Cultura

Vivir de vender la obra de Fernando Botero

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05 de febrero de 2015

Felipe Grimberg pasó su infancia y juventud entre galerías y museos, lo que le impulsó a dejar su carrera en la industria textil y pasar al comercio del arte para convertirse en la persona que ha vendido más de 400 obras y mano derecha del maestro Fernando Botero. “Fue como una obsesión acercarme a él”, reconoce.

Grimberg publica ahora “Vendiendo a Botero”, un libro que presenta este jueves en Bogotá y en el que repasa su carrera de tres décadas a mitad de camino entre la devoción y el negocio en las que ha comerciado con las obras del artista colombiano.

Pero para conseguir llegar al círculo íntimo del pintor y escultor, el marchante, que se inició cuando tenía solo 19 años y Botero ya era un artista consagrado, tuvo que rodear las reticencias del maestro.

“Comencé a viajar a diferentes partes del mundo donde tenía muestras hasta que un día me dijo: ‘¿qué hace, qué quiere?’”, relató Grimberg.

Luego de una breve explicación, Botero rechazó el ofrecimiento de su admirador porque “la obra iría desde el estudio hasta el cliente”, algo que él no quería.

Grimberg, un trasunto de lo que Gertrude Stein fue para Picasso, ha comerciado con más de 400 piezas de Botero. “Si vamos a mirar lo que pasa con el mercado del arte en el mundo, Fernando no es caro”, según dijo, lo que le ha valido los elogios del artista colombiano.

Todo ello luego de superar las reservas del pintor y escultor que solo contaba en su círculo íntimo con galeristas que le ayudaban a impulsar su trabajo y a través de los cuales podía vender sus obras.

“Con Fernando la relación es de amistad o negocios, no hay una línea que puedas cruzar. Él es muy profesional en su trabajo y siempre ha hecho lo que siente que debe hacer”, comentó Grimberg sobre las razones del éxito del artista.

Pero la carrera del mercader de arte va mucho más allá del trabajo con su compatriota, ya que por sus manos han pasado desde artistas jóvenes a grandes iconos del arte como Picasso, Francis Bacon o Chagall, y piezas que ha vendido “por varios millones de dólares”.

“Aprendí muy temprano que en este negocio no me podía enamorar de lo que quería vender. Cuando venían a la casa en que trabajaba a ver el arte y me decían: ‘Oye y este cuadro, no está a la venta, ¿como que no?”. Entonces dije, yo seré solo un medio”, recordó.

Todo ello le permitió vivir cerca de los grandes maestros y convertir en trabajo su pasión, haciendo que el arte le llegue “lo observe, lo tenga, lo goce y luego pueda transmitir el mismo mensaje al comprador”.

“El marchante o el galerista no está detrás diciendo qué va a hacer, pero en un momento si (el artista) no va de su mano puede caerse”, concluyó.