Cultura

¿Quién bañó al Cacique a chorros de manguera?

El 11 de octubre denunciamos el abandono de la pieza. Esta semana la lavaron. ¿Quién es el responsable?

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Envigadeño dedicado a la escritura de periodismo narrativo y literatura. Libros de cuentos: Al filo de la realidad y El alma de las cosas. Periodismo: Contra el viento del olvido, en coautoría con William Ospina y Rubén López; Crónicas de humo, El Arca de Noé, y Vida y milagros. Novelas: Gema, la nieve y el batracio, El fiscal Rosado, y El fiscal Rosado y la extraña muerte del actor dramático. Fábulas: Las fábulas de Alí Pato. Premio de la Sociedad Interamericana de Prensa.

24 de octubre de 2015

Después de nuestra visita al Cacique Nutibara de hace dos semanas, cuando le vimos sucio, con basura hasta el cogote, este personaje recibió por lo menos dos visitas más. A partir de ellas obtuvo un cambio. No un cambio extremo, pero mejoró.

Es la escultura del maestro Pedro Nel Gómez, situada en la Plazuela que toma el nombre de este cacique, en pleno centro de la ciudad. Un torso. La mirada hacia lo alto. Tiene en uno de sus hombros un águila y en el otro una serpiente, que desciende por su espalda.

De las esculturas del maestro nacido en Anorí en 1899, es la única situada en el espacio público de Medellín. Ocupa el punto más alto de una fuente seca, sin surtidor ni bomba de impuso. Los habitantes de la calle usan el espejo de agua, ese platón grande de cuyo rebose se llena el estanque inferior, para guardar trastos, desechos que tal vez llevarán posteriormente a vender a la chatarrería.

El domingo 11 de octubre escribimos que cuando hicimos las averiguaciones, ninguna entidad manifestó tener responsabilidad sobre la pieza artística.

Sin embargo, el lunes pasado, algunos empleados de la casa museo Pedro Nel Gómez, acudieron a evaluarla, como anunció su director, Álvaro Morales, en esa nota mencionada. A pesar de que su responsabilidad sobre la obra es de carácter cívico.

“En el lugar estuvo el fundidor Armando Arango, el mismo que hace el mantenimiento a las esculturas de Botero. Hizo un diagnóstico y manifestó que el bronce está en buen estado, aunque requiere ‘un cariñito’, para mejorar su presentación”, dice Morales.

Ese cariñito consiste en aplicarle champú de carro y cera carnauva para protegerla del efecto de la lluvia ácida, que le da ese aspecto grisáceo, como si fuera de cemento. Y el director de esa institución, que brilla y da esplendor al nombre del autor de la pieza, asegura que de esa labor de protección sugerida por el fundidor, mejor dicho, del “cariñito”, se encargará la casa museo Pedro Nel Gómez en los próximos días.

Una segunda visita que recibió el Cacique Nutibara ese lunes glorioso fue de una barrendera de Empresas Varias: ¡se metió al estanque seco y lo barrió! Extrajo elementos diversos, como cinturones, cortezas de frutas, restos de excrementos... “En Empresas Varias nos encargamos de barrer vías y aceras”, explica un vocero de la entidad; “no de lavar”.

¿Quién lo bañó?

Entonces, ¿quién le hizo la tercera visita al Cacique Nutibara? ¿Quién lo bañó con chorros de manguera? Fue un operario vestido con camisa caqui, bluyín, botas de cuero y la nariz y la boca cubiertas con un protector blanco. Sí, claro: este es un uniforme tan común que pudo haber sido cualquiera.

No fue la Alcaldía tampoco, según indica María del Rosario Escobar, secretaria de Cultura Ciudadana. Y el titular de la Gerencia del Centro, Jorge Giraldo, dice: “nuestra entidad no adelanta acciones de mantenimiento. Recibe quejas y las traslada a la dependencia indicada”.

¿Fue acaso el Metro, que en 1996 se encargó de restaurar “la fuente del Cacique Nutibara, obra del maestro Pedro Nel Gómez (...) como parte de las obras de remodelación de esta Plazuela”, como se lee en una placa adherida a uno de los muros de la pileta?

¡Eureka! ¡Sí! Fue el Metro de Medellín la entidad que mandó bañar al cacique. De acuerdo con Iván Darío Upegui, jefe de Gestión Social de esta empresa de transporte, “el Metro procedió a realizar lavado y limpieza de la fuente y la escultura”.

Antes de la intervención que le hizo esta empresa en 1996, esa escultura no tenía fuente. Se la instalaron entonces. Sin embargo, esa fuente ha sido poco lo que ha funcionado en 19 años, debido a “las fugas de agua y el mal uso que le han dado los habitantes de la calle a este espacio”. Además, porque varias veces se han robado el motor del surtidor de agua y hasta las baldositas que adornan su estructura de cemento.

Por eso, Alejandro Vásquez, director del Comité de Aseo y Ornato convocará, “para un día cercano”, a las entidades a las que les tiene que interesar las obras de arte urbano, para una reunión: la Secretaría de Cultura, la Secretaría de Infraestructura, el Metro de Medellín, la casa museo Pedro Nel Gómez, para proponer soluciones definitivas para la preservación de esta escultura.

Ya se logra entender que la fuente es responsabilidad del Metro... en tanto que la escultura no se sabe a quién corresponde. Porque mientras Alejandro Vásquez dice que está en “el inventario de la Secretaría de Cultura Ciudadana”, María del Rosario Escobar, la titular de este despacho, afirma que no está en sus listados.