La viuda de Rogeliio Salmona explica por qué su obra es intocable
Tras la polémica por la demolición ilegal de escaleras originales en un apartamento diseñado por Salmona, la presidenta de la Fundación que lleva su nombre habla del valor real de su obra, el significado del ladrillo en sus proyectos y la candidatura a Patrimonio Mundial de la UNESCO.
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La oficina de la Fundación Rogelio Salmona ocupa todo el piso 20 del edificio de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, en el centro de Bogotá. Es el mismo espacio donde el maestro, fallecido en 2007, trabajó durante décadas y trazó los planos de varias de sus obras más emblemáticas.
Desde la ventana se ven las Torres del Parque con su famosa fachada de ladrillo expuesto, un conjunto residencial que él mismo diseñó frente a la plaza de toros a finales de la década de 1960 y que representa una de sus obras más emblemáticas. El color dialoga con la montaña detrás, el sol al atardecer e incluso su mesa blanca de dibujo, que hoy sigue en su lugar. Contra las paredes de madera se acumulan libros y fotografías de sus edificios. Todo en ese espacio habla del arquitecto colombiano más influyente y transformador del siglo XX.
Desde allí habla María Elvira Madriñán, arquitecta de la Universidad de los Andes, socia y viuda de Rogelio Salmona, y presidenta de la Fundación que lleva su nombre. “Con ese material escueto, noble, sencillo, económico, logra crear un valor en la arquitectura. Un valor que viene de lo que tenemos, de lo auténtico, de lo propio, de lo que da la tierra”, dice al preguntarle sobre el tipo de ladrillo que define su obra.
Días antes, un video en redes sociales mostraba la demolición de unas escaleras originales en un apartamento de Altos de Santana, otro de los edificios del maestro declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en la capital del país. La firma ejecutora justificó la intervención diciendo que la estructura era oscura, fría y obstaculizaba el paso de la luz. El Instituto Distrital de Patrimonio Cultural confirmó que la obra fue ilegal y abrió un proceso sancionatorio.
La Fundación recordó en un comunicado que un BIC no es un inmueble cualquiera y que cualquier intervención debe ser autorizada.
En entrevista con EL COLOMBIANO, Madriñán explica qué hace única a la obra de Salmona, por qué el ladrillo es mucho más que un material y qué significa que cuatro de sus edificios estén a un paso de ser declarados Patrimonio Mundial de la UNESCO.
La obra de Salmona se describe frecuentemente como democrática. ¿Qué significa eso en la práctica?
“Para Rogelio, la arquitectura pública y la privada tenían el mismo valor. Él decía que la arquitectura define cómo vivimos en una ciudad, que permite que nuestra vida dentro de esos espacios sea alegre o sea deprimente. En el 2006 hicimos una gran exposición de su obra en el Museo de Arte Moderno, y él dio una charla en la que se criticaba a sí mismo por no haber podido hacer más para las clases populares. Se fue con ese vacío de no haber logrado todo lo que quería. Eso pone en perspectiva que no es que la obra pública tenga más valor por ser pública, sino que toda su arquitectura busca lo que él llamaba satisfacer los anhelos y los deseos de una comunidad.
Lo que uno ve en toda su obra, así sea privada, así sea pública, es que hay algo que acoge al que llega. Hay una preparación al visitante, hay un ritual de recibo, hay un recorrido, hay una relación con el paisaje, y hay esa invitación de que la arquitectura debe ser para todos.
Las Torres del Parque, por ejemplo, son una obra privada, pero siendo privada abre sus espacios para la ciudad. Tiene esa postura política, democrática, de que todos tenemos derecho al disfrute de la ciudad.
El edificio de posgrados de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional es otro ejemplo. Uno entra por un corredor largo al lado de unos pinos que van marcando un ritmo, unas sombras, que permiten ver a través de ellos algo del paisaje. Llega y hay algo que cambia, un umbral que dice aquí pasa algo distinto. Cuando llegas al vestíbulo se te presentan una cantidad de caminos: el patio del agua, el claustro, la cubierta, una rampa que invita a recorrer el edificio de otras maneras. Y cuando llegas al último piso, de golpe la universidad se pierde y lo que se ve son los cerros. Los cerros son un patrimonio, y lo que él hacía era poner en valor ese patrimonio”.
