Fútbol

¿Por qué Maturana firmó con el Real Madrid, pero no lo dirigió?

A comienzos de 1991, Francisco Maturana firmó contrato para dirigir al Real Madrid, planificó la temporada siguiente y viajó durante semanas a la capital española, pero nunca llegó a sentarse en el banquillo.

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24 de febrero de 2026

A comienzos de 1991, cuando su prestigio internacional estaba en la cima tras revolucionar el fútbol colombiano, Francisco Maturana estuvo a punto de convertirse en entrenador del club más poderoso del planeta: el Real Madrid. Hubo contrato firmado, planificación deportiva en marcha y viajes constantes a la capital española. Sin embargo, nunca se sentó en el banquillo del Estadio Santiago Bernabéu.

La historia, mezcla de intrigas institucionales, resultados inesperados y decisiones políticas, se convirtió en una de las anécdotas más fascinantes del fútbol colombiano.

Tras la destitución de John Benjamin Toshack, el presidente madridista Ramón Mendoza buscaba un técnico de prestigio para la siguiente temporada. Después de descartar a otros candidatos, el elegido fue Maturana.

En marzo de 1991 el acuerdo era completo. Según el propio entrenador, representantes del club viajaron hasta Valladolid, donde él dirigía al equipo local, con el contrato formal.

“Yo firmé ese contrato. Ellos me decían: ‘No sabes lo que has hecho, has tocado el techo del fútbol’. Y yo respondía: ‘He firmado un papel’”.

Aunque la leyenda habla que primero fueron a un restaurante y se dio una firma en una servilleta, Maturana aclara que ese fue un compromiso informal, pero luego se firmó el documento legal definitivo con abogados presentes.

Desde ese momento comenzó a planificar la temporada siguiente del Real Madrid y viajaba de Valladolid a Madrid tres veces por semana, generalmente de noche, para reuniones estratégicas.

En aquel momento, Maturana era considerado uno de los entrenadores más innovadores del mundo. Su prestigio era tal que recibió solicitudes de observación de gigantes europeos como el Milan italiano.

Nada menos que el empresario y dirigente Silvio Berlusconi pidió autorización para que un técnico del club estudiara sus métodos de entrenamiento. Ese observador era Fabio Capello, quien meses después se convertiría en entrenador del conjunto italiano.

Era la prueba de que el colombiano estaba en la élite absoluta.

Mientras Maturana preparaba su llegada, el Real Madrid vivía una temporada caótica. El tándem formado por Alfredo Di Stéfano y José Antonio Camacho no logró estabilizar al equipo, que incluso cayó en Europa ante el Spartak Moscú.

Con la Liga en peligro y elecciones presidenciales cercanas, Mendoza optó por una solución de emergencia: contratar hasta final de temporada a Radomir Antić, quien entonces dirigía en Zaragoza.

Maturana recuerda que el club le pidió autorización para el cambio, algo que él consideró innecesario.

“Ese equipo no era mío. Ellos tenían toda la libertad”.

Antić llegó como interino, pero los resultados fueron espectaculares. Tras dos derrotas iniciales, encadenó ocho victorias y un empate en las últimas nueve jornadas, asegurando la clasificación a la Copa de la UEFA.

Los jugadores querían su continuidad. Los directivos también veían más seguro mantener lo que funcionaba. Además, el técnico ya tenía un acuerdo con el Espanyol, lo que complicaba aún más la situación.

Finalmente, Mendoza fue reelegido y tomó la decisión pragmática: renovar a Antić por una temporada. Maturana quedó fuera.

Para no romper totalmente el vínculo, el Madrid propuso una solución extraña: que el colombiano fuera mánager deportivo y asumiera el equipo si Antić encadenaba malos resultados. Según el propio Maturana, la idea le parecía absurda.

“Yo no sé qué es eso de mánager. Yo hago lo que sé hacer”. También rechazó cobrar indemnización pese a existir cláusulas de rescisión del contrato.

“Yo cobro cuando esté sentado en el banco. Si no me senté, ¿qué voy a cobrar?”, rememoró Maturana en el videopodcat Línea de Gol de El Colombiano.

El entrenador colombiano nunca percibió dinero del Real Madrid. Fue una decisión ética personal.

Paradójicamente, aquello no rompió la relación con el club. Al contrario, Maturana afirma que siempre fue tratado con respeto y consideración cada vez que visita Madrid.

