Fútbol

Finales sin televisión y otras consecuencias de extender la Liga colombiana hasta enero

La advertencia de Carlos Mario Zuluaga encendió las alarmas: si la Liga BetPlay se extiende hasta enero, podría afrontar problemas con los derechos de televisión, las vacaciones de los futbolistas, la disponibilidad de estadios y la asistencia de los hinchas.

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Comunicador Social-Periodista bilingüe (inglés y español). He trabajado en Radio Bolivariana, RCN y Telemundo. Hago parte de EL COLOMBIANO. Recibí premios Ovations de la NBC. Lideré el sitio web hispano de NBCOlympics.com para los Olímpicos de Beijing 2008, edité y establecí el contenido de video original para la programación en web de la Selección Mexicana en Medios Digitales de Telemundo. Responsable de la gestión editorial de la portada de yahootelemundo.com. Enviado especial al Mundial de Rusia 2018, la Copa América en Chile 2015, los partidos de clasificación al Mundial de la Selección Colombia, la Asamblea General de la ONU en 2009, y el rescate de los 33 mineros en Chile.

hace 1 hora

La posibilidad de que la Liga BetPlay 2 se extienda hasta enero de 2027 encendió las alarmas en el fútbol colombiano. El presidente de la Dimayor, Carlos Mario Zuluaga, advirtió que los aplazamientos de partidos podrían impedir que el campeonato termine en las fechas previstas y abrirían un escenario complejo: disputar las finales sin transmisión de televisión, en medio de dificultades laborales, logísticas y comerciales.

“No quiero llegar a extremos, pero que vayamos hasta enero nos obligaría a terminar el FPC sin TV”, manifestó Zuluaga en declaraciones al programa Zona Libre de Humo. La advertencia está relacionada con el vencimiento, el próximo 31 de diciembre, del contrato vigente de derechos audiovisuales entre la Dimayor y Win Sports.

La preocupación va más allá de encontrar fechas para los partidos pendientes. Si la definición del torneo se traslada al primer mes de 2027, la organización tendría que resolver cómo garantizar las transmisiones, cumplir los compromisos relacionados con el descanso de los futbolistas y mantener el interés de los aficionados en una época tradicionalmente marcada por las vacaciones y las celebraciones familiares.

1. El riesgo de unas finales sin televisión

Este es uno de los principales problemas que tendría que afrontar la Dimayor. El contrato vigente con Win Sports termina el 31 de diciembre de 2026 y el nuevo ciclo de derechos audiovisuales corresponde al periodo 2027-2030. Aunque la Dimayor abrió el proceso para recibir ofertas por esos derechos, la posibilidad de disputar encuentros oficiales en enero plantea un interrogante sobre la cobertura de los partidos si no existe un acuerdo que ampare las transmisiones.

En ese escenario, los encuentros que definirían al campeón podrían quedarse sin la señal habitual de televisión, a menos que se establezca una solución contractual que permita transmitirlos.

Las consecuencias serían importantes para los clubes, los patrocinadores, los operadores audiovisuales y los aficionados. Las finales concentran buena parte de la atención del campeonato y representan una vitrina comercial para las instituciones participantes.

Además, la televisión es uno de los canales fundamentales para llevar el fútbol colombiano a los hogares del país. Perder esa exposición durante la definición del título afectaría la visibilidad del producto y podría generar dificultades para cumplir compromisos comerciales asociados a las transmisiones.

Por eso, la advertencia de Zuluaga no es menor: la Dimayor tendría que evitar que los problemas de programación terminen trasladándose al negocio audiovisual del fútbol profesional colombiano.

2. El pacto con los futbolistas y las vacaciones en riesgo

Otro frente delicado es el laboral. La programación de los campeonatos debe contemplar los periodos de descanso de los jugadores y permitir que los equipos organicen sus vacaciones y pretemporadas.

En enero de 2025, la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales (Acolfutpro), la Federación Colombiana de Fútbol y la Dimayor informaron sobre avances en un acuerdo que incluyó la programación de las competiciones masculinas, los periodos de descanso y la necesidad de que la Liga terminara, como fecha límite, el 14 de diciembre.

