Fútbol

Colombia tiene delanteros de sobra: ¿por qué Lorenzo quiere arriesgarse con Falcao? ¿Homenaje o error deportivo?

El posible regreso de Radamel Falcao García a la Selección Colombia divide opiniones: su jerarquía histórica pesa, pero su edad y las lesiones recientes abren dudas sobre si es la mejor apuesta para el Mundial.

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Comunicador Social-Periodista bilingüe (inglés y español). He trabajado en Radio Bolivariana, RCN y Telemundo. Hago parte de EL COLOMBIANO. Recibí premios Ovations de la NBC. Lideré el sitio web hispano de NBCOlympics.com para los Olímpicos de Beijing 2008, edité y establecí el contenido de video original para la programación en web de la Selección Mexicana en Medios Digitales de Telemundo. Responsable de la gestión editorial de la portada de yahootelemundo.com. Enviado especial al Mundial de Rusia 2018, la Copa América en Chile 2015, los partidos de clasificación al Mundial de la Selección Colombia, la Asamblea General de la ONU en 2009, y el rescate de los 33 mineros en Chile.

hace 23 minutos

La posibilidad de que Radamel Falcao García regrese a la Selección Colombia para el Mundial de 2026 genera ilusión en un sector de la afición, pero también abre un debate profundo sobre si su convocatoria sería realmente conveniente desde el punto de vista deportivo. A sus 40 años, el histórico goleador atraviesa una etapa marcada por lesiones recurrentes y falta de continuidad, factores que podrían convertir su inclusión en la lista de 26 jugadores en una apuesta de alto riesgo para el técnico Néstor Lorenzo.

El principal argumento en contra no tiene que ver con su legado —incuestionable— sino con su presente físico. En los últimos años, Falcao ha sufrido múltiples problemas musculares que han limitado su participación tanto a nivel de clubes como de selección. Incluso actualmente se encuentra en recuperación de una lesión en los isquiotibiales, lo que evidencia la dificultad para sostener cargas competitivas exigentes. En un torneo corto y de máxima intensidad como una Copa del Mundo, donde se pueden disputar hasta siete partidos en menos de un mes, la resistencia física y la capacidad de recuperación resultan determinantes.

Además, la posición de delantero centro exige explosividad, presión alta, duelos constantes con defensores y movimientos repetitivos dentro del área, aspectos que naturalmente se deterioran con la edad. Llevar a un jugador con alto riesgo de recaída implicaría ocupar un cupo valioso que podría necesitarse para futbolistas disponibles al cien por ciento. En plantillas limitadas a 26 convocados, cada lugar debe responder a una necesidad estratégica clara.

A esto se suma la competencia interna. Colombia atraviesa un momento particularmente fértil en materia de atacantes, varios de ellos en plenitud física y con continuidad en ligas competitivas. Luis Suárez vive posiblemente el mejor momento de su carrera, mientras que Jhon Córdoba se ha consolidado como uno de los hombres de confianza del cuerpo técnico por su potencia y capacidad de juego directo. Rafael Santos Borré, por su parte, aporta sacrificio táctico, presión y experiencia en competiciones internacionales, cualidades muy valoradas en el esquema de Lorenzo. También tendría que estar por delante Miguel Ángel Borja, hoy de gran presente en Emiratos Árabes.

El caso de Jhon Durán representa además el futuro inmediato de la posición: un delantero joven, fuerte y con proyección, cuyo principal desafío pasa más por la disciplina y la regularidad que por sus condiciones futbolísticas. Incluso dentro del fútbol colombiano existen alternativas con mejor ritmo competitivo actual, como Alfredo Morelos, goleador probado, o el veterano Hugo Rodallega, quien pese a su edad ha mostrado continuidad y eficacia en el torneo local.

Para el exseleccionador Jorge Luis Pinto, la decisión debe basarse exclusivamente en el rendimiento presente y no en la trayectoria. En análisis recientes ha insistido en que los Mundiales no son espacios para homenajes, sino para competir al máximo nivel. Desde esa perspectiva, convocar a un jugador con dudas físicas podría romper el principio meritocrático que suele sostener los procesos exitosos. “Si es por ese tema habría que llamar a muchos referentes que fueron líderes más allá de su presente, pero a la Selección deben ir los de mejor momento”, argumentó.

Una visión similar comparten exmundialistas como Harold Lozano y Gildardo Gómez, quienes han subrayado que la experiencia es valiosa, pero solo cuando va acompañada de ritmo competitivo. Ambos consideran que el liderazgo dentro del grupo también puede recaer en futbolistas con menos edad pero con continuidad y protagonismo en sus clubes. “Si es por líderes, Colombia tiene a varios como David Ospina, Jéfferson Lerma, James y el mismo Luis Díaz, esa no puede ser la justificación”, dijo Gómez.

Otro punto clave es el impacto en la dinámica del equipo. La presencia de una figura histórica puede generar presión mediática y expectativas difíciles de gestionar, especialmente si su rol en cancha es limitado. Además, podría frenar el proceso de consolidación de delanteros jóvenes que necesitan minutos en partidos de alto nivel para completar su desarrollo internacional.

También existe el factor táctico. El fútbol moderno exige delanteros capaces de participar en la presión colectiva, retroceder para asociarse y moverse constantemente sin balón. Aunque Falcao conserva su instinto goleador y su inteligencia dentro del área, su radio de acción actual es más reducido que el de sus competidores directos, lo que podría obligar a modificar el sistema o disminuir la intensidad del juego ofensivo.

Por supuesto, su liderazgo y experiencia siguen siendo atributos únicos. Nadie discute su influencia positiva en el vestuario ni su capacidad para transmitir calma en momentos críticos. Sin embargo, ese tipo de aporte también puede darse desde otros roles, incluso fuera de la convocatoria, sin comprometer un lugar en la lista definitiva.

En definitiva, la discusión no gira en torno a si Falcao merece reconocimiento —lo tiene garantizado en la historia del fútbol colombiano— sino a si su inclusión maximizaría las probabilidades competitivas del equipo. Con una generación de delanteros en plenitud física y futbolística, apostar por un jugador de 40 años con antecedentes recientes de lesiones podría resultar contraproducente en un torneo donde cada detalle marca la diferencia entre avanzar o quedar eliminado.

La última palabra la tendrá el rendimiento en los meses previos y la evaluación del cuerpo técnico. Pero hoy, más que una decisión emocional, la convocatoria del “Tigre” exige un análisis estrictamente deportivo, en el que Colombia deberá decidir entre la nostalgia de su máximo goleador histórico y la necesidad de competir con el plantel más fuerte y disponible posible rumbo a Norteamérica 2026.