Nacional jugó un partido cada 4 días y 7 horas
Editor del área Deportes con más de 30 años de experiencia en el cubrimiento de fútbol y todas las disciplinas olímpicas. Comunicador social-periodista egresado de la Universidad de Antioquia. Premios colectivos con EL COLOMBIANO Simón Bolívar (Deportes) y Rey de España (Conflicto urbano).
Se conocieron en la cancha, luego afianzaron su amistad en las aulas y hace rato triunfan juntos.
El preparador físico Carlos Eduardo Velasco tuvo el primer contacto con el técnico Reinaldo Rueda en 1988 cuando este lo dirigió en el seleccionado sub-23 del Valle. Un año más tarde se volvieron a encontrar en la cátedra de fútbol que Rueda dictaba en la universidad, y él era alumno.
Trabajaron en los seleccionados nacionales de Colombia, Honduras y Ecuador, y siguen unidos en Atlético Nacional. “Es una relación de compadrazgo, hermandad, respeto, de altos y bajos, pero siempre con la virtud de saber escuchar y acatar las instrucciones. Eso es lo más ponderable, el colegaje y la amistad”, dice Velasco, papá de los trillizos Simón, Santiago y Mariana, y esposo de la opita Lina María, otro de los artífices del título verde en la Libertadores.
Velasco, estudioso y dedicado, señala que recibe este momento con la tranquilidad y paz interior que implica haber cumplido con el objetivo que priorizó “el míster” desde la llegada al club. Añade que lo que viven hoy es fruto de una labor de equipo, en la que resalta el liderazgo de Rueda y la convicción de los colaboradores.
Este vallecaucano reconoce que el primer semestre ha sido una de las temporada más intensas que ha tenido en su profesión, pues Nacional jugó partidos cada cuatro días y siete minutos. “La competencia, los viajes, las concentraciones, los cambios constantes de altitud y temperaturas, por fortuna, fueron superados con éxito gracias a la planificación, tratando de disfrutar cada momento”.
En relación con el secreto para mantener el grupo en alto nivel, admite que se debe a la labor de todo el cuerpo técnico, incluyendo asistentes, que permitieron que cada uno de los jugadores tuvieran las cargas de trabajo ideales para responder cuando el entrenador los requiriera.
“Tuvimos atletas bien preparados en todas las fases, gracias la planificación macro del técnico, la junta directiva y la comisión técnica”. Cuando se le pregunta qué viene ahora, asegura que ellos no tienen techo y que seguirán aferrados a la vocación, mística y seriedad que los distingue.