Ese antecedente cobra relevancia ante la posibilidad de que la actual temporada se prolongue más allá de diciembre. En 2025, Acolfutpro ya había cuestionado la programación de las finales por considerar que reducía los tiempos de vacaciones y preparación de los futbolistas.

Si la Liga termina en enero, los clubes tendrían que reorganizar los periodos de descanso de sus plantillas y ajustar el inicio de la pretemporada. Los equipos que disputen la final serían los más expuestos a esa situación, pues sus jugadores tendrían menos margen para recuperarse antes de comenzar un nuevo ciclo competitivo.

El asunto no se limita a una discusión de calendario. Los futbolistas necesitan descanso físico y mental después de una temporada exigente. Reducir ese tiempo puede dificultar la preparación para el siguiente campeonato y aumentar las preocupaciones por la recuperación y el riesgo de lesiones.

La Dimayor tendría que encontrar una salida que permita concluir el torneo sin desconocer los compromisos laborales relacionados con el descanso de los jugadores.

3. Los estadios, un obstáculo que sigue creciendo

La advertencia del presidente de la Dimayor surgió en medio de los problemas para encontrar escenarios disponibles y reprogramar encuentros aplazados, especialmente en Bogotá.

El estado de la cancha de El Campín obligó a modificar partidos de Millonarios y Santa Fe. A esto se sumó la programación de conciertos y otros espectáculos durante los últimos meses del año, que reduce la disponibilidad del escenario para el fútbol.

El panorama se complica porque los clubes bogotanos tienen una importante cantidad de abonados. Trasladar sus encuentros al estadio Metropolitano de Techo no resulta sencillo si el aforo del escenario es insuficiente para atender la demanda de sus hinchas.

Una alternativa sería buscar otros estadios, pero eso implicaría gestionar disponibilidad, logística, seguridad, desplazamientos y condiciones adecuadas para los equipos y los aficionados. Además, jugar fuera de casa o en una sede alterna puede reducir la ventaja deportiva que representa actuar habitualmente ante su propia hinchada.

A este problema se sumaron los efectos del terremoto del 10 de agosto de 2026, que obligó a detener temporalmente la actividad futbolística y generó daños en escenarios deportivos. La Dimayor tuvo que reorganizar la programación para recuperar partidos y mantener la posibilidad de terminar la temporada en diciembre.

Con ese panorama, cada nuevo aplazamiento reduce el margen disponible para completar las fechas pendientes, disputar los cuadrangulares y organizar la final de ida y vuelta.

4. Diciembre y enero, meses difíciles para llenar los estadios

La posibilidad de jugar las finales en enero también plantea un reto comercial: mantener la asistencia de los aficionados durante una época en la que muchas familias salen de vacaciones, viajan a otras ciudades o destinan sus recursos a los gastos de comienzo de año.

En diciembre, las celebraciones de Navidad y Año Nuevo suelen modificar las rutinas de los hinchas. En enero, además, muchas personas todavía están regresando de sus viajes o ajustando sus presupuestos después de los gastos de fin de año.

Por eso, trasladar las finales a esas fechas podría afectar la asistencia, especialmente si los encuentros se programan en días laborales o requieren desplazamientos entre ciudades. No significa que necesariamente habría estadios vacíos, pues la presencia de equipos con grandes hinchadas y la posibilidad de disputar una estrella pueden movilizar a miles de personas. Sin embargo, sí existiría el riesgo de una menor convocatoria frente a partidos celebrados en condiciones más favorables.

Para los clubes, una reducción en la asistencia puede traducirse en menores ingresos por boletería, además de afectar la actividad comercial alrededor de los encuentros. Para la organización, significaría cerrar el campeonato en un contexto menos favorable para la promoción del espectáculo.

5. La pretemporada y el mercado de fichajes también se verían afectados

Un campeonato que se extienda hasta enero alteraría la planificación de los clubes para 2027. Las instituciones necesitan definir sus nóminas, negociar contratos, evaluar salidas y llegadas de futbolistas y organizar los trabajos físicos antes del inicio de la nueva temporada.

