Camina conmigo: así es la maravillosa caminata por los chorros de Tapartó, una ruta para familias y aventureros
Los Chorros de Tapartó son de esas rutas que no exigen prisa ni destreza absoluta: invitan. Invitan a ir con niños, con mascotas, con amigos, con miedos; a dejar que el paisaje rural de Antioquia prepare el espíritu antes de que el agua termine el trabajo.
Analista SEO Senior en El Colombiano. Comunicadora Social y Fotógrafa de la Universidad Católica Luis Amigó, con diplomado en Neuromarketing y Marketing Digital de la Universidad EAFIT. Su enfoque profesional combina el análisis de datos con estrategias educomunicativas orientadas a la transformación social. Senderista de alta montaña, traslada la disciplina de las cumbres a su labor digital. Es la creadora de Camine Conmigo, donde ejerce como periodista de viajes y cultura, disciplinas que nutre a través de su pasión por la poesía y las artes.
El agua cae desde más de cien metros y lo hace sin pedir permiso. Así comienzan los Chorros de Tapartó, una serie de cascadas y pozos naturales esculpidos por el río Tapartó en el corazón montañoso del suroeste antioqueño, donde la Cordillera Occidental se pliega en verde y roca. Para llegar hasta allí hay que madrugar; nos encontramos a las seis de la mañana en la estación Estadio del Metro, que siempre es punto de encuentro y promesa.
El trayecto es largo —entre tres y cuatro horas—, pero nunca pesado: avanzamos en bus con el Club de los Perdidos, guiados por Leandro Osorio, politólogo, caminante y guardián de múltiples saberes, y por Felipe Naranjo —Pipe—, quien ha convertido el acto de caminar en una forma de ayudar a otros a encontrarse. Con ellos, el viaje hacia el parque principal de Jardín no es solo un traslado: es el inicio de un relato que se va contando kilómetro a kilómetro.
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El camino hacia Tapartó es, ante todo, una lección de ritmo. Al comenzar, aparecen las casas típicas del corregimiento: fachadas amarillas y naranjas que brillan como si el sol las hubiera escogido una por una. Luego, el pueblo se abre y empieza el camino real , ese punto exacto donde lo urbano se despide y la montaña toma la palabra.
Durante los primeros kilómetros —entre una y dos horas según el paso— la caminata es amable. Siete kilómetros de carretera destapada, sin sombra, en ascenso leve, con un nivel 2 de dificultad (en una escala de 1 a 5). Es el perfecto tramo para venir en familia, para traer niños y enseñarles que el café no nace en una taza, sino en la tierra; para caminar con mascotas y aprender, juntos, la sencilla felicidad de estar vivos.
A un costado, el río Tapartó lo acompaña como un narrador constante. Su sonido —agua golpeando roca, corrientes que se encuentran— marca el pulso del recorrido. Buganvilias cuelgan de las puertas campesinas, se enredan en palos y matas, decoran sin pedir permiso. Entre cafetales se asoman las veredas , y más allá, como un privilegio visual, los Farallones de Citará se dejarán ver en primera fila.
La ruta avanza paralela al río por fincas cafeteras que explican la vocación económica del territorio. El valle se estrecha y las laderas revelan arrugas profundas por donde descienden riachuelos que tributan sus aguas limpias al Tapartó. En el lecho, piedras de todos los tamaños —rocas caprichosas, arenas suaves— confirman por qué este río se siente vivo.
Un puente marca el siguiente gesto del camino: se cruza y se sigue recto, siempre hacia donde apuntan los farallones. La comunidad aparece entonces como parte esencial del viaje: saluda, sonríe, se deja fotografiar. Caminar aquí no es solo avanzar; es escuchar risas, compartir silencios, habitar el instante.
