Niyireth Alarcón, la voz grande de las músicas andinas colombianas
Su trabajo discográfico y sus presentaciones en festivales han hecho que comparta escenario y circuitos con Susana Bacca y Lila Downs, entre otras cantoras latinoamericanas.
Periodista, Magíster en Estudios Literarios.
En el mundo de los festivales de música colombiana, la cantante Niyireth Alarcón es una celebridad. A menudo es la encargada del concierto de apertura o el de cierre, espacios reservados para los artistas con poder de convocatoria.
Sin embargo, por fuera de esos circuitos, su nombre y trabajo son relativamente desconocidos. Por supuesto, esa ambivalencia no le ocurre solo a ella. De hecho, al final de esta entrevista, Niyireth cuenta una anécdota ilustrativa. Una de sus hermanas envió al chat del grupo familiar una foto del cantante Yuri Buenaventura haciendo una fila en un aeropuerto. Todos reaccionaron, emocionados. Salvo una, que dijo ¿Y quién es él?
Partamos de un principio elemental, pero olvidado a menudo. La fama y el talento no son caras de la misma moneda. Se puede ser muy famoso y componer música desechable.
Algo parecido ocurre a la inversa: se puede ser talentoso y ser desconocido por el público grande. Eso le pasa a Buenaventura y a Niyireth, Esto no parece trasnocharla a ella, que dice con claridad que prefiere hacer la música siguiendo sus intuiciones de artista y no los gustos del público.
Ahora, pasemos a una pregunta: ¿quiénes escuchan bambucos, torbellinos y rajaleñas? Según Niyireth, estos géneros tienen un público diverso, no equiparable al del reguetón. Pero todo no tiene que seguir el patrón de los récords y las masas.
EL COLOMBIANO habló con la cantante en su visita a la ciudad para la Gran Fiesta Bambuqueña que se realizó el pasado jueves en el Teatro El Tesoro, sobre su carrera, la salud de las músicas de los andes colombianos, los públicos y los compositores —¡compositoras!— que mantienen vivos sonidos que hablan de la vida en el campo, de las emociones por la vida que está afuera de las pantallas.
¿Cómo fue el inicio de su relación con estas músicas andinas colombiana?
“Bueno, hay dos razones que yo siempre recuerdo. Una es que nací en el Huila. En este departamento esta música tiene un lugar muy especial en la gente, sobre todo en las fiestas tradicionales de San Juan, San Pedro, San Pablo. Allá cantamos bambucos, rajaleñas. Es algo que está muy arraigado en la gente de todas las clases sociales, de todas las edades”.
Es la música popular de esa región...
“Sí. No es la única, pero sí es una música bastante popular entre los huilenses. Y esa es una de las razones principales de mi carrera. Después, también, a través de los festivales de música andina colombiana, de los concursos como el Mono Núñez, me llegaron grabaciones, siendo yo todavía muy pequeñita, de música del maestro León Cardona, antioqueño. Y a mí se me juntaron esas dos corrientes, esa más popular, esa más académica. Y ya cuando finalmente —en esos tiempos yo era una niña— escucho cantar bambuco a Leonor González Mina, la Negra Grande de Colombia, me cambió toda la percepción de esa música. Ya no era ni la del Huila, ni la de Antioquia”.
¿Recuerda qué canción en particular?
“Precisamente obras del maestro León Cardona, poemas de Óscar Hernández, el poeta antioqueño. No abandones tu tierra y La mejora son bambucos que hicieron entre el maestro León y el poeta Óscar. Entonces por ahí ya declaré mi amor eterno a esta música”.
¿Qué pasó al oír a Leonor?
“Ella me hizo un clic. Me mostró, me dijo: ‘Sí, es por aquí’. Aunque yo sé que para ella fue un trabajo más porque ella abordó las músicas de todo el país, para mí fue descubrir una forma de cantar con mucho sentimiento y ese rigor”.
¿Y recuerda cómo circulaba esa música?
“Pues en mi caso llegó gracias a los festivales, gracias al Mono Núñez”.
Es decir, ¿vio a Leonor en escenario?
“No, me llegó un disco. Yo la conocí ya muchísimo después en el Mono Núñez, alguna vez que fui a cantar y ella estaba en el público. Le conté esta historia: se puso muy contenta. Porque yo creo que cuando ella me escuchó por allá algo escuchó de ella. A veces me pasaba que yo hacía algo en algunas canciones y me preguntaba: ‘¿De dónde salió esto?’, pues seguramente de escuchar a Leonor González Mina. A ella le gustó mi trabajo, me lo dijo. Y yo creo que ella ya reconoció allí alguna influencia suya”.
Entiendo entonces que esta música circula ahora en los festivales...
“Así es. Y más, digamos, en décadas anteriores. Cuando incluso el CD empezó. Por ejemplo, cuando yo saqué mi primer CD, hice el lanzamiento en el Festival de Bello y eso fue un éxito. En ese tiempo no se estaban haciendo muchas producciones independientes. Entonces, claro, en estos festivales siempre había una tienda para distribuir estos discos y todavía algunos la tienen. Por ejemplo, el festival Mono Núñez tiene todavía su tienda y todavía muchos, como yo, hacemos producciones que, si bien van a las plataformas digitales y todo esto, también las hacemos en formato físico”.
El circuito de la música colombiana es completamente alternativo...
“Sí, así es. Aunque hemos ido ganando también espacios en otro tipo de programaciones. No digamos solo en eventos culturales. Ahora hay muchísimos festivales de músicas del mundo en que ya también entramos”.
