Generación

“Padecía de una fobia anticatólica y con este libro ya no la padezco”: Javier Cercas

Ateo confeso, el escritor español Javier Cercas –estará en la Piloto el miércoles 28 de enero a las 6 de la tarde– aceptó la invitación del Vaticano a acompañar a Francisco en un viaje internacional. Durante ese tiempo conoció al hombre que le dio nuevo aire al catolicismo y de allí salió su libro El loco de Dios en el fin del mundo.

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Periodista y politólogo de la Universidad Javeriana de Bogotá. Máster en audio digital y pódcast del Centro de Estudios Superiores Barreira en España. He desempeñado distintos roles en Colmundo Radio, El Tiempo y Noticias RCN. En EL COLOMBIANO cubrí al presidente Gustavo Petro y actualmente soy el editor de Actualidad que abarca temas políticos, judiciales, de salud e internacionales. Cocinero aficionado, melómano y cinéfilo.

hace 25 minutos

El inicio del libro más reciente del español Javier Cercas, El loco de Dios en el fin del mundo (Random House, 2025), parece una de esas películas a las que se opondría el Vaticano al instante: “Soy ateo. Soy anticlerical. Soy un laicista militante, un racionalista contumaz (...) pero aquí me tienen, volando en dirección a Mongolia con el anciano vicario de Cristo en la Tierra, dispuesto a interrogarle sobre la resurrección de la carne y la vida eterna”.

No fue una película. Sucedió meses antes de que el papa Francisco muriera por iniciativa del propio Vaticano. El aclamado novelista, autor de los bestsellers Soldados de Salamina o Anatomía de un instante, hizo esta historia que es una mezcla de crónica de viaje, reportaje y novela, como él mismo reconoce. Es, realmente, un experimento por entender el sentido de la vida a través de la religión, pero que usa como pretexto el tipo de iglesia que quiso dejar el argentino Bergoglio.

Cercas, invitado al Hay Festival 2026 en Jericó y Cartagena, habló con GENERACIÓN sobre este libro y de cómo cambió su forma de ver el catolicismo en relación con sus valores; opina sobre el nuevo papa, León XIV, de quien dice que “se ha guardado muchas cosas”. También habla de comida y de correr, aspectos casi tan –o más– importantes que la religión misma.

Después del revuelo sobre El loco de Dios en el fin del mundo, que coincidió con la muerte del papa Francisco, ¿cómo se siente meses después?

Es complicado porque efectivamente han pasado muchas cosas. Creo que de las menos relevantes es la muerte del papa Francisco, fíjate, porque en el fondo era previsible. O sea, era un hombre muy mayor, estaba enfermo. En algún momento tenía que morir. Quizá menos previsible ha sido, efectivamente, el impacto y el revuelo que ha generado no solamente en España, no solamente en español, sino en muchos lugares. Es difícil para mí explicar qué es lo que ha ocurrido, porque además en los distintos países han ocurrido cosas distintas también.

En general, el libro ha sido muy bien recibido. Es obvio que el libro era un libro especial, aunque solo sea por el hecho de que por vez primera la Iglesia católica abría sus puertas a un escritor y, encima, un escritor, no creyente, digámoslo así. Yo siempre espero que ocurra lo mejor con mis libros, pero en este caso ha sido muy bueno. Está siendo muy bueno porque en realidad el libro está muy vivo todavía y además en muchas lenguas.

Entonces, ¿cómo me siento? A veces siento que debería estar pensando en otras cosas, lo estoy intentando, pero me cuesta trabajo, la verdad, porque vuelven y vuelven estos temas. Claro, son temas fundamentales. Este libro no habla del papa Francisco, como es obvio. Este libro habla de la religión, de qué hacemos con la religión en un mundo que ya no es religioso, en Occidente, me refiero. Qué hacemos con el catolicismo cuando el catolicismo está en retirada y ha sido absolutamente esencial durante el cristianismo, que ha sido esencial durante dos mil años de historia, ahora está en retirada. ¿Qué hacemos con él? ¿Qué relación tenemos con él?

