Jonathan se libera cada vez que anda en bicicleta
El corredor de 15 años, que hizo parte del Clásico EL COLOMBIANO, trabaja en un taller de ciclas y se las arregla para seguir en el deporte.
Comunicador social y periodista de la UPB. Disfruto de un libro de Saramago, un regate de Iniesta y un drive de Federer.
Cuando no está montado sobre una bicicleta, Jonathan Ibarra Gallego acude al taller de un amigo para ayudarle a reparar las ciclas, algo que le sirve para afrontar las dificultades en las diferentes competencias.
Tiene 15 años y una mirada que demuestra determinación. Hace siete, en su casa en Copacabana, recibió un regalo de sus padres que le marcaría su destino: una bicicleta de montaña.
“Me gustó más porque la primera vez que competí en un Departamental me lo gané”, relata. Dejó los terrenos complejos de los montes para cambiar por la ruta, producto de que su padre, quien maneja el bus de la vereda El Cabuyal (Copacabana), le insistió en que probara. “Empecé hace un año con la Junta Municipal de Deportes de Copacabana (Jundeportes), entreno martes, miércoles y jueves con ellos, y fines de semana hago fondo”.
Cuando no tiene los deberes escolares, sale en el carro de su papá, colaborándole con la recolección de la plata, lavándolo o “metiéndole llave” cuando está en el taller.
El fin de semana se le midió a su primer certamen como rutero: el Clásico EL COLOMBIANO-Movistar-Inder, el cual terminó ayer entre los municipios de Caldas y Barbosa, de 66 kilómetros bajo el aporreador sol. Y en esta carrera, la que disputó por la fama y el atractivo de los recorridos, sintió que el ciclismo, por el que trabaja, vive, siente y se prepara, le produjo esa libertad que él tanto disfruta. Ocupó la casilla 13.