¿Eso quiere decir que el público suyo es un público muy de festival? ¿La escuchan la misma gente que está haciendo la música andina o hay un público que identifica que va al festival de este pueblo y al festival del otro?
“Hay mucha gente que gusta de músicas alternativas, de músicas diferentes, que van a los eventos. Por ejemplo, tenemos un público compartido con la música de cámara o con la música clásica. Es más, hay muchos grupos de música andina colombiana que participan en festivales y en ciclos de conciertos. A mí me han invitado a ciclos de conciertos de música de cámara, por ejemplo. Entonces ese es otro espacio. Claro, como es tan variada nuestra música, entonces puedo estar desde esas fiestas populares acompañando desde un tablado en un pueblo de Colombia, hasta el teatro más sofisticado”.
Una vez le escuché cantar algo de Chabuca Granda... Su repertorio es muy largo...
“Hay mucha música andina que ya no es colombiana sino del resto de los Andes, que se parece muchísimo. Hay aires, por ejemplo, como el sanjuanito en Ecuador —que allá se llama sanjuanito—. No es igual, pero ellos tienen su sanjuanito, nosotros el sanjuanero. Cuando cantamos el sanjuanero de allá, ellos de una vez lo sienten propio. Entonces, en ese aprendizaje de esos ritmos y esos aires de otros países, también he tratado de incorporar en mi repertorio canciones de ellos. O sea, no solamente irles a llevar, sino también cantar lo de ellos.
En mis trabajos discográficos como en mis conciertos, yo trato de que siempre haya una mayoría de música andina colombiana. Esa ha sido mi labor, una misión, digamos, que me he puesto, muy personal. Siempre trato de que la mayoría sea de ritmos muy variados, andinos colombianos, canciones tradicionales, canciones nuevas, muy diferentes, pero que también haya este repertorio latinoamericano”.
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Se hace mucho bambuco nuevo...
“Sí, eso se mueve casi exclusivamente en los festivales y concursos de música andina colombiana. Hay muchísimos. Yo creo que se mueve especialmente en esos concursos. O sea, los compositores, tanto los que ya tienen mucha trayectoria como los nuevos, llevan sus canciones a estos concursos y las hacen conocer. Y la otra manera es con la discografía. Cada vez que yo saco un disco, los músicos están muy atentos a ver qué repertorio nuevo hay para incorporar también al suyo. Entonces esa es otra manera: la discografía”.
¿Qué criterios tiene para incluir una canción nueva en sus discos?
“Sí, bueno, yo siempre he tratado de mostrar compositores que la gente no conoce o que apenas se están dando a conocer. Ya en este momento, si yo miro mis primeros discos, grabé los compositores que en este momento son los ya consolidados. En el disco nuevo, en Tanto va el cántaro, grabé, por ejemplo, a dos compositoras que yo quería mostrar. Una se llama Ángela García Gil, ella es de Bello, Antioquia. Por todas sus influencias, ella compone de una manera muy distinta. También hay otra compositora que grabé aquí que se llama Luz Marina Posada, que es una mujer que ha venido haciendo una carrera muy importante”.
¿Privilegia a las mujeres?
“En este caso sí. He trabajado mucho sobre conciertos de compositoras, de mujeres creadoras. Pero también hay otra línea que está en el mismo disco, por ejemplo, que es tomar clásicos, tomar temas que la gente tiene referenciados y tomarlos y hacer mi versión y mostrarlos también. Aquí lo hice, por ejemplo, con Lágrimas, que es una canción súper conocida por versiones internacionales. Hice una versión en pasillo, digamos es un pasillo, pero una versión propia, tratando de cantarla desde otro lugar absolutamente distinto. Y el otro tema que es así clásico y que hicimos una reinterpretación es El cántaro, de José Alejandro Morales. Él es compositor de Pueblito viejo, que es uno de los temas más conocidos de nuestra música andina colombiana. Lo que me gusta es que muchas veces que hago esto, gente joven que está buscando repertorio piensa que son canciones nuevas, que son canciones recién compuestas. Porque claro, de alguna manera, pues esa es la misión de los intérpretes, yo por lo menos lo pienso así. Ellos lo reciben y lo entienden”.
¿Qué está pasando con estos géneros tan tradicionales ahora?
“Muchísimos intérpretes que hacen músicas de lo que está sonando en este momento, quieren incluir los instrumentos o nos quieren invitar a hacer una colaboración. Por ejemplo, hace poco me invitaron a hacer una colaboración para algo de música electrónica. Luego hicieron mezclas en muchas partes del mundo con eso que hicimos acá y yo lo que hice fue algo muy de acá, muy sanjuanero, muy tradicional, por lo menos de raíz folclórica”.
¿Y en algún momento de su carrera se le ocurrió ir por ese lado o nunca?
“No, la verdad es que yo elegí de una vez la corriente alterna. Tuve una oportunidad siendo muy niña, pero yo ahí me di cuenta de que yo no quería. Yo lo que quería era hacer y ser música. Para mí es muy importante. Claro que maravilloso si alguna canción, por ejemplo, ha tenido primeros lugares en la Radio Nacional de Colombia varias semanas y eso se siente muy chévere. Eso me pasó con un torbellino —uno de los ritmos más tradicionales— y ahora con un bambuco, con Mestizo como todos, y es algo que se siente muy bien. Pero yo lo siento como un resultado y me alegra muchísimo. Si eso ocurre, que haciendo yo lo que decido hacer en el estudio y desde mi sentir, luego resulta que conecta con más gente y funciona, pues me parece maravilloso. Pero no, nunca he querido abordarlo de la otra manera, que es averiguar qué es lo que la gente quiere y entonces hacerlo. Esa es otra manera de hacer la música”.