Generación

Jorge Alberto Restrepo Gómez: La salvaje ternura de la poesía del Gallero

Conocido en la calle con el apodo de Gallero –por la profesión de su padre y abuelo–, Jorge Alberto Restrepo Gómez llena libretas con poemas sobre sus años en Barbacoas y su cotidianidad en un barrio de invasión.

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hace 2 horas

Las libretas de Jorge Alberto Restrepo Gómez -Gallero, para los amigos; Tapeto, para la familia- están llenas de poemas escritos en mayúsculas sostenidas y de sus consultas al I Ching, en forma de hexagramas. Estamos en su apartamento, justo el día en que comienzan las novenas de Navidad. Gallero le pasa a Teresita Rivera Ceballos una libreta con los poemas que ha escrito desde la última vez que se vieron. Con la venia de la familia de él, ella se encarga de transcribir los poemas (una vez, cuando vivía en la calle, Gallero hizo una hoguera con muchas libretas).

Le pregunto a Gallero por su relación con la poesía. Dice que es extraña, Habla de un texto escrito hace mucho tiempo, sobre el fin de la guerra de Vietnam. Luego, cuenta que mientras estudió Veterinaria en la Universidad de Antioquia solía leer poemas. Después de pensarlo un instante, se va para más atrás en su vida: dice que su mamá le contaba historias y sus tías le daban libros. Esa inclinación por el lenguaje, dice, no lo salvó de la calle, pero sí de sus peligros. “Cuando se acababan todos los insumos, todos los polvos, los muchachos salían al ping pong (robar). Yo no tuve corazón para eso. Para pasar el embale, me iba para los bajos del metro a leer cualquier revista que viera por ahí”, dice Gallero.

En este punto hay que decir que Gallero fue adicto al bazuco y al licor. Hace diez años salió de Barbacoas. Dice que lleva ese tiempo sobrio. Sin embargo, esa historia de superación no es la razón de mi visita. Estoy aquí porque Gallero es un poeta, así él se considere un aprendiz. O, precisamente, porque lo cree. ¿Por qué pienso que Gallero es un poeta? Más allá de las modas y los movimientos, la poesía es honestidad. ¿Recuerdan el poema de Pessoa que dice que el poeta es un fingidor “que hasta finge que es dolor /el dolor que de veras siente”? En otras palabras, el poeta toma la realidad y la vuelve más real al pasarla por el tamiz del lenguaje, ese laberinto de espejos.

Le pregunto, de nuevo, a Gallero por la poesía. Él dice que escribe lo que ve. Le pide a Teresita la libreta que recién le pasó. La abre, dice: “Por ejemplo, esto lo escribí anoche, después de escuchar la charla de unos muchachos”. Lee un poema en el que un pillo le enseña a un aprendiz una lección que a todos nos concierne. Cierra la libreta.

Gallero no cree que sus poemas sean poemas. Y tiene razón, de la misma manera que la tuvo el monje Ryokan cuando escribió: “¿Quién dice que mis poemas son poemas?/Mis poemas no son poemas./Cuando entiendas que mis poemas no son poemas,/ podremos empezar a hablar de poesía”. Sigue la charla. Gallero cuenta que los tatuajes que lleva encima se los hizo uno de sus dos hijos. Más tarde, abre de nuevo la libreta y lee otro poema, esta vez trata de un yo que en la soledad de la naturaleza se expande hasta sentirse unido con el universo. Cuando termina, quienes estamos a su lado tenemos la sensación de haber sentido el aleteo de la poesía. El fotógrafo Julio César Herrera dice que se “le chocolatearon” los ojos.

Perdón por el preámbulo tan largo. Pasemos a los poemas inéditos de Jorge Alberto Restrepo Gómez, que son equivalentes a los hexagramas.

Momentos hay pa´ todo cucho

le decía el muchacho de la vuelta

al carrito nuevo

Vea

todos los momentos hay que

vivirlos

Así como este

Este es el momento

de la cerveza y tin

y que el baretico

y el relajo bien.

Bueno, hay otros momentos

que no son de relajo

hay que estar pilas-mosca

o sea mi cucho

que la vida es de

momentos

y todos juntos

son la vida

Pero hay perritos

que se quedan atrapados

en un momento

no salen

se quedan ahí

Y entonces qué pasa

como no salieron pailas.

Y paila es paila

se les acaban los momentos

y la vida.

¿Entiende?

***

Aquí nada es de

primera mano

Todo de segunda

tercera

Y hasta de última

mano

las repisas sacadas de un sótano – botadero

de residuos de demolición

los taburetes vienen como de 5 generaciones

la cama del dueño del rancho

el TV se fundió

la nevera sacó la mano

la estufa la trajo la mamá del dueño

Las cortinas Cristina las regaló

toda la ropa herencia de mis hijos

los zapatos vienen por otros conductos.

Las guevonadas que fabrico son hechas

con materiales recogidos en la calle

las libretas donde apunto todas estas bobadas

me las regalan Cristina y Teresita

Los chécheres de la cocina no sé por dónde llegaron

Ah, las flores que hace días traigo

me las presta el jardín del parqueadero.

Y el que escribe

ese es

de última mano

y está de salida.

***

Hueco vacío de mi ser, ¿cómo te lleno?

Dime cómo y lo haré

Dí que con polvo de las estrellas

o piedrecillas del fondo de los mares.

Dí que con restos de los hombres

o con plumas de las aves

Dí cualquier cosa, dilo por favor,

No esperes a que se llene

Porque no te esperaré.

***

La luna está llena

clara y pálida

canta un gallo en la lejanía

está amaneciendo

Un búho

el arroyuelo murmura su canción

croan las ranas

el mayo y el azulejo en la rama

la neblina cubre casi todo

frescura

la sábana está húmeda

y dentro de mi, un potro se desboca

***

El marica – trans

pasó al trote

descalzo

Paró en la esquina

Se puso los tacones

De entre las tetas

Sacó un reloj

lo sacó, lo miró y siguió

sonriente.

***

Fragmento Barbacoas

Y en esta calle solo quedaron

Picaso, Teresa, los muchachos,

Michel, Nene, Paolo

y yo que tomo nota.

La misma calle de todos los tiempos,

gris – maluca

insoportable, pesada, la misma calle

de hace toda la vida.

Uno nace signado hasta por el cielo

pero esta calle ni que fuera mejicana

signada por el plomo...