El papa Francisco no es más que una excusa, es el instrumento para formular esas preguntas. Es un libro hecho, como todos mis libros, intentando entender y teniendo una mirada limpia y desprejuiciada sobre el asunto del que trato. Solo que en este caso es un asunto de primera magnitud universal. Y un asunto del cual esa mirada limpia y desprejuiciada quizá era más difícil, sobre todo en nuestros países, como Colombia y España, en los que el catolicismo, el cristianismo, tenía una presencia enorme. Era muy difícil hacer ese ejercicio de mirar a la religión con ojos limpios. Eso es lo que yo he intentado y creo, en el fondo, que eso es lo que más ha sorprendido, eso es muy grato, tener la sensación de que al menos eso lo he conseguido o en parte lo he conseguido”.

En el plano personal, ¿cambiaron sus preocupaciones, digamos, espirituales y no teológicas?

Es complicado también eso. Mi relación con la Iglesia Católica ha cambiado. Eso es verdad. Es decir, hubiese sido horrible que no hubiese cambiado, ¿no? Un libro es una aventura. Y una aventura que no te cambia no es una aventura. La literatura es una forma de conocimiento y de placer, para empezar, pero también de conocimiento.

Por un lado, como tantos españoles y creo que tantos colombianos y creo que tanta gente, yo padecía de una fobia anticatólica. Así de claro. Para escribir este libro me la tuve que quitar y ya no padezco esa fobia, lo cual es una gran cosa. Es fantástico. Esa fobia la comprendo perfectamente y está justificada porque en España en particular, pero en Colombia, en tantos sitios, donde la Iglesia ha tenido un papel terrible, con algunas cosas buenas y muchísimas malísimas, pésimas, horribles. Entonces, para escribir el libro tuve que quitarme esa fobia, porque con una fobia tú no puedes entender nada. Y si no puedes entender, pues más vale que te calles, ¿no?

Por otro lado, veo las cosas con muchísima más complejidad. Veo que en la Iglesia Católica es infinitamente compleja, lo ha sido a lo largo de la historia y lo sigue siendo ahora mismo; que en la Iglesia católica conviven, por ejemplo, por ponernos en términos políticos, desde la extrema izquierda a la extrema derecha. Que cada país tiene una Iglesia distinta, cada sociedad tiene una Iglesia distinta y que no se parece en nada muchas veces unas de otras.

He perdido esa fobia, lo cual no significa que haya perdido la capacidad de criticar, todo lo contrario. Los males de la Iglesia son terribles y los errores históricos de la Iglesia han sido terribles. Pero ahora soy capaz de ver las cosas con más complejidad.

La espiritualidad es otra cosa. No sé qué quiere decir la gente cuando habla de espiritualidad, honestamente, creo que quiere decir tantas cosas que al final no quiere decir nada. ¿Qué demonios es la espiritualidad? ¿Lo que no es material? No sé”.

De pronto mucha gente la asocia a no tener religión, pero igual creer en un ser superior...“Bueno, pero a eso le llamo religión. Es decir, si tú crees en un ser supremo, eso es una religión. Digamos que tu religión, llámale como quieras, pero es una forma de fe. Si espiritualidad es lo contrario de materialidad, pues es el amor, en fin, los escritores no hacemos más que trabajar con cosas espirituales (risas). Creo que a veces quieren decir también religiones alternativas. No lo sé muy bien. Creo que ese concepto es demasiado gaseoso. O sea, no conformarse con la materialidad de la vida me parece que es lo mínimo. Es decir, si solo existe lo material, no existe, por ejemplo, el amor, el afecto, no existe la generosidad, no existen los valores éticos. Y obviamente una vida sin eso, pues no es vida, es solamente una vida básicamente animal. Yo entiendo lo que es la religión. Entiendo las diversas religiones y entiendo la fe, quiero decir, sé de qué hablan cuando se habla de la fe en algo que nos trasciende. Pero fíjate, la trascendencia tampoco necesariamente es religiosa, ¿no? Es decir, la literatura, la música, el arte, por definición, el gran arte es trascendente, trasciende a aquel que lo ha compuesto. Y la prueba es que aquí seguimos escuchando a Bach y leyendo a Shakespeare y Cervantes”.

Y su relación frente a esos valores o nociones de vida traducidas al amor, compasión o empatía, ¿cambió después de la experiencia con el papa Francisco y el libro?

