Generación

“A veces es más difícil dibujar feo que dibujar lindo”: Jazmín Varela

Jazmín Varela llega a Colombia gracias al Festival Entreviñetas. Luego de estar en Bogotá, hará parte de la programación de la Fiesta del libro y la cultura en Medellín. Presenta, por primera vez en el país, Campeón, su tercera novela gráfica.

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Editora. Periodista y magíster en Hermenéutica literaria.

hace 22 minutos

Jazmín Varela (Rosario, 1988) tardó entre dos y tres años en dibujar las 500 páginas que, en algún momento, llegaron a conformar el posible cuerpo de Campeón. En compañía de su editor José Sainz, depuró la historia hasta llegar a las 352 del libro final. En el camino, consiguió una beca que la llevó a sentarse frente a la escritora argentina Ariana Harwicz y mostrarle los bocetos de su trabajo. Temerosa por la crudeza de las escenas que dibujaba, se encontró en ese primer público con que las hojas más descarnadas eran las más celebradas. Quizás por su verdad y su salvajismo. La idea o el dios detrás de Campeón es lo indomable que subyace en el amor y los vínculos de afecto y de violencia entre personas y animales de compañía.

Esta novela gráfica, recién publicada por la editorial Sigilo, Varela cuenta la historia de dos generaciones supuestamente malditas por el destino fatal de todos los perros que se cruzan con la familia. Indiferente al esfuerzo en el cuidado, la tragedia cae sobre estos animales dándole cumplimiento al miedo: todos van a morir y de las peores maneras. Pero, ¿realmente qué significa insistir en un amor que siempre termina en desgracia? En búsqueda de respuestas, avanza el libro al segundo capítulo en el que la hija del matrimonio -que ya ha enterrado a tres de sus perros-, vive sola en una ciudad que sufre una “época espantosa”. Las pintas en las paredes revelan que se trata de Argentina en el presente. Por tanto, así se ofrece una mirada a la soledad, la adicción, la enfermedad mental y el amor interespecie, yendo tan lejos como lo permiten los recursos de la fantasía, el terror y la arqueología al interior de la historia propia.

Hay muchos temas en el libro pero quisiera empezar por el que me impresionó más. Escuché que decías que, para ti, “Campeón es un registro de la manera que tiene de querer mi familia”.

Bueno, no debe ser particular de mi familia, sino de la manera de querer de cualquier ser humano. Cuando uno quiere mucho aparecen rasgos violentos también, me parece. No hay mucha separación entre querer y hacerle mal a alguien. Te lo puedo ejemplificar con algo que me pasó hace dos días. Yo ahora vivo en el campo y apareció un cachorro y me re encariñé, como que realmente conectamos mucho. Y antes de ayer, volvía de cenar, y acá cuando entramos los perros vienen todos corriendo a perseguir el auto. Y lo atropellé, lo atropellé sin querer. Y fue terrible.

Fue esa sensación de querer tanto algo que lo terminás rompiendo. De tanto cuidarlo o querer que esté bien, en un descuido, pasa un accidente y eso se rompe. Y siento que con la familia eso suele pasar. Los padres, de querer que estemos bien y que todo vaya bárbaro, a veces nos hacen daño. A eso me refería con la manera que tiene de querer mi familia. Es horrible lo que voy a decir, pero son súper invasivos. Y en esa invasión terminan no permitiéndote ser.

Los perros son los protagonistas, las figuras que jalonan la trama, pero de cierta manera existen para hablarnos de tres personajes: un padre, una madre y una hija. Los perros son una constante, lo que varía son los lazos que estas personas tejen con ellos.

El libro obviamente tiene una pata en la autobiografía. Todo esto surge a partir de entrevistas con mi papá y con mi mamá. Yo lo que traté de rescatar en esas conversaciones fueron las anécdotas que se repetían en cada encuentro, desde que soy chiquita, que siempre incluían a algún perro. Los perros eran una excusa para contarme algo más que estaba pasando en la familia. Siempre la historia entra por un perro, pero terminan contando otra cosa o un problema vincular entre algunos miembros de mi familia. O lo que sea, pero siempre están marcados por la época en que estaba tal perro, la época en que estaba el otro. Tienen esa forma de contar. Y también tienen una forma muy particular de relacionarse con cada uno de esos perros.

La reacción de muchos lectores tiene que ver con conectarse con el dolor que produce la pérdida de un animal de compañía. Decías también que es un tema que no se trata mucho.

Es un tema del que no se habla mucho porque siempre se minimiza el dolor de la muerte de una mascota. No sé, veo entre mis amigos que, si uno está mal porque se le murió un perro, el entorno no acompaña tanto. Es como, ah, bueno, sí, se te murió el perro, pero la próxima que lo ves ya no es el tema principal. Y no pasa lo mismo cuando es un humano el que se muere. Y para mí es igual de doloroso y de terrible. Creo que en muchos casos es, incluso, peor. Un perro realmente te acompaña en todos los momentos de tu vida. Es el que más te conoce, te ve en los momentos más miserables. Y él está ahí y uno no registra mucho esa presencia, la da por sentado. Y si de pronto eso se pierde, para mí es un golpe re fuerte. Son duelos muy difíciles de pasar.

