Fútbol

“Mi sueño es ser parte del proceso formativo de Atlético Nacional”, dice Jairo “El Viejo” Patiño

Jairo “El Viejo” Patiño, a sus 48 años, continúa aferrado al fútbol. Podría llegar a Nacional como formador, club con el que fue dos veces campeón de Liga. Aquí, sus reflexiones.

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Editor del área Deportes con más de 30 años de experiencia en el cubrimiento de fútbol y todas las disciplinas olímpicas. Comunicador social-periodista egresado de la Universidad de Antioquia. Premios colectivos con EL COLOMBIANO Simón Bolívar (Deportes) y Rey de España (Conflicto urbano).

Periodista de la Universidad del Quindío. Cuyabra hasta los huesos y mamá de un milagro llamado Mariana, amante de la salsa y apasionada por el deporte.

hace 4 horas

Cuando Jairo Patiño Rosero envía los saludos que le piden los hinchas, a su nombre siempre le agrega el apodo de “El Viejo”, ese que lo hizo reconocido en el mundo del fútbol. A sus 48 años de edad, el exmediocampista caleño se conserva bien físicamente y continúa aferrado al balompié en calidad de entrenador (formador), luego de capacitarse y sumar experiencia. Inclusive, podría llegar a las divisiones menores de Atlético Nacional, club en el que fue bicampeón (2007 y 2011), aunque el tema apenas está en conversaciones.

Además del verde paisa, otros clubes del país disfrutaron de su juego, entre ellos el Deportivo Cali, con el que también levantó un trofeo de campeón (1998). Su calidad le alcanzó para jugar en Argentina con River Plate, Newell’s Old Boys y Banfield, y en México con San Luis.

La semana pasada estuvo en Medellín para la clausura del Torneo Goles de Vida, un certamen formativo de cuatro días que anualmente organiza los hermanos Patiño durante la semana de receso de octubre, al cual asisten varias escuelas de Cali y clubes de Medellín. Además, aprovechan la oportunidad para compartir en familia y acompañar a Milton, su hermano, preparador de arqueros de Nacional.

En su visita a EL COLOMBIANO, “El Viejo” Patiño evocó sus mejores momentos en el Verde y la Selección Colombia.

¿Cómo evalúa los cambios recientes en Atlético Nacional, con nuevo cuerpo técnico y el retorno de referentes, de cara al proyecto deportivo?

“Hablar de Nacional es hablar de proyectos, ambiciones y expectativas. La apuesta clara del club apunta a la Copa Libertadores 2027, con la renovación del plantel y la llegada de jugadores de jerarquía que generan ilusión en la hinchada. La propuesta de juego del cuerpo técnico encabezado por Lucas González es muy interesante. Aunque hay partidos exigentes porque los rivales también se preparan, el equipo está en construcción y dejará una base muy sólida para el reto internacional”.

¿Usted ya cuenta con trayectoria como director técnico en Colombia. Ha considerado vincularse a Atlético Nacional en el área formativa o profesional?

“Tras once años de haberme retirado como profesional, me he capacitado de forma constante para complementar la experiencia de cancha con la teoría. Dirigir a Llaneros, llegar a una final de la B con pocos recursos, y pasar por Bogotá FC, Cúcuta Deportivo y el trabajo formativo en la Escuela Sarmiento Lora han sido aprendizajes muy valiosos. En su momento tuve dos opciones para sumarme al staff de divisiones menores en Nacional, pero estaba comprometido con otros clubes. Hoy estoy en plena disposición; ya hemos sostenido reuniones muy positivas y mi sueño es ser parte del proceso formativo de la institución”.

Haber jugado en clubes con tanta exigencia como River Plate y Nacional le dio mucha cancha. ¿Cómo se transmite calma a un camerino en momentos de alta tensión?

“Todo pasa por la madurez y la disciplina, entendida no solo como el profesionalismo fuera de la cancha, sino como la capacidad de entender los momentos del juego y del torneo. Cuando hay rachas positivas o negativas, el entorno mediático y la presión influyen. Como líder o entrenador, uno debe transmitir tranquilidad a los jóvenes y alinearse con los futbolistas de experiencia para encarar momentos decisivos. Jugar en Nacional implica la responsabilidad de llevar un escudo con mucha historia; mi paso previo por un grande como River Plate me facilitó asumir esa exigencia cuando quedamos campeones en 2007, 2009 y 2011”.

Como entrenador, ¿cuál es su idea y filosofía de juego?