No lo sé. Estamos hablando de ética. La ética no es solamente religiosa. O sea, la Iglesia cometió un gran error cuando intentó monopolizar la noción de moral y ética. Existe una ética laica. Creo que la generosidad es mejor que la mezquindad y que la valentía es mejor que la cobardía. Creo que existen valores y merecen la pena. Faulkner las llamaba las viejas verdades del alma. Y esas verdades existen al margen de la religión. A veces existen con la religión. La religión no es incompatible con ellas, pero existen también al margen de la religión. ¿Eso ha cambiado? No creo que sea lo esencial. Yo antes creía que eran mejores determinadas cosas y sigo creyendo que esas cosas son valiosas Insisto: lo que ha cambiado, sobre todo, es mi visión de la religión, del cristianismo, del catolicismo y mi visión de Jesucristo, por ejemplo. De ese tipo de cosas. Más que la visión sobre mis valores, que no son incompatibles con el cristianismo. Antes lo veía muy incompatibles con el cristianismo. Ahora no, pero claro, hablamos del cristianismo de Cristo, no del cristianismo que ha dominado en la Iglesia Católica a lo largo de su historia, que es un cristianismo pervertido, una perversión del cristianismo”.

¿Cómo ha leído la figura del nuevo papa León XIV? Es un misionero, parecido a tantos que salen en su libro.

Bueno, lo vamos conociendo. Todavía no se ha revelado del todo. Es un hombre muy prudente y discreto, muy lento en revelarse. Creo que se está guardando muchas cosas. Francisco fue un poco lo contrario. Es que en muchos sentidos él es lo contrario y en otros es un continuador. Lo has dicho muy bien, hay un hecho definitorio de este papa y es que es un misionero, antes que nada. La encarnación de la Iglesia más pura, diría Francisco. El cristiano tiene que ser misionero o no es cristiano. Bueno, pues aquí tenemos a un misionero, es decir, el que encarna el cristianismo de Cristo.

Por un lado es un misionero, pero por otro lado —esto es una combinación extraordinaria que , hasta donde yo sé, nunca se había dado en un papa—, es un hombre que conoce bien la curia, el Vaticano, los entresijos del poder de la Iglesia. Porque Francisco quiso que así fuera en sus últimos años. Entonces esa combinación yo nunca la había visto. No creo que haya un papa en ese sentido como él.

Por otro lado, lo que por ahora sabemos es que es un hombre que va a seguir la línea de Francisco en el sentido más importante, en el sentido en que el papado de Francisco intentó ser un papado revolucionario, en el sentido de volver, repito, al cristianismo de Cristo. La gran revolución que intenta la Iglesia desde el Vaticano II, a finales del cincuenta, principios del sesenta, que es el gran concilio, es volver al cristianismo de Cristo. Y Francisco se lo toma muy en serio. Es el que más en serio se lo ha tomado desde el concilio, porque es un hijo del concilio.

Entonces, esa misma línea es la que parece que va a seguir este papa. Aunque el fondo sea el mismo, las formas son distintas, casi opuestas. Es decir, si Francisco vino a revolucionar, este ha venido a coser las rupturas que provocó esa revolución. Este ha venido a un cierto retorno al orden en las formas. Eso lo vimos desde el principio y lo seguimos viendo ahora en muchos sentidos. Entonces, en algunos aspectos es un continuador y en otros aspectos es lo contrario. Hay que ver porque no se ha revelado todavía, no ha hecho grandes manifiestos, ni grandes declaraciones, ni ha mostrado mucho sus cartas. A lo mejor viene precisamente a eso, a no mostrarlas y a hacer un papado, esto está claro, mucho más tranquilo. Francisco fue un papa muy disruptivo, el más disruptivo desde Juan XXIII, diría yo”.

Antes de aterrizar en el libro, tengo una pregunta de método. Cuando lo leía me preguntaba cómo hace este escritor para ser tan fidedigno con las conversaciones que tenía con curas y la gente en general. ¿Cómo hacía en la práctica? ¿Llevaba grabadora o escribía cada noche?