¿Y el Fondo de Cultura Económica en la Candelaria?
“Allí por ejemplo él pudo perfectamente cerrar, poner el límite en el andén y hacer el patio hacia adentro. Pero quería que fuera un espacio público. ¿Por qué? Porque la Candelaria tiene muy pocos espacios abiertos.
Está la plaza frente a la Biblioteca Luis Ángel Arango, está el Chorro de Quevedo, y de resto todo es cerrado. Entonces, lo que él hace es dejar la zona de sesión en el patio circular, de tal manera que siempre va a ser un espacio de encuentro, un espacio ciudadano.
Y la Biblioteca Virgilio Barco es lo mismo: mucha gente va y nunca entra a leer un libro. ¿Por qué? Porque es la arquitectura la que atrae, esa capacidad de seducción que puede tener una espacialidad”.
Hablemos del ladrillo. ¿Por qué ese material y no otro?
“Rogelio se formó en París, al lado de Le Corbusier, el arquitecto que lideró los principios de la arquitectura del movimiento moderno. Esa arquitectura buscaba ser universal, que pudiera estar en cualquier lado sin importar las características del lugar. Él llega a Colombia y se da cuenta de la importancia de la geografía: estos cerros no pueden pasar inadvertidos y se pregunta cuál es el material que se produce en la región. Resulta que todos nuestros cerros y nuestra tierra son arcillosos, y que había ese material, que había un conocimiento. La gente sabía usarlo, los albañiles tenían la sabiduría.
Entonces, él aprende de los albañiles y quiere hacer una arquitectura que responda a las condiciones geográficas y a los materiales que se dan. Esta racionalidad con el uso de materiales se vuelve un punto de partida. Cuando hace las Torres del Parque le decían: no hay experiencia, no sabemos cómo se comporta el ladrillo en ese tipo de construcciones, ¿cómo va a subir un albañil a pegar ladrillos cuarenta pisos? Pero ya había desarrollado toda una técnica y un conocimiento sobre las propiedades del material.
Si mira las Torres o mira obras como la Biblioteca Virgilio Barco, ve que hay un trayecto largo de evolución del manejo del material. Personas que vienen de afuera y ven su obra identifican inmediatamente que es Salmona porque identifican ese lenguaje que creó. Con ese material escueto, noble, sencillo, económico, logra crear un valor en la arquitectura. Un valor que viene de lo que tenemos, de lo auténtico, de lo propio, de lo que da la tierra”.
La polémica reciente involucra un apartamento declarado Bien de Interés Cultural. ¿Qué protege exactamente esa declaratoria y hasta dónde llega?
“Una declaratoria reconoce en una obra valores y atributos que la sociedad considera significativos y que, por ello, decide proteger. Si esas obras no están protegidas, pasa lo que hemos visto: empiezan a dejar abandonada la casa, que se vaya cayendo, hasta que finalmente desaparece. Y la memoria de nuestra ciudad desaparece con ella.
Cuando una obra está declarada Bien de Interés Cultural, cualquier intervención que se haga tiene que ser autorizada. Hay que presentar una propuesta de qué es lo que se va a hacer, el Ministerio o el Instituto avala, y hay una supervisión para que eso se cumpla. Esa es la garantía de que nuestra memoria no desaparezca.
Y hay niveles dentro de esa declaratoria. Cuando es de conservación integral, no se puede llegar y decir: se me dañó el piso, le voy a poner un enchape de baldosín porque ya el ladrillo no lo consigo. Eso no se permite. Porque esa es la memoria de lo que significó esa obra en el momento en que se hizo. Transformar una obra para que continúe siendo habitada y responda a las necesidades contemporáneas no es incompatible con su conservación. Lo que pasa es que hay unos valores que justificaron esa protección y que no pueden desconocerse”.
Cuatro obras de Salmona están en proceso de candidatura ante la UNESCO como Patrimonio Mundial. ¿Qué significa esa distinción y cuáles son esas obras?
