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“Di lo mejor de mí, no guardé nada”: Caterine

La colombiana, sinónimo de superación y constancia, conquistó ayer una nueva medalla mundial en Londres, esta vez fue plata.

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Comunicador Social-Periodista, apasionado de las historias, amante de los deportes. Trabajé en el periódico El Mundo y actualmente hago parte de EL COLOMBIANO.

08 de agosto de 2017

En 2008 el rostro de Caterine Ibargüen no reflejaba la alegría que la caracteriza. Su brillo, ese que se armoniza cuando luce sus grandes dientes, no era el mismo. La impotencia la acompañaba.

Sentía que el trabajo de largos meses había desaparecido como agua entre los dedos.

Por escasos centímetros se privó de clasificar a los Juegos Olímpicos de Pekín de ese año, situación que le generó frustración. Tanta que por poco toma la decisión de abandonar su carrera deportiva que le hubiera impedido tener el reconocimiento actual.

Nueve años después, su nombre ha tomado vuelo como sus saltos.

Ayer, a sus 33 años de edad, y pese a ceder el reinado del salto triple mundial en Londres, en el cual estaba desde hacía cuatro años, el semblante de la paisa estaba intacto.

Con gallardía, lo primero que hizo fue reconocerle, con un abrazo, el triunfo a Yulimar Rojas, la joven venezolana de 21 años que tiene como ejemplo a seguir a la propia colombiana.

Al final, con una plata, Caterine logró su cuarta medalla consecutiva en Mundiales. La primera fue un bronce en Daegu 2011, y luego los oros en Moscú-2013 y Pekín-2015.

Aunque está acostumbrada a celebrar en el primer escalón del podio, este es un nuevo premio como lo expresa su abuela Oyola Rivas, “gracias a su esfuerzo, disciplina y constancia”.

“A mis 80 años recién cumplidos solo le pido a Dios que me siga dejando disfrutar de los triunfos de mi Cate”, relató ayer Oyola, uno de los motores que impulsó a Caterine para dejar atrás los obstáculos.

“Desde niña le advertía que en la vida nada era fácil -dice la matrona-, que ante los fracasos había que levantarse con más fuerza, que no se dejara vencer y más con todos los sacrificios que había hecho”.

Y Caterine escuchó. Ella, quien de niña entrenaba con los tenis del colegio y en algunas ocasiones lo hacía descalza porque en la casa el dinero no alcanzaba “para lujos”, y que en su primera competencia corrió con los zapatos de su mamá Francisca, se llenó de valor para seguir dando zancadas firmes.

Buen cambio de aire

Tras vencer escollos en su natal Urabá y en Medellín, la mujer de piel morena se radicó en Puerto Rico donde empezó a adelantar sus estudios de Enfermería, y bajo la orientación del entrenador cubano Ubaldo Duany dejó de practicar salto de altura, prueba en la que no pasó de la fase de clasificación en Olímpicos de Atenas-2004.

Duany le recomendó enfocarse en salto de longitud y el triple salto, esta última modalidad en la que desde el 2010 despertó el talento que tenía dormido, al ganar medallas de plata en el Iberoamericano de España (14,29 metros) y en los Centroamericanos de Puerto Rico (14,10).

“Caterine siempre se crece ante la adversidad. Lucha por lo que quiere y no descansa hasta lograrlo”, expresa Duany, otro de los artífices del nuevo logro de la colombiana.

A la cita británica, pese a ser la vigente campeona olímpica, Caterine arribó con una rival acechando por su trono, la propia Yulimar, quien había dado avisos de su ímpetu al ser subcampeona en Río-2016, tener la mejor marca del año -14,96- y luego de derrotar a la colombiana en la parada de Liga Diamante de Roma.

Al final, con un brinco de 14,91 metros en su sexto y último intento, Rojas hizo posible lo que hace pocos años se veía imposible: superar a Caterine por solo dos centímetros.

El bronce fue para la kazaja Olga Rypakova -14,77-.

La antioqueña no se rinde. “Aún tengo hambre de títulos”, dice la atleta que borró de su mente los malos recuerdos de sus comienzos en el atletismo y de sus carencias para entrenar en la calurosa Urabá. Cada vez que salta a la pista saca a flote las enseñanzas de Oyola, la abuela que es su inspiración para seguir adelante. Eso hizo ayer en la capital inglesa, donde su mejor salto le alcanzó para una plata que sirve para seguir cultivado gloria.