Fútbol

¿Cuál es el momento ideal para decirle adiós al fútbol? Exjugadores y expertos aportan sus conceptos

Salir por la puerta grande tras una carrera brillante o negarse al retiro y exponerse a la dura crítica.

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Editor del área Deportes con más de 30 años de experiencia en el cubrimiento de fútbol y todas las disciplinas olímpicas. Comunicador social-periodista egresado de la Universidad de Antioquia. Premios colectivos con EL COLOMBIANO Simón Bolívar (Deportes) y Rey de España (Conflicto urbano).

09 de marzo de 2024

Goleador, goleador, Aristi goleador... Más de 40.000 hinchas le hacían reverencia al ídolo que salió por la boca del túnel del estadio Atanasio Girardot de la mano de su familia en un escenario verde y blanco, con humo de colores y fuegos artificiales. Era la tarde-noche del sábado 12 de julio de 2008, el día que el número 9 había destinado para su despedida del fútbol competitivo.

Víctor Hugo Aristizábal, el artillero histórico de Atlético Nacional (208 goles en 379 partidos) que entre 2005 y 2007 cumplió su cuarta etapa con los verdolagas tras el retorno de Brasil y que aportó para los títulos del Apertura 2005 y 2007 (bicampeonato), supo elegir el momento para decirle adiós a la pelota, esa que “no se mancha”, como dijo en 2001 Diego Maradona en su partido de homenaje y despedida en La Bombonera.

Aristi se fue por la puerta grande tras el abrazo de su mamá y rodeado de amigos como Tino Asprilla, Chicho Serna, René Higuita, Leonel Álvarez, Alexis García e invitados especiales como el uruguayo Enzo Francescoli y el ecuatoriano Álex Aguinaga, entre otros, en un marco espectacular, como si se tratara de una final de campeonato.

La jornada inolvidable de Víctor Hugo y el antecedente de la despedida de Chicho Serna el 27 de enero de 2007, también con estadio lleno y enmarcado dentro del Día del Fútbol Antioqueño, con la presencia de Maradona en la cancha, son los mejores ejemplos de que el público premia a las figuras cuando estos no dejan empañar su imagen por aferrarse a la fama, al reconocimiento público, al dinero y la terquedad de mantenerse activos, así el entorno y cuerpo les envíen mensajes de que ya es tiempo de parar.

Un tema que merece un análisis psicosocial más profundo (ver columna adjunta), más allá de conceptos técnicos y físicos. “El temor al olvido y a convertirse en irrelevantes es una preocupación común entre los deportistas, quienes se enfrentan a un futuro incierto”, dice el sociólogo Daniel Largo, de la U. de A.

René Higuita, igualmente, recibió su tributo el 24 de enero de 2010 en el Atanasio, esa vez con 21.307 aficionados que con su presencia en el estadio le agradecieron tantas alegrías y jornadas de júbilo representando el balompié paisa y colombiano. Al Loco la gente le brindó el cariño que hoy perdura. No todos los futbolistas tienen ese honor, pues hay que ser muy grande para merecer homenajes de ese calibre.

Y cómo no recordar el juego de final de Carlos Valderrama el 1° de febrero de 2004 en el estadio Metropolitano de Barranquilla, por lo alto, así como fue su trayectoria deportiva. Tenía 42 años. El Unión Magdalena intentó devolverlo al fútbol, pero la ilusión de los dirigentes no se concretó. “Recibí una invitación para cumplir mi sueño de terminar mi carrera en el Unión. Tenía cita el 5 de enero a las 6:30 a.m. para entrenar, pero me levanté a las 8:00. Cuando esta situación se presenta uno se da cuenta de que es mejor irse”, les respondió a los periodistas de Santa Marta. El último juego profesional de El Pibe fue en septiembre de 2002, con el Colorado Rapids de la MLS.

Un fenómeno que crece

En el fútbol colombiano, y de Suramérica, se volvió costumbre que los jugadores que siendo jóvenes sobresalieron en sus países y luego emigraron, retornen a cerrar sus carreras en los clubes de origen, exponiéndose a los abucheos y rechiflas ante fanaticadas exigentes y sin memoria, a las que solo les interesa ver ganar a sus equipos.

