Pantano es el “alma de la fiesta”
El pedalista vallecaucano se caracteriza por su personalidad alegre y su calidad para cumplir metas.
Comunicador social y periodista de la UPB. Disfruto de un libro de Saramago, un regate de Iniesta y un drive de Federer.
Cuando Luisa Ríos, gerente del equipo Manzana Postobón, escuchaba salsa a un buen volumen en las concentraciones del antiguo Colombia es Pasión sabía inmediatamente quién era el responsable del ruido.
Jarlinson Pantano, que llegó hace nueve años al equipo y se hizo amigo de todos: del utilero, masajista, médico y conductor del carro. Y a todos los contagió con su alegría, su personalidad extrovertida y su mentalidad soñadora, como lo cuenta Ríos.
“Me acuerdo que una vez, por medio de un contacto en la UCI, lo mandamos para un campamento. Me llamaba suplicando que lo devolviera porque no lo dejaban poner música y eran muy estrictos”, revela la gerente del desaparecido elenco nacional en el que figuraron también Nairo Quintana, Fabio Duarte y Esteban Chaves, entre otros.
El técnico que lo recibió fue Luis F. Saldarriaga, quien siempre reconoció inteligencia en él: “ha sido un corredor con muy buena percepción de espacio, que dimensiona bien la distancia sobre sus rivales y saca provecho de estas”.
Ese mismo hombre que los extranjeros buscaban en las concentraciones por ser el alma de la fiesta, encaraba con seriedad sus pasos en busca de la élite, como cuando quedó campeón de la montaña en el Tour de L’Avenir en 2010.
En 2015, tras un paso por el Coldeportes-Colombia, dio el salto a un equipo europeo: el IAM de Suiza. Y hoy, a sus 27 años se muestra más maduro, pero con la misma personalidad. “Se nota que sostiene la misma alegría y los sueños claros que siempre ha tenido”, comenta Ríos.
El profe Saldarriaga revela que Jarlinson se ha especializado en pruebas cortas. “Si vos lo apuntás para competencias como la Vuelta a Cataluña, al País Vasco o Flecha Ballona, puede darte una alegría”.
Con todo esto el corredor que llegó en la novena etapa con una sombrilla para cubrirse de la lluvia, derramó las lágrimas de mayor felicidad de su vida. “He trabajado mucho, toda mi vida he querido un triunfo de estos”.
A este pedalista, que marcha 67 en la general del Tour, lo espera su esposa en Cali con un sancocho, muestra de que, como dicen quienes lo conocen, nunca ha perdido su sencillez.