Elecciones 2026

“Los violentos no han hecho sino tratar de apoyar a Iván Cepeda”: entrevista con Paloma Valencia

La candidata Paloma Valencia dice que “si hubieran dejado extraditar a Santrich y a Iván Márquez, Miguel Uribe estaría vivo”. Cuenta detalles inéditos de su historia, que impondrá el decomiso de drogas en parques y entornos escolares y que destinará $3 billones para desatrasar los medicamentos de los colombianos.

Loading...
19 de abril de 2026

En las más recientes encuestas Paloma Valencia aparece como la candidata de mayor crecimiento. Un dato clave porque en materia de opinión pública la tendencia suele ser más importante que la foto fija del momento.

La senadora ha crecido hasta 16 puntos entre enero y las más recientes encuestas. Mientras que Abelardo de la Espriella se ha mantenido en sus mismos números e Iván Cepeda crece discretamente.

Cuando quedan poco más de 40 días para las elecciones, Paloma se ha convertido en un peligro para las aspiraciones de los que hasta hace poco punteaban las encuestas: a De la Espriella lo podría derrotar en primera vuelta y a Iván Cepeda en segunda.

EL COLOMBIANO habló con ella para conocer más en detalle de dónde viene, lo que la inspira y cómo gobernaría.

¿Qué sabe de las amenazas de muerte en su contra? ¿Le da miedo o está acostumbrada?

“Amenazas de redes se ven mucho. Me preocupan más las noticias de planes criminales en nuestra contra. Y claro que uno siente miedo, pero el miedo está para que lo venzamos.

Una de las razones por las que yo estoy en la política es porque no quiero que los violentos sean los que decidan qué se puede decir, quién puede hacer política o que con sus armas vayan cercenando la posibilidad de que los colombianos elijan a quién quieran de presidente. No vamos a parar hasta que tengamos una Colombia segura como la que nos merecemos.

Lea también: Primeros ‘encontronazos’ en debate de candidatos; faltaron Cepeda y Abelardo

¿Hay territorios a los que no va por seguridad?

“Lo que más me gusta de la política es darle la mano a los colombianos, darme un abrazo, tomarme una foto. Pero claro que hay territorios vedados, muchos municipios del Cauca, de Nariño, de Caquetá, en el Meta, y evitamos estar en esos sitios porque tampoco hay que dar papaya”.

¿El asesinato de Miguel Uribe le hizo dudar de seguir siendo candidata?

“Claro. Generó en mi familia muchas dudas en torno a que yo siguiera. Mi hija cambió su percepción de la política. Le cambió la tranquilidad de que uno se va y quién sabe sí va a volver. Pero yo creo que tiene que saber que no se trata solamente de uno, se trata de la esperanza de un país que no se quiere conformar con esa violencia”.

¿Y cómo convenció a su hija Amapola de que la dejara seguir?

“Ella no está tan convencida todavía. Tiene muchas dudas. Pero también ha ido entendiendo que la política no es un servicio sobre uno mismo, sino sobre un país. Que aquí hay una misión que trasciende a uno y a su familia.

La Fiscalía dice que a Miguel Uribe lo mató el Zarco Aldinever, que es parte de las disidencias de las Farc de Iván Márquez. Hay quienes creen que es porque era el candidato del uribismo ¿Ha pensado que si el propósito era ese, siendo usted ahora la candidata del uribismo, podrían atentar contra usted?

“Cuando ocurrieron los hechos de Miguel yo sentía una enorme presión y sentía las amenazas por todas partes. En ese entonces como ahora tengo la sensación de que no tenemos garantías para hacer política en Colombia.

Estamos haciendo política en un gobierno que tiene casi que un pacto criminal con los violentos y los violentos no han hecho sino tratar de apoyar a Iván Cepeda que ha estado a la cabeza de todas esas mesas de negociación que les han permitido ampliar el territorio donde ejercen control y aumentar el número de hombres.

Al país no se le puede olvidar que el Pacto Histórico obtuvo el 54% de los votos en territorios donde la Defensoría del Pueblo había hablado de un riesgo electoral por presencia y control de los grupos violentos”.

