En Egipto, meca del squash, se pulió Sara
Dice estar en su “año sabático”, lleva seis meses en Alejandría y hoy empieza a jugar el Mundial en Holanda.
Un día cualquiera, a finales del año pasado, habiendo terminado el undécimo grado en el Montesori y con el cupo ya seguro para estudiar Medicina en el CES, se dijo “me voy a tomar un año sabático”. Y así, con el respaldo de Manuel y María Adelaida, sus padres, Sara Vallejo, la joven promesa del squash colombiano se fue para Egipto.
Claro, Sarita, como la llaman en casa y su combo de amistades, tenía en mente una sola idea: mejorar su técnica, porque desde que empezó a jugar este deporte de raquetas se prometió llegar a la élite. Aprovechó, entonces, la posibilidad que le brindó la Federación y el respaldo económico de su familia para irse de Medellín y empezar a entrenar, noche y día, en la meca del squash. Y se radicó en Alejandría.
Fue muy duro dejarla ir, relatan sus padres. Manuel cuenta que la extraña todos los días, mientras María Adelaida relata que, a veces, ni cree que está por allá tan lejos.
La Federación le pagó apartamento y pasajes; su familia aportó el dinero para la alimentación y el entrenador. “Nos ha contado que después de cada entrenamiento llega cansada a cocinar y a hacer de todo. Le ha tocado aprender a vivir en un medio extraño y una cultura diferente, a comer cosas muy distintas y a defenderse con el inglés en un país que solo habla en árabe”, señala la madre de esta chica de 17 años de edad que, desde hoy emprenderá una nueva aventura: competir en el Mundial juvenil, en Holanda.
Gran experiencia
“En Egipto me fue muy bien. Tuve una experiencia enriquecedora, además de vivir y entrenar como lo hacen los mejores jugadores profesionales del mundo, y aprender de ellos”, señala Sara ya a la espera de arrancar sus primeros juegos en Eindhoven, Holanda.
Inicialmente había una oportunidad para que se radicara un tiempo en Orlando; sin embargo, dice María Adelaida, “ella prefirió Egipto, porque allí el desarrollo del squash es importante y a pesar de las restricciones en horarios, porque allá se respeta mucho el tiempo de la oración, debió entrenar muy de madrugada y a altas horas de las noches”.
Ha sido un aprendizaje bonito y duro para todos, agrega Manuel no sin antes asegurar que el otro hijo, Manuel José, igualmente extraña la presencia de su hermana, aunque sabe que si tomó esa decisión fue por su bien y el querer salir adelante. “Nos ha contado que ha sido una experiencia fabulosa a pesar de tantas limitaciones. Conocer esa cultura, la gente, las costumbres, la comida y ante todo el contacto con los jugadores ha sido gratificante para ella”.
En Alejandría, Sara entrenó con muchos jóvenes “en su mayoría dedicados completamente al squash” y lo que más la tiene asombrada es la cantidad de squashistas que tiene Egipto. A diario, en las calles, se ven niños y niñas con sus raquetas al hombro yendo a los diferentes sitios a practicar. Allí trabajó a órdenes del entrenador Mohammed Elkeiy, “quien tiene un campamento y recibe jugadores de todas partes del mundo. Aprendí mucho de él y espero ponerlo en práctica. Este squash es de gente aguerrida, fuerte y a veces violenta, pero lo importante, y pese a las dificultades con las que se entrena el mensaje es: si querés salir adelante, eso solo depende de ti, de nadie más”. Y así, con esa filosofía tan sencilla, Sara asumirá el Mundial juvenil en el que espera tener una buena figuración y poner en práctica lo aprendido en Egipto .