Si bien la mayoría de ellos fueron disciplinados y aún conservan arrestos físicos para soportar la competencia, las secuelas que deja el deporte de alto rendimiento, entre ellas las lesiones, pasan factura. Enfrentar a jóvenes con 10 o 15 años menos de edad, plenos y ávidos de triunfo, no es fácil, y así lo reconocen los mismos protagonistas, pues las alertas que envía el organismo no se pueden ignorar.

“La decisión de un jugador para hacerse a un lado tiene que estar sustentada en la parte física, porque el fútbol de hoy se basa en ese aspecto, más que en la técnica. Ese es el primer síntoma, debes estar al 100 %, pues la competencia te lo va a exigir. Por supuesto que las lesiones a veces obligan a irse a más temprana edad”, dice Víctor Aristizábal, actual panelista de ESPN, al reconocer que él dijo adiós al balón a los 37 años, cuando aún podía competir dos o tres temporadas más, en una época diferente a la actual.

En la Liga local, a pesar de que los clubes se dedican más a formar jugadores para la exportación, un negocio que mueve miles de millones de dólares anualmente, hay jugadores que ya han cumplido ciclos y a los 36, 37 y 38 años de edad siguen en competencia.

La justificación, dicen los dirigentes, es que ellos, luego de sus experiencias internacionales, “sirven de espejo para los muchachos en términos de cómo entrenar, cómo comer, cómo cuidarse para dar el salto a las mejores ligas del mundo”. Entre ellos están Hugo Rodallega, Adrián Ramos, Carlos Bacca y Bernardo Espinosa, para solo mencionar cuatro que retornaron tras un largo periplo en el exterior.

De la élite a la B

Otro fenómeno que se presenta y que muchos aficionados no se explican, es bajar de categoría para poder mantenerse activos. El caso más evidente hoy en día es el de Teófilo Gutiérrez, vinculado al Unión Magdalena. Después de haber sido ídolo en Junior y River Plate de Argentina, ahora compite en la segunda división en Colombia. Lo mismo sucede con Christian Marrugo, referente de la fanaticada del DIM, quien juega para el Real Cartagena.

René Higuita confiesa que Pedro Antonio Zape, exarquero de Selección Colombia, le decía que había que estar preparado porque era difícil despedirse y al otro día quedarse un rato más en la cama o no despertar para ir a entrenar. “Tomé eso en cuenta y empecé a elaborar mi despedida, mi pensamiento era volver a Atlético Nacional, jugar la Copa Libertadores, la Liga, siempre con la idea de dar lo mejor y ganar. Yo estaba en el Pereira con Luis Fernando Suárez e hicimos una buena temporada, él pasó a Nacional y vi que podía darse mi sueño de ese anhelado retiro allí. Pero no se dieron la cosas”. El club, sin embargo, lo apoyó en su partido de homenaje.

René reitera que abandonar las canchas es una decisión que toma su tiempo y que él preparó luego de hablar también con otros personajes, entre ellos Pacho Maturana, quien ha sido como su papá y le decía dos o tres años antes que ya era el momento.

Es una determinación muy personal, he hablado con jugadores que se fueron del fútbol en un muy buen momento y después les pesa, y dicen: ‘por qué no seguí si yo tenía para dar’. Simplemente se dejaron llevar. Como en todas las decisiones de la vida, uno es el que tiene que definir y ser consecuente con lo que va a pasar, y no responsabilizar a nadie. El mejor momento es el que uno tome”.

Higuita les aconseja a los futbolistas que preparen bien ese día del retiro “y que no tienen que ser solo campeones, simplemente tomar una decisión con tiempo”.

Sí, en el instante oportuno, antes de que las malas presentaciones derrumben esos castillos que construyeron con goles, atajadas, fintas y entrega en la cancha, y puedan sentir con Aristi que esa hinchada, “jamás lo olvidará”.