Más allá del fútbol, el episodio dejó enseñanzas personales profundas. En una fiesta a la que fue invitado por el propio presidente madridista —rodeado de aristócratas y celebridades— el embajador colombiano le dio un consejo que recuerda hasta hoy: nunca olvidar quién es ni de dónde viene. Para un hombre nacido en Quibdó y formado en Medellín, aquello fue un recordatorio de identidad y dignidad.

La historia de Francisco Maturana y el Real Madrid es una de las grandes “ucronías” del fútbol mundial: Hubo acuerdo total, contrato firmado, planificación deportiva y viajes constantes. Pero nunca hubo debut en el banquillo. Todo se desvaneció porque el remedio de emergencia funcionó mejor de lo esperado.

Otro elemento poco conocido es que, mientras el acuerdo seguía vigente, Maturana ya sostenía conversaciones futbolísticas con figuras del entorno madridista como Jorge Valdano, quien le advertía que la situación institucional era “muy complicada” y que había resistencias internas a su llegada.

El club vivía tensiones entre directivos, cuerpo técnico y vestuario, algo habitual en años electorales. En ese contexto, el colombiano entendió que más allá de lo deportivo existía una batalla política dentro de la entidad, donde su figura —externa al fútbol europeo y sin padrinos internos— podía quedar expuesta pese a tener un contrato firmado.

También pesó el hecho de que Maturana representaba una idea de juego distinta a la tradición madridista de la época: posesión paciente, prioridad táctica y construcción colectiva, un modelo que había impulsado con la selección colombiana y en sus clubes.

Su eventual llegada habría significado un cambio cultural profundo en el fútbol español de comienzos de los noventa, anticipando tendencias que solo se consolidarían años después. Para un club acostumbrado a soluciones inmediatas y presión mediática constante, apostar por un proyecto así requería estabilidad institucional, algo que el Real Madrid de aquel momento no tenía.

Con el paso del tiempo, el propio técnico ha interpretado aquel episodio como un reconocimiento simbólico a su carrera más que como una oportunidad perdida.

Para el muchacho nacido en Quibdó y criado en la Comuna 13 de Medellín, haber sido elegido por el club más laureado del mundo ya constituía, en sí mismo, una cima profesional. “Tocar el techo del fútbol”, como le dijeron aquel día en Valladolid, terminó siendo una experiencia real aunque no se tradujera en partidos dirigidos.

La historia quedó como una rareza única: un entrenador que firmó con el Real Madrid, planificó su futuro y nunca llegó a ocupar el banquillo.

Acomienzos de 1991, cuando su prestigio internacional estaba en la cima tras revolucionar el fútbol colombiano, Francisco Maturana estuvo a punto de convertirse en entrenador del club más poderoso del planeta: el Real Madrid. Hubo contrato firmado, planificación deportiva en marcha y viajes constantes a la capital española. Sin embargo, nunca se sentó en el banquillo del Estadio Santiago Bernabéu.

La historia, mezcla de intrigas institucionales, resultados inesperados y decisiones políticas, se convirtió en una de las anécdotas más fascinantes del fútbol colombiano.

Tras la destitución de John Benjamin Toshack, el presidente madridista Ramón Mendoza buscaba un técnico de prestigio para la siguiente temporada. Después de descartar a otros candidatos, el elegido fue Maturana.

En marzo de 1991 el acuerdo era completo. Según el propio entrenador, representantes del club viajaron hasta Valladolid, donde él dirigía al equipo local, con el contrato formal.

“Yo firmé ese contrato. Ellos me decían: ‘No sabes lo que has hecho, has tocado el techo del fútbol’. Y yo respondía: ‘He firmado un papel’”.

Aunque la leyenda habla que primero fueron a un restaurante y se dio una firma en una servilleta, Maturana aclara que ese fue un compromiso informal, pero luego se firmó el documento legal definitivo con abogados presentes.

Desde ese momento comenzó a planificar la temporada siguiente del Real Madrid y viajaba de Valladolid a Madrid tres veces por semana, generalmente de noche, para reuniones estratégicas.

En aquel momento, Maturana era considerado uno de los entrenadores más innovadores del mundo. Su prestigio era tal que recibió solicitudes de observación de gigantes europeos como el Milan italiano.

Nada menos que el empresario y dirigente Silvio Berlusconi pidió autorización para que un técnico del club estudiara sus métodos de entrenamiento. Ese observador era Fabio Capello, quien meses después se convertiría en entrenador del conjunto italiano.

Era la prueba de que el colombiano estaba en la élite absoluta.