Cada noche escribía, cada noche tomaba notas, cada día tomaba notas a todas horas. Pero también lo grababa todo. Yo desde hace muchos años trabajo grabando con una cámara. Yo voy con una cámara, con mi cámara, y lo grabo todo. De manera que me olvido de tomar notas. No tengo que tomar notas, solo las tomo por las noches y sobre cosas, digamos, laterales. Las conversaciones que tengo, las cosas que veo, etcétera, todas esas están grabadas. Y de hecho ya hay gente que está trabajando en una película sobre el asunto, como han trabajado en películas con otros libros míos. Eso es un sistema que tengo y que me va muy bien, y eso me permite ser muy fiel y reparar en cosas fundamentales como las expresiones de las personas, los gestos, las miradas. Todo eso queda grabado y yo luego lo exploro, puedo examinarlo con atención”.

En el libro hay conversaciones con varios personajes muy curiosos. Empezando por Fazzini, que es una suerte de Sancho Panza y usted vendría a ser Don Quijote. ¿Qué fue lo que más le sorprendió de todos ellos?

“Sí, todos eran completamente diversos. Quizá lo más llamativo, lo más sorprendente, son los misioneros y las misioneras, pero también los cardenales. También los amigos del papa. También los intelectuales más próximos al papa. Todo el mundo que aparece por ahí me parece sorprendente. Todo el mundo. Para mí este libro ha sido ir de sorpresa en sorpresa. Nada de lo que yo esperaba que sería el Vaticano es lo que finalmente se me ha aparecido delante de los ojos. Entonces todo ha sido totalmente sorprendente.

Desde el principio hasta el final. Desde el momento en que me hacen una propuesta que nunca le han hecho a ningún escritor. Eso es totalmente sorprendente. Nunca en la historia de la Iglesia hasta el final del libro. Si yo fuese creyente, creería que el final es un pequeño milagro. Todo ha sido totalmente sorprendente. Y las personas que hay ahí, nunca me esperaba que serían como son.

Hombre, yo he hecho amigos. Esto me ha pasado con algunos libros; en este libro me ha pasado mucho. He hecho amigos y he hecho amistades reales. He sentido una gran solidaridad, cercanía con los misioneros. La radicalidad de los misioneros es la radicalidad del escritor. Hay una vocación, digamos, inflexible e intransigente, radical, como digo, que es la del escritor. Yo he sentido una cercanía grande con esta gente, que creo que se transparenta en el libro, y una admiración por esta gente”.

Cuando uno se pregunta por qué al Vaticano se le ocurre hacerle una propuesta inédita como la de que un tipo como usted, ateo y anticlerical, acompañe al papa Francisco a un país como Mongolia y haga un libro, se me ocurre que es como una de las campañas de marketing más rentables de la historia del Vaticano. He conocido testimonios de gente cercana que empezó a acercarse más a esa religión por su libro...

“No sé qué decirte. Yo sé que ellos corrían un enorme riesgo porque lo que cuento es la verdad y sabían con quién estaban tratando. Entonces me alegro de que quien acaba de leer el libro vea a la Iglesia, el catolicismo, la Iglesia católica, al catolicismo, el cristianismo de una manera completamente distinta, porque para eso sirve la literatura: para cambiar nuestra visión del mundo, que es la única manera en que se puede cambiar el mundo. Entonces me preocuparía mucho que la gente saliera del libro pensando exactamente lo mismo de la Iglesia que pensaba antes de leer el libro. Ahora, ¿que sientan una mayor cercanía? Yo cuento lo que he visto y lo que he vivido (risas). Exactamente eso. He sentido cercanía con la gente. Esa es la verdad y lo cuento. Y también cuento mis discrepancias. Y también cuento las cosas que no me han gustado nada del papa Francisco. Entonces iintento dar una visión lo más completa posible de esa cosa infinitamente compleja que es la Iglesia Católica, en particular y el cristianismo en general.

Creo que cada lector se crea su propio libro. Entonces creo que lo que ellos hicieron es un acto de coraje. Y es un acto de decir: ‘miren aquí, que venga este señor a hacer una especie de auditoría’, ¿sabes? Como los bancos cuando hacen una auditoría. Llega alguien de fuera a explicar cómo está la salud del banco. Pues eso es lo que ellos hicieron. El papa Francisco les decía a sus colaboradores más estrechos, cuando lo nombraron, “arriesgar”. Esto me lo dijeron varios. Arriesgar era uno de sus lemas. Bueno, esto era un riesgo. Podía salir bien, podía salir mal. Entonces cada uno tiene que juzgar. Lo que yo puedo decir es que yo no me he guardado nada que haya visto o que me hayan contado o que me pareciera relevante. Claro, hay cosas que me parecen irrelevantes.

