Cultura

Paola dibuja muchas Powerpaolas

La cotidianidad está en sus historietas. Es la vida que se cuenta, que es ficción también, a través de trazos.

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Es periodista porque le gusta la cultura y escribir. A veces intenta con la ficción, y con los poemas, y es Camila Avril. Editora de la revista Generación. Estudió Hermenéutica Literaria.

10 de mayo de 2015

Powerpaola puede ser, a veces, Paola Gaviria, pero menos que más. Ella, que es dibujante y nómada –dice el Twitter–, se dibuja como se le ocurra. Puede ser tantas Powerpaolas como le alcancen los trazos, y su vida, o su imaginación. No hay frontera, no definida.

Los temas de su historietas empiezan en su cotidianidad. ¿Cómo equilibrar ficción y realidad?

“Uno siempre está ficcionalizando de alguna manera, porque cada persona se narra a su manera y es muy difícil determinar cómo es uno realmente. Uno es un montón de cosas y está cambiando constantemente, así que cuando yo me dibujo, dibujo a una Paola de hace muchisímo tiempo, entonces siento que es otra persona. Lo voy narrando desde mi recuerdo que es también una ficción porque tal vez estaban pasando otras cosas, pero yo las recuerdo de cierta manera. Siempre pienso en función de la historia y de cómo esa historia puede ser interesante contando ciertas cosas. Mi base es mi vida, pero a la final estoy mirando la manera de cómo narrar, que la otra persona la comprenda y que se sienta identificado”.

¿Puede ser entonces la Paola que se le ocurra?

“Exacto. De hecho siempre he pensado en hacer algún proyecto en el que la gente me mande sus historias y yo, si les da vergüenza dibujarlas o contarlas, me apropie de ellas y las cuente como si me hubieran pasado”.

¿Eso implica que ya sea tan raro su nombre, y que sea más Powerpaola?

“Sí. Ese nombre me vino por pura casualidad y me pareció interesante en el momento en que me llegó. Pensé que quería inventarme una Paola que fuera más valiente, así que me pareció buenísimo ponérmelo. También dividir un poco la Paola que soy realmente, con la Paola que trabaja y que dibuja y que es la que dibujo para mis historias”.

¿Cuál fue el poder de ese nombre?

“Yo siempre pensé que todas las mujeres de esta cultura de alguna manera fuimos criadas un poco pensando que la felicidad está en encontrar un hombre y en tener hijos, una familia, se nos limitan un poco las expectativas de vida, y la felicidad está siempre en otras cosas que no tienen nada que ver con uno. Sí, eso está buenísimo si pasa, pero siempre pensé y siempre quise y todavía lo anhelo, que no dependa de nadie ni de un hombre ni de un trabajo ni de una estabilidad que realmente también es una ficción. Entonces en función de eso empecé a tratar de fingir ser esa persona y dedicarme completamente a lo que me gusta, a tratar de buscar la felicidad en otros lugares. Yo creo que en el dibujo un poco encontré ese espacio”.

El dibujo es muy importante, pero tiene una conexión inseparable con lo escrito...

“Aprender un poco de la vida, agarrarla y poderla materializar de alguna manera es muy emocionante. Cuando uno vive la vida de forma común y corriente no se fija a veces en los detalles y todo lo que está pensando en el presente, y cuando yo la dibujo siento que la agarro un poco y disfruto hasta las cosas malas que me han pasado porque me parece que son necesarias a la historia. Me da alegría que me pasen cosas, y empiezo a mirar cada una en detalle y ahí es donde encuentro el interés por contar una historia. El dibujo y la escritura van de la mano, uno no sabe en qué momento empieza a dibujar y se vuelve texto, o al revés. Van de la mano y a veces no es un trabajo ya muy consciente, lo voy haciendo y no lo pienso tanto”.

Y ese ser nómada, haber vivido aquí, en Australia, ahora en Buenos Aires, ¿eso le ha permitido ser como es?

“Yo creo que los lugares, las vivencias, la gente misma, como que uno está hecho de una masa de un montón de cosas, las que lee, la música que escucha, los errores que comete. Todos necesitamos un poco de esa curiosidad, porque estamos recibiendo todo el tiempo un montón de información, somos como unas antenitas recibiendo miles de cosas al mismo tiempo, y después uno como que se fija realmente qué es lo que le sirve a la hora de volver todas esas cosas que le pasan algo material. No puedo decir que los países no me han servido. Lo han hecho también para mirar de dónde soy. Verlo desde lejos ayuda a entender de dónde se viene, quién es uno”.

Habla de que mantenerse vigente es no parar. ¿Eso es parte de buscar ideas, historias?

