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Un rudo deporte les mostró el camino de la disciplina

Gracias al esfuerzo, constancia y amor por el fútbol americano, los hermanos Restrepo Muñoz ya recogen frutos. Su madre es el hada madrina de los Hunters.

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Comunicador Social-Periodista, apasionado de las historias, amante de los deportes. Trabajé en el periódico El Mundo y actualmente hago parte de EL COLOMBIANO.

29 de noviembre de 2014

De tantos golpes que recibió en su primer partido de fútbol americano, a Andrés Felipe Restrepo Muñoz se le desapareció, como por arte de magia, la borrachera que tenía.

En la tribuna, el rostro de su hermano John Édison, quien presenciaba con muchos nervios aquella presentación, cambió de la angustia a la ilusión.

Mientras tanto, a kilómetros de distancia Lucelly Muñoz, madre, trabajaba tranquila al saber que su hijo mayor sí había llegado a dormir esa madrugada a la casa, ubicada en Belén Rincón.

Tal vez el licor llenó de una falsa valentía a Andrés para tomar la decisión de estar en ese juego, al que acudió más por insistencia de Carlos Andrés Pérez, presidente y coordinador defensivo del equipo antioqueño Hunters, que por vocación, ya que ni conocía las reglas de este deporte, pero su peso y talla le favorecían.

Los flechó el deporte

Lo que tampoco sabía Andrés era que después de cumplirle la promesa al amigo, su vida y la de su familia cambiaría a partir de ese momento gracias a aquella ruda practica.

El gusto por esta disciplina fue tan grande, que tanto él como su hermano tomaron la decisión de practicarlo, a pesar de que ese día Hunters, equipo que era considerado la cenicienta del fútbol americano en Colombia, había caído, como era normal desde hacía dos años, frente a Pumas de Bogotá 35-28 en el estadio de Bello.

“De aquel partido salí bastante adolorido, pues antes se competía sin protección. No oculto que jugué en alto grado de embriaguez, pero entendí que la vida tenía otro sentido. Me concienticé y todo empezó a cambiar en el tema laboral y personal”, cuenta Andrés, de 28 años, 1.82 metros de estatura y 127 kilos de peso.

En el libro del olvido ya está aquel recuerdo de ser el “tronco” del fútbol tradicional. Hoy es uno de los jugadores más respetados del fútbol americano en el país.

Parecen gemelos

“Yo sí era más gomoso, entendía más el deporte, hasta lo seguía por televisión, y cuando vi el partido de mi hermano, me dí cuenta que el fútbol americano era lo mío, también me enamoré de él”, explica Édison que, a pesar de ser tres años menor que Andrés, comparte iguales pasiones.

Salen juntos, hasta hace poco dormían en la misma habitación, juegan en el mismo equipo y trabajan en la misma empresa (Ci Talza, una firma de equipos y servicios de calidad para la industria de alimentos).

Ya han pasado tres años de aquel suceso, y Lucelly sigue sufriendo, pero de otra manera, pues prefiere que sus hijos estén en un campo de juego -así este parezca de batalla campal-, que en la calle a altas horas de la noche, como era la costumbre de los hermanos Restrepo Muñoz cada fin de semana.

“Es que se mantenían de fiesta en fiesta, algo muy normal entre los adolescentes, y como uno es madre hasta que no entren los hijos uno no se duerme”.

Lucelly dice ser una mujer feliz, porque con este deporte sus hijos adquirieron más disciplina y responsabilidad, manifiesta Lucelly, quien no se pierde ningún partido,. De hecho compra bombas, trompetas, pitos, tiene camiseta y se pinta la cara como si fuera un miembro más del equipo Hunters, en el que es considerada la hincha número uno, o mejor dicho, la madrina.

El ascenso de estos deportistas en el fútbol americano ha tenido tanta evolución que Andrés es ya el capitán de centro de línea ofensiva y Édison de los corredores de Hunters, que goza de prestigio al ser el campeón nacional en los últimos dos años.

“Este deporte es muy agresivo, pero uno lo aprende a querer, a necesitar”, dice Édison, quien es consciente, así como Andrés, que por el biotipo de los deportistas colombianos jamás podrán jugar en la NFL de E.U., pero sí contra los mejores equipos de Latinoamérica.

Lo importante, coinciden todos, es que a diferencia de otros conjuntos del país, en Hunters no nacen sino que se forman jugadores y buenas personas, y por esa razón trabajan, para ayudarles a los jóvenes a encontrar un buen camino como lo hallaron ellos.