“Es la mayor distinción que se le puede dar a una obra. En Latinoamérica, de arquitectura moderna, están declaradas Brasilia, la Universidad Central de Venezuela, la UNAM, la casa estudio de Barragán en México, una iglesia de Eladio Dieste en Uruguay y obras de Niemeyer en Brasil. En cuanto a series, es decir, un conjunto de obras de un mismo arquitecto tratadas como una sola candidatura, en el mundo hay tres: Frank Lloyd Wright, Le Corbusier y, recién incluida, la de Alvar Aalto. Si logramos la inclusión de Salmona, sería la cuarta serie en el mundo. Eso es un reconocimiento de unas dimensiones impresionantes para el país.
Las cuatro obras son las Torres del Parque, el Archivo General de la Nación, el edificio de posgrados de Ciencias Humanas de la Nacional y la Biblioteca Virgilio Barco. Arrancamos con doce candidatas, llegamos a siete, y faltando cuatro meses para entregar el expediente, expertos que habían trabajado en los expedientes de Dieste y Barragán nos dijeron: entendemos las cuatro obras de Bogotá, porque hay un paisaje, un contexto geográfico, un material, unos atributos comunes. ¿Y qué pasa con la casa de huéspedes en el Caribe? Está en piedra, está en el mar, el contexto es totalmente distinto. Nos dijeron: sáquenla. Lo que genere ruido, no lo pongan.
El valor universal excepcional que justifica la candidatura es que Rogelio se formó en la arquitectura del movimiento moderno, trabajó con el mayor representante de esa arquitectura, llegó a Colombia y dejó atrás esos principios universales para volverlos particulares. Su arquitectura sigue siendo moderna, pero responde a un lugar, a un paisaje, a una ética, a unas tradiciones. Eso es lo que la hace pertenecer a este lugar y a ningún otro.
El expediente fue evaluado técnicamente y aprobado. Ahora está siendo analizado por expertos del ICOMOS, asesores de la UNESCO. Un experto brasilero viene el próximo mes a visitar las obras. Sabremos algo hasta esta época del próximo año”.
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¿Cree que las facultades de arquitectura en Colombia le dan a Salmona el lugar que merece?
“Yo creo que sí. Siempre hay interés por su obra, siempre en varios cursos ponen proyectos de análisis. Y no solo facultades de Colombia: vienen universidades de México con sus estudiantes, de Perú. Hay un interés en conocer más.
La labor de la fundación es divulgar esa obra y esos pensamientos para que cada vez llegue a más lugares. Y que ese legado, lo que él buscó para que la ciudad fuera más equitativa, más democrática, para que todos pudiéramos disfrutar libremente de sus espacios, solo a través de divulgar lograríamos que esas prácticas se vuelvan comunes en otras ciudades latinoamericanas”.
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Preguntas frecuentes:
- ¿Qué es un Bien de Interés Cultural y qué implica para los propietarios de un inmueble declarado como tal?
- Un Bien de Interés Cultural es una declaratoria que reconoce en una obra valores y atributos que la sociedad considera significativos y decide proteger. Según María Elvira Madriñán, presidenta de la Fundación Rogelio Salmona, cualquier intervención en un inmueble con esta categoría debe ser autorizada previamente por el Ministerio de Cultura o el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural. La protección no se limita a las fachadas o zonas comunes, sino que se extiende a los interiores, incluyendo espacialidades, circulaciones y materiales originales como el ladrillo.
- ¿Por qué es tan importante el ladrillo en la obra de Rogelio Salmona?
- El ladrillo no fue una elección estética sino una decisión ética y territorial. Salmona eligió ese material porque respondía a las condiciones geográficas de Colombia, a los recursos disponibles en la región y al conocimiento de los albañiles locales. Con él desarrolló un lenguaje propio que evolucionó durante décadas, desde las Torres del Parque hasta la Biblioteca Virgilio Barco, y que hoy es reconocible en cualquier parte del mundo como una firma inconfundible.
- ¿Cuáles son las obras de Salmona que están en proceso de ser declaradas Patrimonio Mundial de la UNESCO?
- Las cuatro obras candidatas son las Torres del Parque, el Archivo General de la Nación, el edificio de posgrados de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional y la Biblioteca Virgilio Barco, todas en Bogotá. Se presentan como una serie, es decir, como un conjunto de obras de un mismo arquitecto tratadas como una sola candidatura. De lograrse, sería la cuarta serie de arquitectura moderna reconocida por la UNESCO en el mundo, después de Frank Lloyd Wright, Le Corbusier y Alvar Aalto.