Al final del camino abierto, un letrero anuncia: Propiedad privada – Café del Río . Hay parqueaderos para quienes prefieren llegar en carro o moto. La zona está protegida y, como si la montaña entendiera de rituales, aquí se puede comprar un fiambre . Comerlo junto al río, sabiendo que los chorros están a diez minutos, es uno de esos placeres que no necesitan explicación.
Y entonces, el agua. Los Chorros de Tapartó se revelan en su inmensidad: tres cascadas consecutivas, 120 metros de caída, cerca de 19 metros cúbicos por segundo. El agua es helada —entre 5 y 10 grados— y los habitantes dicen que si se siente demasiado fría es porque uno llega cargado de ciudad. Hablan de energía, de ionización, de choques térmicos que limpian. Ciencia popular o poesía corporal: lo cierto es que entrar despacio, alzar los brazos y dejar que el agua golpee con violencia cariñosa transforma.
Cinco o diez minutos bastan. Se sale temblando, feliz, con hambre. Subimos al mirador y, frente a las tres cascadas, compartimos los fiambres. Algunos se quedan ahí; otros miran hacia arriba.
El camino fácil llega hasta la base de la cascada inferior. Para alcanzar las otras dos, la ruta se vuelve exigente: roca casi vertical, lazos, raíces, piso liso por las lluvias. Nivel 4 de dificultad. Decidimos subir cinco personas; yo, la única mujer, con un objetivo claro: meditar frente al nacimiento del agua.
La subida es intensa. Brazos más que piernas, instinto más que técnica. Roca húmeda, musgo, helechos, madera, insectos del bosque. El agua cae encima y nos devuelve a lo primario. Llegamos. Arriba, temblando, respiramos. Nos concentramos en el golpe del agua contra la roca, en la certeza breve de sentirnos unidos a todo. Nos minutos quedan suficientes. Bajamos.
El regreso es celebración: chiva, risas, humedad en la piel, vistas abiertas. Volvemos distintos. Más livianos.
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Tapartó espera sin prisa. Entre cafetales, río y montaña, los chorros caen con la paciencia de quien sabe que siempre habrá alguien dispuesto a escuchar. No importa si llegas caminando, en familia o buscando un reto mayor: el agua hará su trabajo. Solo hay que animarse a dar el primer paso.
Recomendaciones para ir a los Chorros de Tapartó
Llevar calzado con buen agarre, especialmente en temporada de lluvias.
Ropa cómoda, muda seca y chaqueta impermeable.
Entrar al agua de forma gradual para evitar choques térmicos fuertes.
Si viajas con niños o mascotas, quédate en el tramo inicial y la cascada inferior.
Respetar la propiedad privada y las zonas protegidas.
No dejar basura; lo que sube contigo, baja contigo.
Lleva traje de baño y efectivo.
Ficha técnica de Chorros de Tapartó
Ubicación: Corregimiento de Tapartó, suroeste de Antioquia, Colombia.
Municipios: Andes (corregimiento de Tapartó). Acceso habitual desde Jardín.
Distancia aproximada: 7 a 8 kilómetros (ida), según el punto de inicio y el tramo elegido.
Duración: 4 a 6 horas en total, incluyendo paradas, descanso y tiempo en las cascadas.
Altura máxima: Aprox. 1.950 m s. n. m. (zona de nacimiento de los chorros).
Altura mínima: Aprox. 1.450 m s. n. m. (sector del camino real y cascada inferior).
Desnivel positivo: Entre 450 y 550 metros, dependiendo del ascenso final.
Desnivel negativo: Entre 450 y 550 metros (retorno por el mismo sendero).
Nivel de dificultad:
Tramo inicial: Bajo – medio (2/5), apto para familias, niños y mascotas.
Tramo final a cascadas superiores: Alto (4/5), terreno empinado y resbaladizo.
Temperatura promedio:
Entre 14 °C y 22 °C. Y temperatura del agua: entre 5 °C y 10 °C.
Clima: Templado húmedo de montaña. Lluvias frecuentes; el sendero puede volverse resbaladizo en temporada invernal.