“Sí y también es esa búsqueda de no repetirse. Puede ser muy agotador estar hablando de uno, pero en la medida en que uno se da cuenta que no es solo de uno sino de un montón de cosas, porque uno está hablando del contexto social de dónde vive, de las personas que lo rodean, de los temas que están sucediendo en este momento. Todo eso a mí me emociona. Cuando escucho una nueva canción digo ‘eso está buenísimo para hacer una historieta’ y empiezo a atar cabos que luego los conecto con mi vida, porque es el material de dónde yo trabajo. Así como hay gente que pinta frutas o paisajes, yo dije un día, voy a hacer lo mismo, pero inspirado en las vivencias y en la cotidianidad”.

¿Hasta dónde contar?

“Uno sintetiza mucho y ficcionaliza mucho y hay personas que si les molesta que su nombre salga, yo se los cambio. Hay cosas que sí me avergüenza contar, pero al mismo tiempo me parece que funcionan, pero hay otras que no quiero contar definitivamente. Uno va decidiendo en el camino y también me gusta quitarle la malicia a las cosas que supuestamente no se pueden contar y verlas tal cual. A la final todo el mundo se siente identificado porque a todo el mundo le pasan, entonces no hay nada nuevo en eso”.

¿La identificación es fundamental?

“Hay una cosa que a mí como lectora me atrae muchísimo de ciertas novelas o historietas y es que al leerlas yo siento que pudo haber pasado, es algo que me dice que no se lo inventaron, que están agarrando un poco de esa realidad para mostrar algo muy particular, muy singular, y uno dice, esto le pasó a alguien de verdad. En esa medida uno se siente identificado con las situaciones, y al mismo tiempo te sorprendes de cómo cada persona toma ciertas decisiones con las mismas situaciones que le pasan a todos. Uno es bueno, malo, miente, dice la verdad, todo, uno tiene que pasar por todos los sentimientos, porque son la vida misma”.

Dibujaba desde pequeña...

“Yo siempre dibujé. Las cosas que yo hacía en dibujo antes también tenían que ver con la cotidianidad y con la narración y con mi vida, pero no hacía historieta. Era mucho más conceptual, de alguna manera, y cuando vi la historieta me parecía que era el mejor formato para hacer las cosas que quería y cómo las quería contar. Me parecía que les llegaba al público de una, que no era tan complicado, que no necesitaba tener rollos de lienzos gigantes ni óleos ni un espacio grande sino que lo podía hacer en cualquier lugar. Me pareció que tenía que ver conmigo, que era mucho más coherente con la vida que tenía hacer historieta que ser pintora”.

¿Qué tan importante ha sido internet para mostrar?

“Para mí ha sido lo más importante. Cuando pintaba dependía de una galería, de que ellos vendieran, siempre había intermediarios, no sabía quién compraba mis cuadros, y cuando empecé a tener el blog, como que yo hablaba con la gente, yo quería mostrar las cosas de cierta manera, yo tomaba las decisiones, y me pareció más real. Me ayudó a conectarme con un montón de gente. Internet ha cambiado muchísimo. En el momento en que yo empecé a montar cosas, la gente comentaba y eso me ayudaba a pensar en la historieta. Me conecté con un montón de historietistas de diferentes lugares del mundo, porque como que estábamos encerrados en nuestro cuarto dibujando e internet hizo que nos conociéramos”.

La ilustración y los cómics han existido desde siempre, pero parece que hay un repunte. ¿Lo cree?

“Son muchas cosas a la vez. Una es que la imagen nunca había estado tan presente como en esta época. La información va tan rápido, todo el tiempo estamos conectados, y la imagen es lo primero que te llega, después uno lee el texto, pero la imagen funciona a veces como la música, y me parece que es muy eficaz para mandar un mensaje. Al mismo tiempo pienso que los libros están cambiando un poco, yo no soy editora ni nada, pero mucha gente compra libros para descargarlos en su kindle, lo que sea, sin embargo hay unos que son dibujados que uno los quiere como objetos, que no es lo mismo todavía leerlos en una tableta.La gente que estaba dibujando antes, más escondida, está ahora más a la luz”.

¿La novela gráfica también tiene más espacio?

“Hay muchos editores que están interesados y también mucha gente interesada en escribir y dibujar. Antes tenías que tener un tipo de dibujo, un tipo de narración, y ahora hay muchos estilos de dibujo, muchos estilos de narración, muchas propuestas que no solo tienen que ver con la novela gráfica, sino con el periodismo, lo documental. La voz femenina está muy presente y durante mucho tiempo estuvo muy bajito el volumen para las mujeres, y ahora como que las estamos escuchando. Antes hablábamos de la voz femenina como si fuera una sola, y ahora uno se da cuenta que muchas mujeres están contando lo que les da la gana y todas tienen una personalidad completamente distinta. No necesariamente uno lo ve como la voz femenina, sino como una voz, en general”