Ciclismo

Hace 50 años, el Ñato conquistó a Colombia

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Comunicador Social-Periodista, apasionado de las historias, amante de los deportes. Trabajé en el periódico El Mundo y actualmente hago parte de EL COLOMBIANO.

05 de abril de 2015

Si sus pedalazos impresionaban a la hora de escalar una montaña, los detalles para recordar las hazañas que logró sorprenden aún más.

Cuenta con 71 años de edad y no tiene escrito, en papel alguno, los triunfos que lo llevaron a la gloria, porque la mente es su mejor disco duro.

Se llama Javier, pero su apodo, Ñato, le hace venia a su segundo nombre: Amado.

Aclamado en el pasado, identificado y reconocido en el presente, Javier Ñato Suárez es una leyenda viviente del ciclismo colombiano.

Fue uno de los hombres que se encargó de abrir camino montado en una bicicleta y que se ganó el respeto y la admiración de rivales y seguidores gracias a sus dotes como escarabajo.

“Es que él no fue Ñato, sino un nato escalador. Para mí el mejor de su época en Colombia”, expresa, mientras ríe, su gran amigo Martín Emilio Cochise Rodríguez, y con quien libró vibrantes duelos de rivales en la carretera en la década del 60.

Hoy, Suárez anda dichoso porque acaba de cumplir sus bodas de oro, pero no precisamente con su esposa Laura Vallejo, sino con una compañera inseparable que, como asegura, le da paz, salud y alegría: la bicicleta.

Ayer, hace 50 años, el excorredor que nació en el municipio antioqueño de Donmatías alzó sus manos en señal de triunfo en Bogotá luego de una épica etapa final en la que logró consagrarse campeón de la Vuelta a Colombia. Fue un título que lo llevó a la fama y que le permite todavía sonreír. Y asegura que lo deja dormir tranquilo, porque fue una conquista con la que hizo historia y que asumió con humildad.

“Ese 4 de abril de 1965 ha sido el día más feliz de mi vida”, suspira Suárez, recordando su momento de heroísmo.

El júbilo de Javier

Ese día se disputó la etapa 17 que marcaba el final de la ronda colombiana. Luego de salir el 17 de marzo de 1965 de San Cristóbal, Venezuela, y de recorrer gran terreno destapado por la geografía nacional, el Ñato llegó a la última fracción desgastado físicamente, pero con un poder mental necesario para descontarle a Cochise Rodríguez los 4 minutos que le llevaba de diferencia en la general.

“Martín vestía la camiseta de líder, pero en la última etapa de 200 kilómetros, entre Dorada y Bogotá, gané y le cogí seis minutos. Cochise fue subcampeón, a 1.49. Recuerdo ese momento como si fuera hoy”, rememora Suárez, quien en aquella edición se impuso en cinco fracciones, haciendo que la afición del pedalismo colombiano se dividiera en euforia y admiración entre cochisistas y suaristas.

“Ganar la Vuelta fue como un sueño, porque fue una época muy dura, en la que había grandes rivales, como Cochise, Pajarito (Roberto) Buitrago, Rubén Darío Gómez, Pablo Hernández, Álvaro Pachón, Miguel Samacá, Carlos Montoya, Pedro J. Sánchez, un sinnúmero de figuras que permitieron que nuestro ciclismo empezara a ganar prestigio y respeto”.

Ese triunfo fue la consolidación de Suárez, quien dos meses antes se había proclamado campeón de su primer Clásico RCN. “Fue la doble a Ciudad Bolívar, por carretera destapada, pasando por Amagá, Fredonia, Venecia, Cerro Tusa, Bolombolo, un camino de herradura. Le gané en el embalaje a Cochise, y al otro día, de regreso a Medellín, fui segundo detrás de Carlos Montoya, a quien superé por 15 segundos en la general. Esa conquista fue el 14 de febrero”.

Sigue rodando

“A la edad que tengo una de las mayores alegrías es poder subirme a la bicicleta. Eso sí, sin competir, porque lo que me interesa es rodar”, manifiesta el expedalista, quien agrega que una de las claves para mantenerse lúcido y lleno de vigor obedece, no solo a la práctica deportiva, sino también a llevar una vida sana, “sin trasnochar, sin beber, y mucho menos sin parrandas”, agrega el corredor, quien, además, siente orgullo al ver el cariño que aún despierta entre la gente.

“Se dejó una huella que aún no se borra. Eso se debe al sacrificio, al esfuerzo y al ímpetu que mostramos para convertirnos en figuras nacionales”, expresa este hombre con voz pausada pero segura, esa misma que demuestra cada vez que sale del hogar a divertirse con esa otra compañera que considera su vida: la cicla.