¿La paz total de Petro fue un error?

“Uno podría pensar que los grupos ilegales los traicionaron. Pero muy rápido se empieza a ver un máximo de homicidios históricos en municipios, el crecimiento del número de hombres en armas, y el Gobierno Nacional a pesar de que lo sabe, persiste en la política. Esto no es un error, sino un plan”.

¿Sugiere que hay algún tipo de hilo entre quienes hoy son sus contendores electorales y estos grupos a los que la Fiscalía ha señalado de ser responsables de la muerte de Miguel Uribe?

“Recuerde que Estados Unidos pidió en extradición a Iván Márquez y a Santrich, porque los sorprendieron en el negocio de vender droga, a pesar de que a cada uno ya le habían asignado una curul en el Congreso de la República, el uno como senador y al otro como representante.

El senador Cepeda salió a defenderlos, diciendo que era un entrampamiento, que era gente buena. Hizo todo lo posible para que fuera imposible extraditarlos. Y lo lograron.

Lo sacaron de la cárcel y los señores no se dedicaron a servir a un propósito de paz, montaron inmediatamente la segunda Marquetalia, que ha sido uno de los grupos criminales narcoterroristas más tremendos de este país.

Y después al zarco Aldinever lo nombraron gestor de paz. Y gozando de ese beneficio pudo organizar el atentado contra Miguel Uribe. Entonces a uno sí le parece muy raro que van de error en error, de abrazo en abrazo, de sonrisa en sonrisa... si hubieran dejado extraditar a Santrich y a Iván Márquez, Miguel Uribe estaría vivo”.

¿De niña quería ser Presidente?

“Claro que fue un sueño de niña, pero luego como que le cae a uno el techo de cristal encima y en la adolescencia me parecía que yo ya presidente no podía ser.

En alguna conversación una amiga de la política me decía ¿ve y vos no querés ser candidata? Porque oigo a tus compañeros diciendo que van a ser candidatos y vos no decís nada. Y me fui dando cuenta que eso hace parte de las limitaciones que uno ni siquiera sabe que tiene.

Ahora pienso que las mujeres tenemos que tener la oportunidad de gobernar este país y que esa escalera que venimos construyendo durante tantísimas generaciones por tantas mujeres valientes tiene que concretarse en la posibilidad real de una mujer presidente.

Estamos listas para demostrar que la mujer colombiana no solo sueña el futuro, sino que es capaz de construirlo”.

¿Qué le significó nacer y crecer en una familia con dos figuras como sus abuelos, Mario Laserna, fundador de la Universidad de los Andes, un tipo innovador, creativo, y por otro lado su abuelo Guillermo León Valencia, presidente de la República, conservador?

“Una familia muy estimulante. Nunca nos pusieron a nuestros abuelos como una figura que nos aplastara. A veces, cuando las figuras son muy grandes, termina uno por pensar que jamás va a poder lograrlo. En mi caso fue todo lo contrario. Yo me acuerdo mucho de mi abuela materna, que era de Manizales, originaria de Sonsón.

Me decía “Palomita Valencia, ya tu abuelo Mario hizo la Universidad de los Andes, tu abuelo Valencia ya fue presidente. ¿Tú qué vas a hacer por Colombia? Tú tienes que ir pensando cuál va a ser tu aporte a este país”. Yo debía tener entonces cinco o seis años. Ella fue una figura muy importante en mi primera infancia, porque mis abuelos Valencia habían muerto muy jóvenes.

Mi abuela muere a los 53 años y mi abuelo a los 62. Entonces, cuando yo nací, me tocaron mi abuelo Mario y mi abuela Liliana, Y ella siempre me decía: aquí tenemos que estar listos para ver cómo es que uno ayuda, cómo soluciona, cómo uno aporta”.

¿Se hablaba mucho de política?

“Las conversaciones siempre fueron sobre inquietudes del país, sobre la educación, sobre la movilidad social, sobre la seguridad. En mi familia no se habla de otra cosa.