Los perros de Campeón son animales de verdad: violentos, instintivos. Y me llamó mucho la atención ver la recreación de esa idea en un entorno tan doméstico y tan íntimo.

Pienso que es algo inherente al ser humano, esa animalidad o violencia, o cambios en el humor, o arranques raros, que no son solo cosas de los animales, sino que es algo muy primitivo que compartimos. Me parecía importante mostrarlo.

Cuando leo una historieta suele haber la cuestión de querer que el personaje sea un héroe, en un punto. Que haga todo bien, que se reivindique, que no tenga maldad. Es muy poco real eso. Me aleja de ese tipo de historias, no quería caer en ningún momento en eso.

Quiero que me hables del cambio de registro entre los dos capítulos y también de esas fuerzas que quedan ahí insinuadas, esos fantasmas de los perros que cierran la primera parte.

Teníamos claro que queríamos un libro de terror doméstico. Uno de los editores le puso ese nombre y fue como: “claro, sí, esto es lo que queremos contar”. Que no sea un terror explícito, sino que haya un indicio de algo terrible que está pasando o de una maldición, de algo que uno no puede controlar y que no puede escapar de ese destino.

Y los espíritus vienen a representar eso, Me parece muy natural hacer rituales. Uno siempre hace esas cosas cuando no quiere que algo pase o cuando quiere proteger algo. Pero qué pasaría si eso tuviera efecto en la realidad. Estábamos pensando en cómo traer a esos tres perros a la realidad del personaje del último capítulo que no tiene perros, pero a su vez siente una obsesión o una atracción, por eso tiene todas las cosas con perritos en la casa. Es algo heredado de las experiencias de sus padres.

Frente al estilo hiciste muchas consideraciones, porque es muy distinto a tus otros libros.

Había empezado a hacer unos bocetos con rotulador, así nomás, en un cuaderno. Avancé con estos bocetos muy sueltos y muy libres. Con mi editor, al ver que iba a tener una extensión larga, nos pareció que iba muy bien la línea negra. Luego me pasé a digital para hacerlo más rápido. También funcionaba con el tono de la historia, que era medio punk, medio trash, medio fanzinero.

Pero me costó un montón. Porque a veces hago dibujos más pretenciosos o pinturas donde quiero que todo quede hermoso. Me tuve que entrenar para no caer en eso y dejar el error en la hoja. Así que lo que hacía era ponerme reglas: no borrar, no rehacer los dibujos, no borrar cuando se superponen las líneas de un objeto con otro.

Fue un desafío dibujar mal. Si agarro un dibujo solo, digo: No, qué dibujo feo. Pero qué si hago 300 dibujos feos... De pronto eso se convierte en un lenguaje. Leí reseñas que decían que era un dibujo feísta. Me re gusta esa palabra. Siento que a veces es más difícil dibujar feo que dibujar lindo porque también te tenés que desafiar a avanzar con el error.

Hay otro tema, ya acercándonos hacia el final del libro, que es el del sometimiento. Lo muestras en una pareja de mujeres y su fantasía de que una de ellas es un perro.

Sí, pensé una manera de que la humanidad se volviera más animal. Me pareció una buena manera utilizar el sexo porque me parece algo muy primitivo, donde todo está permitido. También en la cabeza te lleva a unos fetiches rarísimos y muchas veces en contradicción con lo que uno piensa que es lo correcto. De hecho, el sometimiento me parece súper liberador. Si uno está sometido por otro ser humano, estás entregado, te sentís seguro, ponés todo en el otro, y uno deja de tomar decisiones, de preocuparse o lo que sea, porque el otro está al mando, no solo de lo que pasa físicamente, sino de las decisiones que se toman, de lo psíquico. Para mí el sometimiento es un lugar bastante seguro, dentro de un contexto de consenso sexual o vincular, no quiero que vengan a someterme los militares, eso ya no me copa, pero en una situación así de juego de rol, creo que es muy liberador

Por otro lado, está lo que le hacemos a los animales. Creemos que los estamos cuidando y en realidad los estamos privando de todas sus capacidades de decidir qué quieren hacer, si quieren o no estar con vos. Está bueno para mí hacer esos experimentos, tanto con animales como con personas. A veces acá vienen perros que están perdidos, y está bueno tratar de crear un vínculo sin obligarlos a estar acá.

El libro está dedicado a tus perros. ¿Qué es lo que más te impresiona o te ha marcado del vínculo que tienes con ellos?

Yo creo que más que nada el acompañamiento, que no me siento sola. Siento que se da una relación súper genuina con los animales. De cariño y de cuidado, y sí, es algo muy real lo que sucede con los perros. Y también me siento protegida por ellos. Soy muy apegada. Como te decía antes, siento que son los únicos que nos ven a hacer las cosas más miserables del día a día, están presentes en momentos muy íntimos y solo existiendo, solo acompañando esos momentos, no juzgando lo que hacemos o lo que somos.

Son muy incondicionales, eso me parece. Mucho más que los humanos. Odio a los humanos.