“Me gusta el juego de posesión y la búsqueda de dominar al rival partiendo desde el equilibrio. Los partidos se definen por momentos y hay que saber detectar cuándo atacar con volumen para sacar ventaja. Más allá de los conceptos tácticos como bascular, replegar o ampliar la cancha, el equipo con mayor determinación es el que se impone. Me gusta el fútbol vistoso y de buen trato a la pelota, pero con seriedad y respeto”.

De los técnicos que tuvo en su carrera, ¿quiénes le dejaron la mayor enseñanza?

“De todos se aprende. En Colombia destacaría a Óscar Héctor Quintabani y a Santiago ‘Sachi’ Escobar por su manejo humano y deportivo. En Argentina me marcó la lírica del ‘Bambino’ Veira y la estrategia del ‘Tolo’ Gallego. Curiosamente, quien más me transmitió rebeldía y sentido de pertenencia fue el Fernando ‘Pecoso’ Castro en el Deportivo Cali, a pesar de que no jugué mucho bajo su mando. Su exigencia diaria me enseñó a luchar por la titularidad. En River Plate, la serenidad de Leonardo Astrada también fue clave”.

Pasando a la Selección Colombia y su proceso de renovación, ¿cómo analiza el panorama del equipo y el recambio?

“El futbolista colombiano ha evolucionado de manera notable en el aspecto mental, físico y competitivo. Aunque la cultura futbolística de países como Argentina nos lleva ventaja, la Selección ha crecido mucho. En cuanto a la renovación, es un proceso necesario. Hay una base sólida con el profesor Néstor Lorenzo y jugadores que han aprovechado sus minutos. La victoria ante Perú demostró que el equipo supo imponer condiciones y hacer valer la superioridad”.

Respecto al vacío que deja la partida de referentes como James Rodríguez o Juan Fernando Quintero, ¿cómo se debe asumir esa transición en la mitad?

“Un jugador como James es irrepetible, así como en su momento lo fue el ‘Pibe’ Valderrama. El fútbol evoluciona hacia una dinámica más intensa e interactiva. Vienen futbolistas de gran perfil como Jorge Carrascal, Yeison Guzmán o Juan Manuel Rengifo, quienes en la medida en que sean titulares en sus clubes y aprovechen sus oportunidades en la Selección, se irán consolidando. La clave estará en la personalidad con la que asuman el liderazgo”.

De su etapa en las canchas, ¿cuáles son los recuerdos más significativos que conserva?

“Le debo todo al fútbol. En mi familia somos cinco hermanos y tres fuimos profesionales. Guardo con mucho cariño mi primer gol profesional de tiro libre con el Atlético Huila frente al Deportivo Pasto, mis tres goles con la Selección Colombia y los títulos conseguidos con Atlético Nacional. El cariño y respeto que recibo de la hinchada verdolaga cada vez que voy al estadio es lo más gratificante que me dejó esta carrera”.

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Un recuerdo que lo marcó para toda la vida

Durante la Copa Confederaciones de 2003 en Francia, Jairo Patiño vivió uno de los momentos más impactantes y dolorosos de la historia del fútbol mundial: la muerte en el campo del mediocampista camerunés Marc-Vivien Foé. El 26 de junio de 2003, en el estadio Gerland de Lyon, Colombia disputaba la semifinal ante Camerún.

Patiño se encontraba en la cancha cuando ocurrió el suceso: “Íbamos perdiendo 1-0 y la pelota estaba en una esquina. Vi que Foé venía caminando por el círculo central y empezó a desvanecerse. En una milésima de segundo pensé que estaba haciendo tiempo porque nadie lo había tocado, pero al acercarme le vi la cara y los ojos: se había desplomado de forma abrupta. De inmediato cambió la percepción y entramos en desesperación para que los médicos lo atendieran rápido”, recuerda Patiño.

El despliegue de emergencia en el estadio no pudo revertir la gravedad del cuadro médico. Patiño, a quien le correspondió el control antidopaje al finalizar el encuentro junto a integrantes del cuerpo médico camerunés, presenció el momento en que se confirmó la noticia: “El médico de Camerún salía e ingresaba al camerino de control. En una de esas entradas nos confirmó que no habían podido hacer nada. Fue un golpe fortísimo en el aspecto humano. Al salir, en el pasillo del estadio estaban todos los jugadores de Colombia sentados apoyando a los cameruneses. Había muchas camisetas con el número 17 en la tribuna; fue un episodio muy triste y doloroso que me marcó para siempre”.