Eso también le da a uno desde muy chiquito un criterio sobre las necesidades que tiene este país, sobre lo duro que es la pobreza, sobre el abandono que tenemos en tantos territorios.

Yo crecí en el Cauca viendo cómo mataban a los papás de mis amigas, como secuestraban, cómo se tomaban los pueblos, cómo el amigo de la política de mi papá lo mataron, cómo aparecían personas con diez tiros en la cabeza.

Una infancia, una adolescencia muy marcada por la presencia de la violencia en este país, sobre todo por la urgencia de remediarla. Y por eso es que yo me vuelvo tan uribista”.

Lea también: Las movidas electorales de la derecha y el centro: ¿en qué están Paloma, Abelardo, Roy y Fajardo?

¿Desde entonces?

“Cuando llego a la universidad. Ese silencio con el que el país asumía la violencia, esa desesperación, esa frustración, me acercó mucho al entonces gobernador de Antioquia que decía claro y duro que la seguridad la tiene que garantizar el Estado, no más guerrillas asesinándonos ni creer que los paramilitares nos defienden. Ese fue un encuentro político muy significativo en mi vida”.

Hay quienes dicen, desde la orilla de De la Espriella, que usted no es tan uribista porque ha hablado bien de “los mamertos” y tiene a Juan Daniel Oviedo ¿Qué tan uribista es? ¿O qué versión nueva de Uribe sería?

“Yo soy 100 % uribista. Quienes no han estado al lado del presidente Uribe, pensarán que él es un hombre sectario y antipático, pero es un hombre absolutamente generoso, es amable en su trato, respeta las ideas de los otros, y siempre quiere construir. Yo llevo trece años trabajando al lado del presidente Uribe.

Nosotros, en el partido, a veces estamos de moda como ahora, pero ha habido épocas donde al uribismo lo maltratan, nos tiran al ostracismo, como si tuviéramos lepra, nos tiran la comida por un huequito.

Yo nunca me he corrido de las convicciones, ni de los principios. Yo sí soy Paloma, la de siempre, uribista desde que estaba en la universidad. Yo no tengo discursos alabando a Petro, ni tengo fotos con criminales, ni he estado cerquita nunca de nada distinto que haya sido la defensa de las cosas en las que creo y en las que me identifico.

Estoy convencida de que las convicciones y los principios firmes no riñen con el diálogo, con el afecto y con la empatía que uno puede sentir con cualquier ser humano. Yo tengo solo una línea roja: los que tienen manchadas las manos de sangre y los corruptos”.

Uno de los grandes episodios trágicos de este país ha sido el de los falsos positivos y se dio durante el gobierno de Álvaro Uribe ¿Cómo ha resuelto el dilema de hacer esa defensa tan fuerte del expresidente?

“Los falsos positivos son atroces. Pero es que el propio presidente Uribe lo reconoce así, que usted tenga miembros de la Fuerza Pública que van y asesinan a unos muchachos que reclutan falsamente en Soacha eso tiene que pagarse con cárcel, porque ese es un delito de lesa humanidad.

Yo jamás he visto al presidente Uribe pedir piedad contra quien comete con el uniforme un delito. El presidente Uribe dio de baja a 19 oficiales de la Fuerza Pública. Muchos de los responsables empezaron a pagar cárcel por lo que había sucedido.

Fue la JEP la que los liberó. Pero yo en esto soy muy clara: lo que sucedió no fue culpa del presidente Uribe, ni se le puede endilgar responsabilidad.

Fue la acción de unos ciertos miembros de la Fuerza Pública que cometieron delitos atroces y que como tal tienen que responder con toda la severidad de la ley. Yo lamento que la JEP los haya liberado”.

Siguiendo con el tema familiar, me encontré con que Josefina Valencia Muñoz era tía abuela suya: uno de los personajes claves para las mujeres en la historia de Colombia, primera mujer gobernadora del Cauca, primera ministra de Educación...

