Fútbol

Del festejo al desempleo: el drama de tres futbolistas afectados por la reducción de cupos en los clubes colombianos

La reducción de planteles en el fútbol colombiano dejó a cerca de 220 jugadores sin trabajo y abrió una crisis laboral que golpea directamente a quienes sostienen el juego dentro de la cancha.

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Comunicador Social-Periodista bilingüe (inglés y español). He trabajado en Radio Bolivariana, RCN y Telemundo. Hago parte de EL COLOMBIANO. Recibí premios Ovations de la NBC. Lideré el sitio web hispano de NBCOlympics.com para los Olímpicos de Beijing 2008, edité y establecí el contenido de video original para la programación en web de la Selección Mexicana en Medios Digitales de Telemundo. Responsable de la gestión editorial de la portada de yahootelemundo.com. Enviado especial al Mundial de Rusia 2018, la Copa América en Chile 2015, los partidos de clasificación al Mundial de la Selección Colombia, la Asamblea General de la ONU en 2009, y el rescate de los 33 mineros en Chile.

19 de enero de 2026

El fútbol colombiano celebra ascensos, títulos y hazañas dentro de la cancha, pero fuera de ella atraviesa uno de sus momentos más sensibles y dolorosos. Mientras los estadios se llenan de emoción, decenas de futbolistas viven hoy la otra cara del espectáculo: la del desempleo, la incertidumbre y el miedo al futuro. El caso de Wílmar Cruz se convirtió en símbolo de esta realidad.

El delantero, de 32 años, anda en busca de club y con los cupos reducidos parece una labor titánica.

“Esa reducción nos dejó a muchos jugadores desempleados, buscando oportunidades para seguir sacando adelante a nuestras familias”, dijo el jugador, dejando al descubierto una herida que no solo es personal, sino colectiva. Su salida no obedece a bajo rendimiento ni a una decisión técnica puntual, sino a una determinación estructural que sacude al fútbol profesional colombiano: la reducción de los planteles de 30 a 25 jugadores.

Cruz es uno de los 220 futbolistas que, según los cálculos del sindicato, quedaron sin trabajo tras la medida adoptada por la Dimayor. A sus 32 años, el futuro es un signo de interrogación. En el peor de los escenarios deberá colgar los guayos y reinventarse laboralmente. Una realidad cruda para quien hace apenas semanas era héroe.

La historia se repite en otros rincones del país. Jonathan Herrera, lateral izquierdo del Atlético Huila, también quedó atrapado en este limbo. Con 29 años, una edad que ya no se considera “promesa”, el jugador reconoce que el golpe es durísimo.

“Para los más jóvenes es más fácil, porque muchos no tienen obligaciones y pueden esperar un año y seguir entrenando, pero para jugadores que nos acercamos a los 30 esto es un golpe muy duro”, confiesa con resignación.

El venezolano Henry Plazas, de 33 años, vivió una situación similar tras su salida también del Cúcuta. Padre de familia, extranjero y sin demasiadas opciones en el mercado, resume el drama con una frase que desnuda la precariedad del futbolista promedio:

“No tenemos opciones, se nos cierran las puertas y debemos seguir trabajando para darle sustento a nuestras familias, lo que toque hacer, porque no me puedo quedar quieto”.

Y es ahí donde el relato se vuelve aún más incómodo. Estos jugadores, profesionales que durante años dedicaron su vida al deporte, contemplan ahora alternativas lejos del balón: trabajar en aplicaciones de transporte, ser meseros en restaurantes o intentar emprender con ahorros que, en un país como Colombia, difícilmente garantizan estabilidad.

Ante este panorama, ACOLFUTPRO, el sindicato de futbolistas profesionales, levantó la voz. La organización denunció que la decisión de la Dimayor va en contra de los derechos laborales y genera desempleo directo para cerca de 200 jugadores. La medida, anunciada a finales de diciembre, establece que a partir de la temporada 2026 los clubes solo podrán inscribir 25 futbolistas, tanto en primera como en segunda división.

El sindicato advierte que la situación es aún más grave si se tiene en cuenta el calendario saturado del fútbol colombiano. Menos jugadores implican mayor carga física, menor rotación, más riesgo de lesiones y una afectación directa al rendimiento y la salud de los futbolistas.

La crítica no solo vino desde el gremio. Carlos Bacca, referente del fútbol colombiano y actual jugador del Junior de Barranquilla, fue contundente en declaraciones recientes a distintos medios.

“Es difícil porque son muchas familias que van a quedar desamparadas, son muchos jugadores que van a quedar sin trabajo. Esa es la realidad”.

El delantero agregó que clubes con planteles amplios deberán dejar futbolistas sin inscripción, aunque sigan siendo responsables de pagarles sus contratos.

La contradicción se acentúa en los equipos que participan en torneos de la CONMEBOL, que hasta ahora podían inscribir hasta 35 jugadores y deberán reducir sus nóminas en 10 futbolistas.

Desde la Dimayor, su presidente Carlos Zuluaga defendió la decisión, calificándola de “muy sabia” y sustentada en datos. Según explicó, el análisis mostró que solo 23 jugadores por equipo disputan al menos 45 minutos durante el semestre, por lo que no sería necesario contar con planteles de 30.

Pero desde ACOLFUTPRO la respuesta fue tajante. Carlos González Puche, director ejecutivo del sindicato, desmintió esa premisa: los datos del gremio indican que el máximo de futbolistas utilizados por club asciende a 28 y que el promedio de jugadores que disputaron al menos un minuto es de 30,6 por equipo.

“La situación es muy grave para las familias de los jugadores y los propios futbolistas. Es una reducción muy drástica”, advirtió.

Más allá de lo deportivo, González Puche va más lejos y señala la decisión como una represalia. Según relató, durante la Asamblea de la Dimayor se llegó a mencionar que el impacto sería “220 sindicalizados menos”, una frase que, para el sindicato, evidencia el malestar de algunos directivos frente a la lucha por los derechos laborales.

El conflicto se da, además, en un contexto tenso. Tras meses de negociaciones, en enero de 2025 se lograron acuerdos parciales entre ACOLFUTPRO, la Federación Colombiana de Fútbol y la Dimayor, con mediación del Ministerio de Trabajo. Sin embargo, varios puntos quedaron pendientes. La amenaza de huelga en marzo y nuevas negociaciones llevaron a un acuerdo laboral en septiembre, cuya firma estaba prevista para el 6 de noviembre. Esa firma nunca llegó.

A mediados de diciembre, el ministro de Trabajo Antonio Sanguino instó públicamente a las instituciones a cumplir lo pactado, sin que hasta ahora se haya concretado.

“Ellos están tomando medidas con las cuales supuestamente están defendiendo el negocio para reducir costos”, denuncia González Puche.

Mientras los escritorios discuten cifras y reglamentos, en la calle el impacto ya es real. Wílmar Cruz hoy está sin saber si volverá a celebrar un gol. Su historia resume una paradoja dolorosa: en el fútbol colombiano, incluso los héroes pueden quedar fuera del juego.