Entonces cada lector tiene que ver las cosas a su modo. Como siempre ocurre con las novelas, porque esto es una novela, esto es un artefacto literario, antes que nada, esto no es un reportaje ni un ensayo. En parte es un reportaje, en parte es un ensayo, en parte es una biografía, en parte es una autobiografía, pero al final es una novela. Una novela en la que todo es verdad, en la que todo ha ocurrido de verdad”.

Y esa es una de las virtudes del libro, creo yo. Hablemos de otras cosas para cerrar. En una columna reciente de El País reflexiona sobre la glotonería. ¿Qué le gusta comer?

“(Risas) me encanta comer, me encanta; allí donde voy a probar lo que es la cocina del lugar. Por ejemplo, en Colombia ya estoy salivando con qué es lo que voy a comer. Me encanta la fruta que como en Colombia. Me encanta el café que tomo en Colombia. Me gusta mucho comer arepas. Están muy buenas. ¿Qué me gusta? Me gustan las lentejas”.

¿Con chorizo?

“Con chorizo me vuelven loco. No sé, es que me gusta comer de todo, la verdad. Soy omnívoro y soy muy glotón. Por fortuna corro por las mañanas, lo cual es un alivio. Bueno, pero no lo hago por disciplina, lo hago por pura adicción, por puro vicio. De esto hablo creo que hablo en el libro”.

Sí, por eso también le iba a preguntar sobre correr. ¿Qué tiene que ver ese ejercicio con la escritura y cuáles son sus rutinas?

“Todo. Mis libros están escritos al ritmo de rock and roll y al ritmo de la carrera matinal, últimamente. Creo que ese es uno de los secretos escondidos de mis libros. Tú has dicho que el secreto era la forma. Es que el secreto de este libro es la forma porque el secreto de la literatura es la forma. O sea, yo soy un escritor experimental que no osa decir su nombre. Mis libros son libros experimentales, pero no lo parecen. Es que un libro que parece experimental no es un libro experimental. El ejemplo máximo, por supuesto, es un libro que escribió un español que se llama Don Quijote de la Mancha. Ese es el libro experimental total. Todos los experimentos están ahí, pero no lo parece. Parece un libro popular, ¿verdad? Pues mis libros son así, o intento que sean así, y están escritos al ritmo de rock and roll.

De hecho, si te fijas, en este libro dos de los cuatro epígrafes son de los Rolling Stones. Esa es la música y mis libros están construidos como canciones de rock and roll y eso es lo que los hace tan singulares. Creo que ese es uno de los secretos. Ya te lo he contado. Acabo de contarte uno de mis secretos. Hablar de cosas como la Iglesia a ritmo de rock and roll, o como la Guerra Civil, o como los campos de concentración. ¿Quién ha hecho eso? Eso es lo que yo he intentado hacer y creo que es posible. Creo que esa es una de las singularidades de este libro: el ritmo, la forma, la construcción. Eso es lo que lo hace distinto.

Pero nunca hablo de estas cosas porque creo que un escritor experimental de verdad no tiene que alardear de ser un escritor experimental. Quien alardea de ser un escritor experimental no es un escritor experimental. Esta es una regla fundamental de la vida. Dime de qué presumes y te diré de qué careces, se dice en España. No sé si en Colombia se dice también”.

Sí, también. La pregunta típica de cierre, Javier, ¿en qué está trabajando?

No te lo puedo decir, pero te puedo decir que estoy trabajando en algo muy complicado. Pero no merece la pena escribir si no escribes algo muy complicado para que el libro luego parezca muy sencillo. Mis libros tratan de temas muy complicados, y son muy complicados, pero yo intento que el resultado sea muy sencillo, que todo el mundo pueda leerlo, porque aspiro a escribir libros fáciles de leer, difíciles de entender. Lo más complejo debe contarse de la forma más nítida y transparente. Ese es el trabajo del escritor. Eso es lo que he intentado hacer en este libro: contar una cosa tan compleja como la Iglesia católica, como el cristianismo, de una manera nítida, transparente, pero a la vez extraordinariamente compleja. Eso es lo que he intentado”.