Atlético Nacional se aferra a la memoria de sus días más alegres
En estos días de obligada nostalgia, el verde apela al sentimiento esencial de los hinchas para tomar nuevos aires.
Periodista. Cubro temas de medio ambiente.
Por juan felipe zuleta valencia
“Estoy viendo la grada como hipnotizado. Entonces, por primera vez lo entiendo: cada bandera que ondea diminuta cruzando el campo es una persona”.
Así concluye una de las historias que conforman Salvajes y sentimentales, del escritor español Javier Marías. Uno de los libros más bellos que se han escrito con el fútbol como inspiración.
La obra es, en esencia, un ejercicio que le muestra hasta al más incrédulo que pocas creaciones humanas movilizan tanto la memoria y sus vínculos con el presente como lo hace el fútbol.
En los últimos diez días, Nacional celebró el aniversario de ocho títulos. Una condensación de hechos que fueron posibles gracias a 278 futbolistas y una incontable cantidad de personas que desde el club, las tribunas y la cotidianidad dieron vida a inolvidables jornadas. Desde luego los títulos siempre contarán con el oportuno recuerdo colectivo. Pero lo que importan son esas personas e historias que subyacen tras esos triunfos.
De ese mar de anécdotas rescatamos un par. Un “milagro” buscado e impulsado por el amor y una bella casualidad unida por la sangre.
Luis Alfonso el Bendito Fajardo llevó siempre su fervor por el club verde que hasta en un momento de desespero buscó un milagro que llegó en con un hombre de manos sanadoras que le devolvió la ilusión de jugar cuando ya había agotado todos los recursos.
“Sí, alguien me habló de un señor que tenía facultades para ayudar a curar dolencias. Yo no podía ni caminar y de ahí salí caminando. Además, salí revitalizado en el alma porque hay personas que Dios escoge en la tierra con dones especiales para aliviar cuerpo y mente con la fe”, cuenta el Bendito.
El señor se llamaba Adolfo y fue de fama en el barrio Aranjuez mientras vivió, pues con sus manos alivió males físicos de muchas personas y a cambio pedía una oración, jamás dinero, pues, aseguraba, perdía el don que Dios le dio.
Lo cierto es que aquel partido ante América de 1991, el Bendito le dio un último empujón al “milagrito” asumiendo el sacrificio de infiltrarse minutos antes de ingresar al campo y marcar un gol que quedó inmortalizado en el Atanasio Girardot y le entregó la quinta estrella a Nacional el 15 de diciembre de ese año.
La segunda anécdota la tiene Eduardo Emilio Vilarete, quien el 19 de diciembre de 1976 marcó el gol definitivo para que Nacional gritara campeón por tercera vez.
Un 19 de diciembre, pero 23 años después, la vida le dio la oportunidad de ver a su hijo alzar la séptima estrella con el elenco antioqueño, también marcando un gol.
“No creo que haya un padre y un hijo, al menos en Colombia, que puedan contar esa coincidencia tan bonita. Cuando yo gané mi primer título en el 76, Carlos estaba en la barriga de la mamá. En 1999, en el día en que marcó uno de los penaltis para que Nacional se consagrara, pasábamos por alguna dificultad en nuestro entorno y fue un alivio grande esa alegría. Por cosas así, es que uno le tomó un cariño especial al club, porque sabemos en carne propia que un equipo tan grande puede proveerle bienestar a mucha gente cuando le va bien”, cuenta Eduardo Emilio.
Volviendo a esa final del 91, hay un fragmento de entrevista a Alexis García que se puede encontrar en Youtube y en la que rememora ese particular marco de esa tarde en la que miles de banderas ondearon cuando el equipo saltó al campo y que era característico de esas épocas en el Atanasio.
El hoy técnico de Pasto cuenta, entre risas, que era tal el fervor de cada hincha por sumar y ratificar su presencia entre esa marea humana que, incluso, el que no tenía bandera verde y blanca recurría a otras que inundaron la ciudad en 1986 en la visita del papa Juan Pablo II y que eran blancas con cierta tonalidad entre verde y amarillo.
Resalta Alexis la alegría de aquellos momentos en el estadio aún a pesar de los días violentos que atravesaba la ciudad en la época.
El viernes pasado Atlético Nacional lanzó su plan de abonos en medio de la turbulencia de la peor crisis en varias décadas. Lo hizo con un emotivo video en el que compila en un minuto y 24 segundos el fervor y la gloria que han ayudado a construir jugadores e hinchas a través de los años.
De ahí la entusiasta vinculación de los hinchas que, según el primer reporte del club, sumó 1.700 abonos apenas en su primer día de venta. Es una muestra de que los días opacos también pueden despertar esa consciencia de que cada persona suma, como señala el narrador de la frase con la que comienza este texto. Una necesidad de construir entre todos mejores días n