Los 35 años, edad digna e ideal para el retiro

El médico deportólogo José Fernando Arango, ex-DIM y selecciones Colombia juveniles, dice que la edad ideal o digna del retiro de un futbolista es a los 35 años, aunque aclara que depende de cada caso. “Muchas veces esta decisión no está dada como tal por el rendimiento deportivo, pues desde la parte psicológica ellos empiezan a hacerse una negación del retiro, lo desplazan involuntariamente. Sus compañeros y familias saben que debe hacerlo, pero ellos lo niegan. Muy pocos jugadores dan un paso al costado cuando deben hacerlo, puede ser por la parte económica o por esa negación”.

El especialista señala que en los últimos años el tope del alto rendimiento ha cambiado debido al apoyo interdisciplinario que reciben los deportistas en los clubes profesionales.

Hace 20 años había tendencia a retirarse entre los 30 y 35, pero ahora esas edades han aumentado hasta un promedio de 37 y 38 años, con algunas excepciones como se ve ahora con Cristiano Ronaldo (39). “Se ha podido extender más porque los futbolistas se han concientizado de la importancia del cuidado, de alimentarse y descansar bien. El apoyo que reciben les garantiza que tengan un mejor rendimiento y recuperación a lo largo de sus carreras, específicamente con la alimentación, las cargas de trabajo que diseñan los preparadores físicos y médicos. Igualmente, han aparecido métodos tecnológicos que les permite mantenerse más tiempo física y futbolísticamente eficientes”.

Arango explica que hay posiciones de campo que son más demandantes desde el punto de vista físico, que son el medio campo (volantes de contención y mixtos) y los laterales. Dice que estos realizan las funciones más exigentes, son los que hacen mayores recorridos en los partidos. “La posición es determinante y por eso ello tienden a retirarse más rápido. Los arqueros, los zagueros centrales y los delanteros son los que más pueden extender sus carreras deportivas”.

Análisis

“El temor al olvido es una preocupación común”

Daniel Largo Taborda

Sociólogo U. de A.

“El deporte constituye una faceta compleja de la experiencia humana, en la que se define no solo por el momento de iniciarse en él, generalmente a temprana edad, sino también por el desafío que representa el retiro. A diferencia del inicio, el retiro deportivo es menos discutido, pese a que el deporte se inscribe en un sistema de recompensas continuas a través de torneos, proporcionando al individuo un abanico de satisfacciones que abarcan lo personal, lo deportivo, lo social y lo económico.

La pérdida del reconocimiento y aceptación social, junto con el estatus derivado del éxito en el deporte, representa una renuncia que muchos encuentran difícil de asumir. El temor al olvido y a convertirse en irrelevantes es una preocupación común entre los atletas, quienes se enfrentan a un futuro incierto. Si bien es cierto que algunos logran reinventarse como consultores, entrenadores, coaches o empresarios, no todos consiguen estos roles, a menudo debido a la falta de preparación para otras carreras.

Entre los factores que complican el retiro se encuentran los siguientes:

-Estructura y propósito: la vida de un deportista de alto rendimiento se caracteriza por su rigurosa organización, con entrenamientos, competiciones y metas bien definidas. Esta estructura les brinda un sentido de propósito. Al retirarse, se encuentran con un vacío, perdidos sin la claridad y los objetivos que el deporte les ofrecía.

-Adicción a la adrenalina y a la competencia: la emoción de competir y el nivel de adrenalina que esto genera, así como la satisfacción de superar retos y alcanzar objetivos, son insustituibles para muchos atletas. La vida fuera del ámbito competitivo raramente ofrece emociones que se equiparen, haciendo del retiro un reto emocionalmente arduo.

-Presiones económicas: si bien algunos deportistas de élite obtienen significativas ganancias durante sus carreras, no todos tienen acceso a este nivel de recompensa económica. Para aquellos cuya principal fuente de ingresos proviene del deporte, el retiro plantea serios desafíos financieros, especialmente si no han planeado con anticipación o carecen de habilidades aplicables a otras profesiones.

Desde una perspectiva sociológica, podría afirmarse que el deportista enfrenta un constreñimiento estructural que, en muchos casos, limita su capacidad para explorar alternativas de vida más allá de la competencia. Con el tiempo, aquellos que no mantienen el nivel de éxito previamente alcanzado pueden encontrarse sin cosechar nuevos triunfos, llevándolos a vivir en una especie de distopía y enfrentando un final de carrera lleno de pesar”.