Director por un día

La asombrosa fuerza femenina

Loading...

Este artículo se publicó en el aniversario 105 de EL COLOMBIANO, con Catalina Mesa como directora invitada.

06 de febrero de 2017

El asombro de la energía
El conocimiento es explicación y comprensión, ciencia y consciencia. El lenguaje de la ciencia es lógico, racional, reduccionista, simplificador, el de la consciencia es analógico, simbólico, sintético, complejo. Desde milenios los seres humanos padecen el desequilibrio de tipo patriarcal que combina un exceso de valores y de comportamientos masculinos como una debilidad de los valores y comportamientos femeninos. En relación con eso, mucha ciencia y nada de consciencia. Estamos en un mundo que explica todo y no entiende nada. Un mundo llevado por grandes desequilibrados a un desequilibrio cada día más pronunciado hasta que se complete su autodestrucción. La fuerza masculina (tanto en el hombre como en la mujer) procede por enfrentamiento a la eliminación del adversario o de la situacion. El contexto nuestro es de un exceso de esta fuerza, lo que nos lleva a nuestra eliminación. La humanidad demuestra todos los días que sabe eliminarse.

¿Cuál es la única otra opción para la humanidad? Su transformación.
La fuerza femenina, la que hace cruelmente falta tanto a las mujeres como a los hombres, es una fuerza no-violenta que procede por influencia a la transformación del adversario o de la situación. El paso siguiente para la humanidad y para cada ser humano que la compone consiste en entender (consciencia) que uno no resuelve problemas sino con fuerza fuerte, que nuestros problemas se deben a la carencia de fuerza femenina, tan ausente que ni siquiera sabemos que existe, y que la fuerza femenina, metódicamente despertada, puede volverse extremadamente potente, transformando así cualquier bestia en príncipe.

En esta época singular de la humanidad, donde tantas fieras están sueltas, muchos matriotas ya empiezan a entender esta paradoja: uno no puede pretender liberarse de la tiranía de un “Dragón” eliminándolo sino transformándolo en “Príncipe”.