Para este profe enseñar también es aprender
Samuel Pinilla es un profesor feliz con su profesión. Sus estudiantes no se olvidan
de él, aunque pase el tiempo.
Fue seleccionado como el mejor docente de 2014 en el programa
de administración comercial y
de mercadeo en Esumer.
Director por un día de EL COLOMBIANO, plantea en esta edición una muestra del país que proyecta...
Los alumnos no le creyeron a Samuel Pinilla el primer día de clase. Todavía no tenía cara de profesor. En 1993 lo típico era que estudiantes de otros semestres se hicieran pasar por docentes para hacerles la primiparada. Entonces le tocó ponerse serio.
Desde muy pequeño sabía que iba a ser maestro, algún día. La oportunidad llegó solo dos años después de graduarse como técnico en publicidad en el Instituto de Artes. Cuando terminó de estudiar en 1991, las agencias de publicidad empezaron a usar computadores y él era un técnico manual, de coger el lápiz. Le tocó estudiar Corel Draw para poder conseguir trabajo y como se fue especializando en la parte digital, y en el Instituto necesitaban docentes, fue profesor.
“Yo lo tenía claro. El ejemplo de mi padre fue contundente. La manera como atendía a los estudiantes, la dedicación para preparar clase, calificar y solucionar problemas. Uno lo veía feliz haciendo su labor como maestro y médico”. Tan feliz que Samuel pensó al principio que debía irse por la Medicina y hasta alcanzó a estudiar tres semestres. En los talleres de partos o donde había muchas heridas se dio cuenta de que no era lo suyo. Le hizo caso a los exámenes psicológicos y estudió Publicidad, si bien después se hizo profesional en Administración comercial y de mercadeo.
“Él no se preparó para ser docente -cuenta María Patricia Naso, su esposa-, pero se hizo en la docencia porque le gustó, e incluso le sirvió para prepararse más. Él hizo su especialización y maestría pensando en ello, no en otra cosa”.
Él tiene su estilo. Es estricto y sincero y le gusta conversar con cada alumno sobre sus errores específicos. Además, y en eso coinciden muchos, “es un ser humano increíble, siempre pendiente de sus alumnos, de las dudas que se tengan”, expresó Dayana Hernández en redes sociales.
Aunque mientras dicta clase son profesor y alumno, y nada más, está ahí para cuando lo necesiten. Los amigos llegan después. En contactos tiene casi mil personas en Facebook y, dice, más de 800 han sido estudiantes. Lo que lo hace feliz es la satisfacción de verlos crecer profesionalmente, de que incluso después de tres años aún lo llamen a hacerle preguntas, a revisar un trabajo o, simplemente, a recordar esos días en que lo veían al lado del tablero, haciéndolos enamorar de su profesión.