros biógrafos dicen que ese remoquete se los dieron en los bares de Medellín a Daniel Santos y a Orlando Contreras.

“Sí, Los Jefes —confirma Sergio Rendón, el autor de la página Salsero del Mes, de Latina Stereo, quien confiesa haber ingresado al mundo de la salsa a raíz de su afición a la Sonora Matancera—. Usando este apelativo, ellos grabaron álbumes juntos en 1980”.

Es común hablar de la familiaridad de los integrantes de la Sonora con Medellín. Héctor Ramírez dice en otro de sus libros que Carlos Torres estuvo en esta ciudad una temporada y alternaba el canto con el oficio de cocinero y que fue justo aquí, en la capital antioqueña, donde decidió incluir su gentilicio, argentino, en su nombre, para que no lo confundieran con un cantante homónimo de la época. Grabó Medellín de mis amores —dedicado al equipo de fútbol—. Iba al Salón Versalles (antes Heladería Capri), “que ha sido una embajada argentina”, dice Escobar, y a billares Metropol, frente al Parque de Bolívar. En el mismo año en que los del Perro Negro bautizaron a Santos, Javier Vásquez, director de la Sonora, enroló a Torres en sus filas.

También cuentan que Celia Cruz, amiga de Matilde Díaz, la cantante —y esposa— de Lucho Bermúdez, frecuentaba la casa de estos músicos radicados en Medellín. La Guarachera de Cuba le sugirió a Matilde encomendarse a la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de la isla, para que pudiera quedar en embarazo.

Amor sonero

¿Existe un romance entre la Sonora Matancera y Medellín? De ser así, ¿se debe acaso a esa fraternidad entre el Inquieto Anacobero y los melómanos del Centro? ¿A la residencia del argentino en estas tierras? ¿A las visitas asiduas de Celia?

Sergio Rendón cree que sí existe tal afecto entre la ciudad y el conjunto, y que se debe a que en Medellín se asentaron las disqueras. Entre ellas, Fuentes, que adquirió los derechos de gran parte de la música cubana, incluida la de la Sonora Matancera.

El profesor y periodista Jaime Mercado, integrante de la Corporación Club Sonora Matancera, quien ha entrevistado a varios integrantes de esa agrupación, como Javier Vásquez hijo, y Nelson Pinedo, cree en tal romance. “Medellín en primer lugar y Colombia en general han sido escenarios básicos para el éxito de ese conjunto antillano”.

Gustavo Escobar aporta otra explicación para ese vínculo: “no cabe duda de que la vigencia de la Sonora en Medellín se debe, en gran medida, a ese grupo organizado de seguidores, la Corporación Club Sonora Matancera, fundada hace cuarenta años”.

¿Un amor especial? No

Contrario a los anteriores, el sociólogo e investigador musical Fabio Betancur, autor del libro Sin clave y bongó no hay son, quien ha estudiado las influencias de la música cubana en la del Caribe colombiano, dice que no cree que haya una relación afectiva especial entre Medellín y el Decano de los conjuntos, sino entre Medellín y la música cubana y antillana en general.

La música cubana llegó a Medellín en el siglo XIX con las personas del país insular que contribuyeron en la construcción del Ferrocarril de Antioquia.

Tal gusto se debe, dice, a que los paisas tenemos un amor fuerte por el mar. Incluso más que los costeños, “quienes a veces casi ni lo voltean a mirar”. Cita el poema en que León de Greiff hace un drama por no conocer el mar, Balada del mar no visto:

Mis ojos/ –vigías horadantes, fantásticas luciérnagas;/ mis ojos avizores entre la noche; dueños/ de la estrellada comba;/ de los astrales mundos;/ mis ojos errabundos/ familiares del hórrido vértigo del abismo;/ mis ojos acerados de viking, oteantes;/ mis ojos vagabundos/ no han visto el mar...

Y la obsesión del empresario Gonzalo Mejía, por la necesidad de construir la carretera al mar.

“Sin duda, el Club Sonora, donde hay un fervor casi religioso por esa agrupación, y el programa Una hora con los solistas de la Sonora Matancera, dueño de una inmensa sintonía, han cultivado la difusión de la música de ese conjunto cubano”.