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Jorge Iván sigue conquistando mares con sus brazadas, ahora cruzó el Canal Molokai. Este es su relato

El nadador colombiano estuvo durante 12 horas y 12 minutos cumpliendo con el reto de cruzar el archipiélago que tiene varias islas.

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Periodista de la Universidad del Quindío. Cuyabra hasta los huesos y mamá de un milagro llamado Mariana, amante de la salsa y apasionada por el deporte.

19 de junio de 2023

Todo valió la pena. Las extenuantes jornadas de entrenamiento diario bajo condiciones extremas, con climas fríos y cientos de kilómetros en el agua fueron vitales para que Jorge Iván Agudelo lograra su hazaña, cruzar el canal de Kaiwi o Canal Molokai, en 12 horas y 12 minutos.

Nadar con medusas, sentir el dolor en su cuerpo, cruzar el océano en medio de la noche iluminado por un cielo estrellado que lo guió todo el tiempo y llegar a la meta son algunos de los recuerdos que este nadador vallecaucano atesorará en su mente de lo vivido en Hawái.

Hablamos con él sobre esta experiencia, los peligros que vivió mientras estuvo por más de 12 horas en el mar, este es su relato.

El reto

Mi ventana de nado (día para nadar) estaba abierta del 2 de junio hasta el 20, y por eso debía coordinar todo con la entrenadora, el médico, equipo de producción del documental y el capitán para definir qué día hacíamos el reto.

Llegué a Hawái el 3 de junio y prácticamente el 7 ya estaba nadando y por eso el capitán nos dijo que ya era hora de hacer el reto, ya que luego del 8 de junio el clima se iba a cerrar en el canal y se volvía a abrir luego del 21, eso nos generaba mucha espera y corríamos el riesgo de quedarnos sin presupuesto económico para la estadía en Hawái.

Entonces tomamos la decisión de iniciar el reto. Tomamos una avioneta y volamos hasta la isla de Molokai, junto a mi entrenadora y el médico, porque los kayas que iban a estar como auxiliares y el equipo de producción se fueron navegando y nos encontramos en el punto de partida.

Inicié mi preparación, en el barco me puse mi traje de baño, mi gorra de natación, las gafas, unas luces que van entre el gorro y las gafas y en el traje de baño para que me puedan ver cuando cae sol, para saber adónde voy.

Antes de lanzarme me apliqué una vaselina que ayuda a proteger la piel para que no se pele, y también sirve para que en caso de que una medusa se pegue al cuerpo se deslice pronto y te deje seguir.

Salté del bote al mar para llegar a la playa ya que la salida es desde tierra firme, cuando el capitán hace la señal arranco para ingresar al mar y empezar a nadar.

A las 6:33 de la tarde del 7 de junio empecé a nadar desde la isla de Molokai hasta el 8 de junio a las 6:45 a.m. cuando llegué a tierra firme en la isla Oahu, cerca de 50 kilómetros nadando.

Cuando ingresé al agua aún había sol, luz del día y más o menos a las 9:00 de la noche ya quedé en la sombra, acompañado por un cielo cubierto de estrellas que me ayudó muchísimo, porque me permitía guiarme en busca del faro de la isla.

La temperatura del agua estuvo perfecta, en Hawái había buen clima, yo entreno en San Francisco y la temperatura del agua está en 12 grados celsius más o menos y en Hawái estuvo a unos 20, lo que fue perfecto y no sufrí problemas.

Lo que sí me generó preocupación fueron las medusas porque las empecé a sentir desde la primera hora de nado, y mientras braceaba pensaba en lo que estaba pasando, porque sentía mucho dolor y apenas había empezado.

Me preguntaba bueno ¿esto va a ser así todo el recorrido?, y me preocupaba por el dolor que estaba sintiendo (ardor y comezón impresionantes), y fue ahí cuando empecé a pensar en otras cosas.

Recordé el entrenamiento mental para mitigar el dolor, entonces pensé en que ya me había soñado cómo iba a ser el reto, lo que había planeado, y concentré mi mente al máximo con pensamientos positivos.

Luego, cuando llevaba como seis horas de nado me empezó un dolor en el hombro derecho y me preocupé porque el dolor fue escalando, pero ahí mi entrenadora me dijo unas palabras que me salvaron, porque me advirtió que estaba nadando súper bien y con un ritmo que me iba a permitir batir el récord mundial, así que eso me dio fuerzas y seguí pensando en llegar a la otra orilla.

Pasé por todas las emociones mientras iba nadando y siempre uno busca agarrarse de lo que te mantiene vivo, dejar en el mar las cosas malas que te han pasado, darle las gracias al agua por permitirme nadar y llegar a la otra orilla bien.

Uno de los momentos más lindos de mi nado fue cuando estaba completamente oscuro y miro el firmamento y el cielo está estrellado, veo constelaciones y cuando braceo el mar se empieza a iluminar, eso es un fenómeno que se llama bioluminiscencia (producción de luz de ciertos organismos mediante una transformación de energía química a luminosa), cuando toco el agua salen como chispas de luz, destellos, eso fue muy lindo, muy especial.

En ese momento pensé mucho en mi familia, mi mamá, mi abuela, mi hermana, mi papá, agradeciéndole a la vida por tenerlos, así estén lejos, así lleve dos años sin verlos porque salí de Colombia por amenazas y estar ahí, con ese espectáculo, viendo el faro de la isla a lo lejos fue algo muy bonito.

El final de la prueba fue emocionante, porque con la salida del sol miraba hacia abajo y veía un hermoso fondo azul, profundo y cuando empecé a acercarme a la playa veía más los peces, la arena, los corales y ahí como que todo pasa en un segundo por tu mente. El esfuerzo, los sacrificios, la disciplina, las lágrimas y cuando toqué la playa salí corriendo y mi amiga Pilar me estaba esperando con la bandera colombiana. La verdad que ese abrazo y esa celebración con ella fueron muy especiales.

Terminé bien, me encontré con el equipo, mis amigos, el capitán en el puerto y pues todavía tenía mucha energía por la adrenalina, me sentía cansado, pero no un agotamiento extremo.

El capitán me dijo que hacía ocho años nadie había nadado tan rápido el canal y estuve a 10 minutos de romper el récord mundial, pero en la parte final la corriente fue muy fuerte y me desvié casi un kilómetro. A pesar de eso estoy feliz y agradecido por todo lo que viví.

Siento orgullo porque sé que estoy dejando un legado, demostrando que con disciplina y dedicación uno puede sacar adelante los sueños, espero que mi carrera sirva de inspiración a las nuevas generaciones.