Diego Arias continuará como técnico de Nacional, y estos son los desafíos que lo pondrán a prueba
El técnico seguirá al frente del Verde y arranca el año con una exigencia clara: convertir la confianza en títulos, identidad y ambición continental.
Comunicador Social-Periodista bilingüe (inglés y español). He trabajado en Radio Bolivariana, RCN y Telemundo. Hago parte de EL COLOMBIANO. Recibí premios Ovations de la NBC. Lideré el sitio web hispano de NBCOlympics.com para los Olímpicos de Beijing 2008, edité y establecí el contenido de video original para la programación en web de la Selección Mexicana en Medios Digitales de Telemundo. Responsable de la gestión editorial de la portada de yahootelemundo.com. Enviado especial al Mundial de Rusia 2018, la Copa América en Chile 2015, los partidos de clasificación al Mundial de la Selección Colombia, la Asamblea General de la ONU en 2009, y el rescate de los 33 mineros en Chile.
Diego Arias seguirá al frente de Atlético Nacional en el inicio de este 2026 y lo hará en medio de un escenario cargado de retos, expectativas y debates. Su continuidad no es un simple acto administrativo: es una apuesta deportiva e institucional que busca, de una vez por todas, darle estabilidad a un proyecto que en los últimos años ha navegado entre cambios constantes y resultados irregulares.
El primer gran desafío para Arias será consolidar una idea de juego clara y reconocible. El cierre de 2025 dejó sensaciones encontradas: hubo altibajos evidentes, pero también una mejora sustancial respecto a lo que el equipo mostraba bajo la dirección de Javier Gandolfi. Nacional terminó compitiendo mejor, con mayor orden táctico y una identidad más cercana a lo que históricamente ha exigido su hinchada. Ahora, el reto es sostener ese crecimiento y convertirlo en una constante, no en una excepción.
A la par de esa consolidación futbolística, Arias deberá insertar de la mejor manera a las caras nuevas del plantel, un proceso que siempre requiere tiempo, pero que en Nacional suele estar acompañado de una presión inmediata por resultados. El entrenador tendrá que encontrar el equilibrio entre el rendimiento colectivo y las individualidades, potenciando refuerzos y recuperando piezas que terminaron el año bajo cuestionamientos.
En ese último grupo aparece un nombre propio que simboliza uno de los grandes retos internos: Edwin Cardona. Su talento es indiscutible, pero su rendimiento y compromiso han estado en el ojo del huracán. Arias tendrá la misión de volver a conectar al volante con el equipo y con la gente, algo que solo se logra desde la confianza, la exigencia y la claridad de roles. Comprometer a estos jugadores será tan importante como sumar fichajes.
Desde la óptica de los objetivos, el panorama es ambicioso y no admite medias tintas. Ganar la Liga es el primer gran propósito, no solo por el peso histórico del título, sino porque representa el regreso directo a la Copa Libertadores de 2027, una deuda que incomoda a la institución y a su hinchada. A eso se suma la obligación de defender el título de la Copa BetPlay, trofeo con el que Nacional cerró el 2025 y que se convirtió en un impulso anímico clave para este nuevo comienzo.
Pero si hay un reto que despierta ilusión y hambre histórica, es el de ir por la Copa Sudamericana, el único torneo continental que aún no figura en las vitrinas del club. Ganarla no solo significaría completar el palmarés internacional, sino también reafirmar a Nacional como un protagonista continental, algo que ha perdido fuerza en la última década.
La continuidad de Arias, como era de esperarse, ha generado voces a favor y en contra. Hay quienes respaldan el proceso y quienes reclaman un técnico con mayor recorrido internacional. Sin embargo, desde la dirigencia el mensaje ha sido claro. Como lo expresó el presidente del club, Sebastián Arango Botero, una de las grandes deudas de su administración ha sido no lograr consolidar un cuerpo técnico estable: cuatro entrenadores han pasado por el cargo en poco tiempo. Por eso, hoy la apuesta es clara: darle respaldo a Arias y construir un proyecto con continuidad.
A quienes exigen un nombre más rimbombante en el banquillo, los hechos recientes también ofrecen argumentos. Atlético Nacional ha contado con entrenadores de amplio recorrido en los últimos diez años y, en términos generales, poco pasó con ellos. La experiencia, por sí sola, no ha sido garantía de éxito. En cambio, hoy el club parece priorizar la conexión con el grupo, el conocimiento del entorno y la capacidad de construir desde adentro.
Y ahí aparece la gran ventaja de Diego Arias: el plantel aprueba su gestión y los directivos le ratifican su respaldo. Esa combinación no es menor en un club donde la presión suele devorar procesos. Con ese apoyo, su compromiso y responsabilidad deben ser aún mayores. Nacional le ha dado confianza y ahora espera que esa confianza sea devuelta con buen juego, identidad y, sobre todo, títulos.
