Motores

¿Qué tal dirigibles para estos tacos?

Un proyecto de la firma Hybrid Air Vehicles busca revivir esta forma de transporte.

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Comunicador social y periodista. Actualmente redactor de los temas de la industria automotriz nacional y global. Y también explorando temáticas de estilo de vida y turismo.

23 de abril de 2016

La firma de origen británico Hybrid Air Vehicles, con su proyecto Airlander 10, pretende revivir este medio de transporte.

Se trata de un artefacto volador que recupera la imagen general de los antiguos dirigibles, pero por supuesto con tecnologías modernas y una alta versatilidad para su operación.

La aeronave, que se prepara para desarrollar su primer vuelo de prueba, está orientada en principio al transporte de carga; incluso, dicen voceros de Hybrid Air Vehicles, podría servir para transportar suministros en zonas de desastres, pero también, agregan, tiene potencial en el área de turismo.

Ascenso y caída

Para quien no sepa en qué consisten estos aparatos, quizá la referencia más cercana es el vehículo aéreo que ha hecho famoso una firma llantera como un elemento para hacer publicidad.

Pero estos dirigibles tuvieron su momento estelar en las primeras décadas del siglo XX, cuando se convirtieron en las primeras aeronaves para el transporte masivo de pasajeros y eran una especie de trasatlánticos en el aire.

El dirigible basa su aeronavegabilidad en su operación con base en gases de menor densidad que el aire, que permite su elevación y luego es comandado como si fuera un avión.

Ese momento dorado terminó de manera abrupta el 6 de mayo de 1937 cuando el dirigible Hindenburg, de 245 metros de largo y 41 de diámetro, se incendió con sus 14 balones de hidrógeno en una maniobra de aterrizaje en New Jersey y ocasionó la muerte a 36 personas.

Pero 79 años después, los gestores del Airlander calman a quienes todavía asocian al dirigible con esta catástrofe.

Por ejemplo, no cargará hidrógeno en sus tanques, como su antecesor siniestrado.

Esta vez, el gas que permite al dirigible atravesar el cielo no será el volátil hidrógeno, sino el helio, más estable.

Una de las ventajas es que se trata de una aeronave que no generaría un impacto ambiental fuerte y su funcionamiento puede controlarse remotamente, permaneciendo hasta tres semanas en el aire sin tripulación, o cinco días cuando se trata de un vuelo tripulado de forma directa.

El proyecto cuenta con el patrocinio del gobierno de Reino Unido, que aportó un crédito de 4.8 millones de dólares para su desarrollo, y otros 2.7 millones de la Unión Europea.