“Ella era hermana de mi abuelo Guillermo León, y logró convencer al general Rojas de la necesidad de darle el voto a las mujeres. La anécdota es muy bonita porque ella se le acerca y le dice ‘¿ustedes los militares por qué no hacen por Colombia lo que no han sido capaces de hacer ni los conservadores ni los liberales?’. Él le preguntó ¿qué será? — Déle el voto a las mujeres. Y habló con él largo rato.

El general debió quedar muy impactado porque inmediatamente ordenó a sus ministros que hablaran con ella para ver cómo incorporaban a algunas mujeres en la Asamblea Nacional Constituyente que estaba funcionando en aquel momento.

Comienza un debate muy duro y mis tías me cuentan que les llegaban cartas de todas las mujeres de Colombia pidiéndoles que por favor no fueran a dañar lo que era la mujer colombiana, que como era posible”.

¿Qué significa ser la primera mujer presidente?

“Uno siente mucha gratitud y la gratitud es un sentimiento muy bonito. Gratitud con el país, con el partido, con el presidente Uribe, con la ciudadanía que me está apoyando. Pero también una enorme responsabilidad.

Porque a las mujeres nos miden con un metro distinto, nos exigen más, cualquier error nos lo cobran y yo sé que voy a tener que trabajar el doble y hacer el doble para siquiera salir medianamente bien evaluada.

Todos los días le pido a Dios que me deje ganar solo si soy capaz de cumplirles a los colombianos y si puedo ser una buena presidenta, si esto le sirve a esta nación y si somos capaces de hacer cosas que realmente transformen la vida de la gente”.

¿En qué medida puede ser distinto un gobierno de una mujer?

“En muchas. Primero, tener una política amplia con las mujeres. Las mujeres han estado muy olvidadas en este país. ¿Cómo logramos generar ingresos a las madres cabeza de hogar, que son casi la mitad de los hogares de este país?

¿Cómo logra uno empoderar a las mujeres en un país donde hay tanta violencia contra ellas? ¿Cómo les damos, por ejemplo, vivienda a las mujeres para que cuando las maltraten, el que se tenga que ir sea otro y no ella?

Pero por otro lado creo que las mujeres tenemos la virtud de organizar la casa y de poder empatizar y expresar nuestros sentimientos más fácilmente.

El país necesita que lo quieran y que quieran a cada colombiano en su diversidad, que tengamos mano firme para imponer disciplina, pero sobre todo corazón para querer un país al que a veces siento como muy huérfano”.

¿Ha tenido una vida cómoda?

“He tenido una familia en la que nunca me ha faltado nada. Una familia muy austera. Una familia de principios muy firmes. La exigencia ética siempre ha sido muy alta. Una familia que considera que el servicio público, que los bienes públicos son los más importantes.

El papá de mi abuelo Mario era paisa, un gran empresario, tuvo muchos recursos, y el abuelo Mario destinó muchos de sus recursos a la Universidad de los Andes, que es una fundación no en beneficio de la familia, donde ni siquiera estamos en los consejos directivos, sino en beneficio de la sociedad colombiana.

Mi abuelo Guillermo León entró a la presidencia y salió más pobre de lo que entró. Jamás nos hemos enriquecido ni hemos buscado la riqueza como un fin de nuestras vidas. Y yo creo que eso también es una enseñanza muy clara de mi familia, con un compromiso siempre de querer hacer las cosas que le sirvan al país”.

¿De lo que ha hecho en el Congreso, de qué se siente más orgullosa?

“Pues yo tengo dos o tres leyes que son mis banderas. Yo creo que el gran tema de este país es cómo vamos a sacar adelante el 56% de los colombianos que hoy trabajan todo el día y que no logran ni siquiera hacer un salario mínimo.

Pensé cómo construir una especie de peldaños, de escalera, para que esa cantidad de mini emprendedores que tiene este país, que se la pasan trabajando y que no logran tener ingresos dignos puedan crecer. Creamos el Invima artesanal, el registro de Cámara de Comercio gratuito y logramos rebajas en los impuestos para ellos.