El título de la Copa BetPlay 2025 no solo fue un trofeo más; fue un punto de partida emocional, una señal de que el equipo puede competir y ganar en momentos clave. Con ese envión anímico, Diego Arias inicia el 2026 sabiendo que el margen de error es corto, pero también que pocas veces un técnico ha comenzado una temporada con tanto respaldo interno.
El desafío está planteado. La pelota empezará a rodar y, como siempre en Nacional, el veredicto final lo dictarán los resultados. Pero esta vez, la apuesta es clara: creer, sostener y construir. Ahora le corresponde a Diego Arias demostrar que está listo para liderar ese camino.
Diego Arias seguirá al frente de Atlético Nacional en el inicio de este 2026 y lo hará en medio de un escenario cargado de retos, expectativas y debates. Su continuidad no es un simple acto administrativo: es una apuesta deportiva e institucional que busca, de una vez por todas, darle estabilidad a un proyecto que en los últimos años ha navegado entre cambios constantes y resultados irregulares.
El primer gran desafío para Arias será consolidar una idea de juego clara y reconocible. El cierre de 2025 dejó sensaciones encontradas: hubo altibajos evidentes, pero también una mejora sustancial respecto a lo que el equipo mostraba bajo la dirección de Javier Gandolfi. Nacional terminó compitiendo mejor, con mayor orden táctico y una identidad más cercana a lo que históricamente ha exigido su hinchada. Ahora, el reto es sostener ese crecimiento y convertirlo en una constante, no en una excepción.
A la par de esa consolidación futbolística, Arias deberá insertar de la mejor manera a las caras nuevas del plantel, un proceso que siempre requiere tiempo, pero que en Nacional suele estar acompañado de una presión inmediata por resultados. El entrenador tendrá que encontrar el equilibrio entre el rendimiento colectivo y las individualidades, potenciando refuerzos y recuperando piezas que terminaron el año bajo cuestionamientos.
En ese último grupo aparece un nombre propio que simboliza uno de los grandes retos internos: Edwin Cardona. Su talento es indiscutible, pero su rendimiento y compromiso han estado en el ojo del huracán. Arias tendrá la misión de volver a conectar al volante con el equipo y con la gente, algo que solo se logra desde la confianza, la exigencia y la claridad de roles. Comprometer a estos jugadores será tan importante como sumar fichajes.
Desde la óptica de los objetivos, el panorama es ambicioso y no admite medias tintas. Ganar la Liga es el primer gran propósito, no solo por el peso histórico del título, sino porque representa el regreso directo a la Copa Libertadores de 2027, una deuda que incomoda a la institución y a su hinchada. A eso se suma la obligación de defender el título de la Copa BetPlay, trofeo con el que Nacional cerró el 2025 y que se convirtió en un impulso anímico clave para este nuevo comienzo.
Pero si hay un reto que despierta ilusión y hambre histórica, es el de ir por la Copa Sudamericana, el único torneo continental que aún no figura en las vitrinas del club. Ganarla no solo significaría completar el palmarés internacional, sino también reafirmar a Nacional como un protagonista continental, algo que ha perdido fuerza en la última década.
La continuidad de Arias, como era de esperarse, ha generado voces a favor y en contra. Hay quienes respaldan el proceso y quienes reclaman un técnico con mayor recorrido internacional. Sin embargo, desde la dirigencia el mensaje ha sido claro. Como lo expresó el presidente del club, Sebastián Arango Botero, una de las grandes deudas de su administración ha sido no lograr consolidar un cuerpo técnico estable: cuatro entrenadores han pasado por el cargo en poco tiempo. Por eso, hoy la apuesta es clara: darle respaldo a Arias y construir un proyecto con continuidad.
A quienes exigen un nombre más rimbombante en el banquillo, los hechos recientes también ofrecen argumentos. Atlético Nacional ha contado con entrenadores de amplio recorrido en los últimos diez años y, en términos generales, poco pasó con ellos. La experiencia, por sí sola, no ha sido garantía de éxito. En cambio, hoy el club parece priorizar la conexión con el grupo, el conocimiento del entorno y la capacidad de construir desde adentro.
Y ahí aparece la gran ventaja de Diego Arias: el plantel aprueba su gestión y los directivos le ratifican su respaldo. Esa combinación no es menor en un club donde la presión suele devorar procesos. Con ese apoyo, su compromiso y responsabilidad deben ser aún mayores. Nacional le ha dado confianza y ahora espera que esa confianza sea devuelta con buen juego, identidad y, sobre todo, títulos.
El título de la Copa BetPlay 2025 no solo fue un trofeo más; fue un punto de partida emocional, una señal de que el equipo puede competir y ganar en momentos clave. Con ese envión anímico, Diego Arias inicia el 2026 sabiendo que el margen de error es corto, pero también que pocas veces un técnico ha comenzado una temporada con tanto respaldo interno.
El desafío está planteado. La pelota empezará a rodar y, como siempre en Nacional, el veredicto final lo dictarán los resultados. Pero esta vez, la apuesta es clara: creer, sostener y construir. Ahora le corresponde a Diego Arias demostrar que está listo para liderar ese camino.