El milagro de Alma: la razón por la que Mónica Sarai Arango le dice adiós a la natación artística
La nadadora que estuvo en los Olímpicos de Río de Janeiro y Tokio y fue finalista mundial en la modalidad de solo, deja las competencias, tras 29 años de carrera.
Periodista de la Universidad del Quindío. Cuyabra hasta los huesos y mamá de un milagro llamado Mariana, amante de la salsa y apasionada por el deporte.
Mónica Sarai Arango Estrada tomó una decisión con el “Alma”. Tras 29 años de carrera como nadadora artística, con dos Juegos Olímpicos disputados en la modalidad de dueto y una final mundial en solo, su vida dio un giro que había esperado con ilusión y decidió retirarse como deportista de alto rendimiento.
Luego de un embarazo ectópico y una pérdida, Mónica y su esposo recibieron la noticia que habían anhelado: la deportista, que había hecho un receso en las competencias mientras definía su futuro, estaba de nuevo embarazada.
Con la incertidumbre de lograr llevar su embarazo a término y la fe puesta en que Dios les iba a conceder el milagro, Mónica inició la etapa más anhelada de su vida: la espera de su bebé. Fueron meses de no salir del baño, pues los vómitos eran el pan de cada día. Sin apetito, su cuerpo solo le pedía paletas de agua y, con la convicción de que esta vez sí iba a poder tener a su bebé en brazos, Mónica siguió con su rutina diaria.
Preparaba campamentos para las nuevas estrellas de la natación artística paisa, realizaba las asesorías como psicóloga con deportistas y otros clientes, y seguía con la construcción de su marca, su empresa Moni Sarai (psicología, deporte y desarrollo humano), en la cual ofrece servicios como psicología del alto rendimiento, implementos deportivos pensados para deportes acuáticos, campamentos, clínicas, acompañamientos técnicos y arte acuático.
Durante el embarazo siguió creando y trabajando
Durante su embarazo hizo el montaje de una obra acuática en la que exploró todas las facetas que ahora la tienen activa como empresaria, sin dejar lo que más ama: el agua.
Y es que Mónica no se quiere zafar de las piscinas; ha estado allí durante los últimos 29 años de su vida. Se podría decir que gracias a lo que ha vivido en el agua es lo que tiene actualmente. Aunque a veces entrena y hace cosas que no creía que pudiera alcanzar en esta etapa, decidió decir adiós a la competencia y ahora quiere estar de tiempo completo con Alma, su bebé que nació hace cuatro meses y que ha logrado colmar su vida.
Alma, su bebé “doble arcoíris”, no solo le sacó esos ojos azul grisáceos a Mónica Sarai, sino su alegría y ganas de hablar. Mientras la entrevistaba, la pequeña participaba haciendo sonidos, sonriendo y moviendo su pequeño cuerpo como diciendo: “sí, acá estoy”.
Con algo de gracia, Mónica habla de algo a lo que poco se le da importancia: las maluqueras y dificultades de un embarazo. Y es que, aunque ella agradece tener en sus brazos a Alma, su rostro cambia al recordar todo lo que pasó durante la espera. “Yo decía: tranquila, si el embarazo ha sido así es porque el parto va a ser maravilloso, Dios aprieta pero no ahorca, jajaja. Pero no, soy una persona hipertensa; a pesar de ser deportista mi cuerpo tiene esa condición y, aunque inicié el proceso para que Almita naciera de parto natural, llegó un momento en el que le vi el rostro a los médicos y dije: ‘aquí pasa algo’; entonces la orden fue: hay que hacer cesárea”.
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Así fue como nació Alma, tras una cirugía de urgencia. Pero faltaba más: tras salir con la pequeña en brazos, Mónica se enfermó de una gripa o variante del covid-19 que la mantuvo por semanas con tapabocas y una tos que ella pensaba le iba a afectar la operación.
“En esos días pensaba: Dios mío, Almita no ha podido ver mi rostro, tan solo escucha mi voz ni sabe de dónde sale el sonido”. Pero logró recuperarse y, de ahí en adelante, ha podido ver a su pequeña sin tapabocas y juntas han encontrado una hermosa manera para comunicarse.
Alma es una bebé activa, sana. Con las piernas golpea con fuerza y mueve sus manos y sus pies como si estuviera en una rutina bajo el agua.
Una decisión que se tomó como calma y tras analizar bien
Antes de tener a Alma, Mónica Sarai vivió momentos tensionantes en su deporte. Algunas personas le pedían que anunciara su retiro, algo que ella aún no había decidido. Quería tomarse el tiempo necesario para pensar; además, aún disfrutaba de los entrenamientos y todo lo que se vive en el mundo de la natación artística. “Yo decía: me retiro cuando no disfrute el agua y yo amo estar allí”, comenta Mónica Sarai, quien ante tanta insistencia solicitó que la sacaran de los beneficios económicos por ser deportista de alto rendimiento, ya que creía que esa era una de las razones por las cuales le insistían tanto que renunciara.
Luego llegó el embarazo de Alma y, con su esposo y su familia, se concentró en los cuidados que debía tener para llevar a término su gestación. Ahora, ya con la pequeña en sus brazos, considera que su nuevo rol de mamá empresaria colma toda su atención.
Como es feliz, pues ya más tranquila y en la calma de su hogar, tomó la decisión: ya no competirá más. Sus medallas y reconocimientos están y se quedarán en esa parte especial que ha adecuado en su hogar.
Seguro más adelante, dentro de algunos años, se los mostrará a Alma con el orgullo que le ha representado no solo competir por Antioquia, sino todo lo que logró con Colombia, pues se retira siendo campeona panamericana, suramericana, centroamericana, finalista mundial y con la experiencia de haber asistido a dos Juegos Olímpicos: Río de Janeiro 2016 y Tokio 2020.