Si la final se disputa en enero, los equipos involucrados podrían tener menos tiempo para descansar, preparar el siguiente torneo y cerrar sus movimientos en el mercado de fichajes.

También podrían presentarse dificultades para los jugadores cuyos contratos terminan al cierre de 2026, pues sus situaciones laborales tendrían que coordinarse con la finalización de la competencia. Cada caso dependería de las condiciones contractuales correspondientes, pero el cambio de año añadiría complejidad a la gestión de las plantillas.

La programación también debe considerar los compromisos internacionales de los clubes colombianos, las fechas FIFA y el calendario de las competiciones de la Conmebol. Un retraso en el cierre de la Liga puede reducir el margen para acomodar esos compromisos y preparar el campeonato del primer semestre.

6. La imagen del fútbol colombiano, en juego

Terminar el campeonato sin una solución clara para las transmisiones sería un problema que trascendería las fronteras del país. La televisión y las plataformas audiovisuales permiten que los aficionados en el exterior sigan a sus equipos y que los patrocinadores tengan exposición durante los partidos de mayor interés.

Las finales son, precisamente, uno de los momentos de mayor visibilidad de la temporada. Una interrupción de la cobertura habitual podría afectar la experiencia de los espectadores y generar incertidumbre entre los actores comerciales vinculados al torneo.

A esto se sumaría la percepción de una competencia incapaz de cumplir las fechas previstas. Los aplazamientos pueden tener causas extraordinarias o logísticas, pero la acumulación de dificultades obliga a la Dimayor a ofrecer respuestas que permitan preservar la continuidad del campeonato.

La Dimayor, ante el reto de evitar un cierre caótico

El calendario de la Liga ya se encuentra bajo presión por los partidos aplazados, los inconvenientes con los estadios y la necesidad de completar las distintas fases del torneo. La posibilidad de llegar a enero de 2027 representa un escenario que la Dimayor debe intentar evitar, no solo por el riesgo relacionado con la televisión, sino por las consecuencias deportivas, laborales y económicas.

La solución pasa por encontrar fechas y escenarios disponibles, recuperar los encuentros pendientes y definir las condiciones para que el campeonato concluya dentro del periodo previsto. También exige coordinación con los clubes, los operadores audiovisuales y los representantes de los futbolistas.

Por ahora, la advertencia de Carlos Mario Zuluaga plantea un riesgo, no una confirmación de que la Liga vaya a terminar en enero ni de que las finales se queden sin transmisión. Sin embargo, si los aplazamientos continúan y no se encuentra una salida, el fútbol colombiano podría enfrentar un cierre de temporada con más preguntas que certezas.

La prioridad de la Dimayor será terminar la Liga a tiempo y evitar que los problemas de calendario comprometan las finales, los derechos de televisión, el descanso de los futbolistas y la asistencia de los hinchas.

Bloque de preguntas y respuestas:

¿Por qué la Liga BetPlay podría terminar sin televisión si se extiende hasta enero?
Porque el contrato vigente de derechos audiovisuales vence el 31 de diciembre de 2026. Si el campeonato se prolonga hasta enero de 2027, la Dimayor tendría que garantizar un acuerdo que permita transmitir los partidos, incluidas las finales.
¿Cómo afectaría la extensión del campeonato las vacaciones de los futbolistas?
La prolongación de la Liga podría reducir el tiempo de descanso de los jugadores y obligar a los clubes a modificar sus planes de vacaciones y pretemporada. Además, la Dimayor tendría que considerar los compromisos establecidos con el sindicato de futbolistas sobre los periodos de descanso.
¿Qué otras consecuencias tendría jugar las finales en enero?
La programación podría coincidir con las vacaciones de muchos aficionados, lo que generaría el riesgo de una menor asistencia a los estadios y de menos ingresos por taquillas. También habría dificultades para conseguir escenarios disponibles, organizar la pretemporada de los equipos y ajustar el calendario de las competiciones de 2027.