Mientras Maturana preparaba su llegada, el Real Madrid vivía una temporada caótica. El tándem formado por Alfredo Di Stéfano y José Antonio Camacho no logró estabilizar al equipo, que incluso cayó en Europa ante el Spartak Moscú.

Con la Liga en peligro y elecciones presidenciales cercanas, Mendoza optó por una solución de emergencia: contratar hasta final de temporada a Radomir Antić, quien entonces dirigía en Zaragoza.

Maturana recuerda que el club le pidió autorización para el cambio, algo que él consideró innecesario.

“Ese equipo no era mío. Ellos tenían toda la libertad”.

Antić llegó como interino, pero los resultados fueron espectaculares. Tras dos derrotas iniciales, encadenó ocho victorias y un empate en las últimas nueve jornadas, asegurando la clasificación a la Copa de la UEFA.

Los jugadores querían su continuidad. Los directivos también veían más seguro mantener lo que funcionaba. Además, el técnico ya tenía un acuerdo con el Espanyol, lo que complicaba aún más la situación.

Finalmente, Mendoza fue reelegido y tomó la decisión pragmática: renovar a Antić por una temporada. Maturana quedó fuera.

Para no romper totalmente el vínculo, el Madrid propuso una solución extraña: que el colombiano fuera mánager deportivo y asumiera el equipo si Antić encadenaba malos resultados. Según el propio Maturana, la idea le parecía absurda.

“Yo no sé qué es eso de mánager. Yo hago lo que sé hacer”. También rechazó cobrar indemnización pese a existir cláusulas de rescisión del contrato.

“Yo cobro cuando esté sentado en el banco. Si no me senté, ¿qué voy a cobrar?”, rememoró Maturana en el videopodcat Línea de Gol de El Colombiano.

El entrenador colombiano nunca percibió dinero del Real Madrid. Fue una decisión ética personal.

Paradójicamente, aquello no rompió la relación con el club. Al contrario, Maturana afirma que siempre fue tratado con respeto y consideración cada vez que visita Madrid.

Más allá del fútbol, el episodio dejó enseñanzas personales profundas. En una fiesta a la que fue invitado por el propio presidente madridista —rodeado de aristócratas y celebridades— el embajador colombiano le dio un consejo que recuerda hasta hoy: nunca olvidar quién es ni de dónde viene. Para un hombre nacido en Quibdó y formado en Medellín, aquello fue un recordatorio de identidad y dignidad.

La historia de Francisco Maturana y el Real Madrid es una de las grandes “ucronías” del fútbol mundial: Hubo acuerdo total, contrato firmado, planificación deportiva y viajes constantes. Pero nunca hubo debut en el banquillo. Todo se desvaneció porque el remedio de emergencia funcionó mejor de lo esperado.

Otro elemento poco conocido es que, mientras el acuerdo seguía vigente, Maturana ya sostenía conversaciones futbolísticas con figuras del entorno madridista como Jorge Valdano, quien le advertía que la situación institucional era “muy complicada” y que había resistencias internas a su llegada.

El club vivía tensiones entre directivos, cuerpo técnico y vestuario, algo habitual en años electorales. En ese contexto, el colombiano entendió que más allá de lo deportivo existía una batalla política dentro de la entidad, donde su figura —externa al fútbol europeo y sin padrinos internos— podía quedar expuesta pese a tener un contrato firmado.

También pesó el hecho de que Maturana representaba una idea de juego distinta a la tradición madridista de la época: posesión paciente, prioridad táctica y construcción colectiva, un modelo que había impulsado con la selección colombiana y en sus clubes.

Su eventual llegada habría significado un cambio cultural profundo en el fútbol español de comienzos de los noventa, anticipando tendencias que solo se consolidarían años después. Para un club acostumbrado a soluciones inmediatas y presión mediática constante, apostar por un proyecto así requería estabilidad institucional, algo que el Real Madrid de aquel momento no tenía.

Con el paso del tiempo, el propio técnico ha interpretado aquel episodio como un reconocimiento simbólico a su carrera más que como una oportunidad perdida.

Para el muchacho nacido en Quibdó y criado en la Comuna 13 de Medellín, haber sido elegido por el club más laureado del mundo ya constituía, en sí mismo, una cima profesional. “Tocar el techo del fútbol”, como le dijeron aquel día en Valladolid, terminó siendo una experiencia real aunque no se tradujera en partidos dirigidos.

La historia quedó como una rareza única: un entrenador que firmó con el Real Madrid, planificó su futuro y nunca llegó a ocupar el banquillo.