La segunda que me encanta es la ley de los paneleros, porque en treinta años nadie ha hecho algo por ese sector que es el más pobre. Lo más importante fue que logramos romper el monopolio de los licores para que los trapiches puedan producirlo.

¿Se imagina hacer la ruta del ron en Antioquia, donde esos campesinos puedan recibir recursos, como ocurre con la ruta del vino en California o la del mezcal en México? Y la tercera he estado dedicada a las madres cabeza de hogar con todo un sistema de alertas temprana, un programa de ayuda y de electrodomésticos para el cuidado.

Supongamos que la eligen ¿Qué haría ese 7 de agosto?

“La primera decisión es la militarización de la vía Cali-Popayán-Pasto porque hoy tenemos cinco secuestros diarios en esa vía. Yo no quiero ver a mis coterráneos sufriendo porque les da miedo circular por esa vía.

El suroccidente del país hoy está sufriendo horrible con la guerra comercial que tiene Petro con el presidente Noboa. Usted llega a Ipiales y se encuentra a la gente en la miseria, con todos los locales en arriendo, la gente desesperada.

La segunda decisión, vamos a tener una reunión con todos los alcaldes y gobernadores que están cansados de esperar que un presidente los escuche para trazar un plan de acción y de inversiones en los territorios.

En tercer lugar, vamos a avanzar con toda decisión en la captura de los extorsionistas para quitar de encima a ese vampiro que viene desangrando a toda la población colombiana.

Y ese mismo día sale el decreto de decomiso de la droga, de las calles, de los parques y de los entornos escolares de Colombia. No más droga en las calles de Colombia”.

Justo esta semana presentó su plan de gobierno y, además del tema de informalidad que menciona, tiene un énfasis importante en seguridad y salud...

“Nuestra política de seguridad busca la reducción de los ingresos de los ilegales a través de una política antidrogas y de la minería criminal.

Un robustecimiento de la fuerza pública, para lo cual queremos restablecer las relaciones con los Estados Unidos y los países aliados para recuperar capacidades de inteligencia, tecnología de última punta para que podamos sacar adelante este país”.

Reenamorar las comunidades. Una sustitución forzosa pero generosa, que le deje ingresos a esos campesinos y que se los arrebate a la ilegalidad y una justicia eficaz donde podamos tener castigo, no con cárceles masivas y terribles, sino con colonias agrícolas donde la gente tenga espacio de resocialización pero que ellos mismos se mantengan”.

¿Y qué va a hacer con esta crisis tan grave de la salud?

“Lo primero es la gran compra de medicamentos. Vamos a destinar $3 billones para que no haya ningún colombiano sin el medicamento que necesita.

Segundo, vamos a tener la auditoría de las cuentas de la salud, que son billones de pesos y vamos a negociar una titularización, eso es que a través de deuda pública vamos a entregarle unos títulos a los hospitales y clínicas de Colombia para sanear la deuda.

Eso significa que en los primeros cien días vamos a crear las condiciones para desatrasar los diez millones de atenciones que tienen pendientes los colombianos, tratamientos, operaciones, medicamentos, para que podamos volver a relanzar el sistema de salud.

Y ahí vienen las modificaciones: salud en los territorios con telemedicina atendida por especialistas que están en los hospitales, vamos a tener mejores salarios y pago oportuno a los médicos y las enfermeras y vamos a recalibrar lo que se paga en salud por cada colombiano, la UPC, para que cuiden más a los pacientes crónicos de enfermedades huérfanas y especialmente los pacientes con condiciones de discapacidad que hoy están olvidados y abandonados en Colombia.

Yo tengo un sentimiento de gratitud y de compromiso con Antioquia, que ha sido el departamento que más me ha apoyado no solamente en mi carrera política, sino ahora en esta campaña.

Quiero decirle a los antioqueños que aquí van a tener una antioqueña más, porque mi compromiso es de corazón y sobre todo de reconocimiento con Antioquia, que se ha resistido a perder la democracia y que sigue soñando con que la libertad que perfuma a esas montañas la puedan respirar también nuestros hijos”.