Generación

Hablar de rap es hablar de política, mas no de partidos

En la pasada campaña política presidencial, el rapero Crudo Means Raw apoyó al candidato Abelardo de la Espriella, lo que le trajo miles de críticas en redes sociales. ¿El rap es de izquierda?

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Periodista. Magíster en Estudios Culturales de la Pontificia Universidad Javeriana. Ha escrito en diferentes medios de comunicación colombianos como VICE, Pacifista, El Espectador y El Colombiano.

23 de julio de 2026

Qué si el rap es político, que si es de izquierda o de derecha, esa es la discusión que está prendida en redes sociales hace un par de semanas. Al parecer todo empezó con unos comentarios que hizo Crudo Means Raw días antes de las votaciones presidenciales de hace un mes. Primero compartió un video rarísimo, publicado en redes por la revista Semana. “Un misionero católico que está en África le hizo llegar al candidato presidencial Abelardo de la Espriella este video que compartió a través de redes sociales”, dice el mensaje que acompaña la publicación.

Es raro, porque no se sabe quién es el misionero, pero en el video se ve a unos jóvenes africanos cantando y bailando al ritmo de unos canticos en apoyo al candidato, entonados por lo que pareciera ser una barra de fútbol de Argentina.

Ante las críticas, Crudo se fue a su cuenta de X y compartió un mensaje que decía: “Que lloren los Comunistas de caviar”.

Para muchos seguidores, su actitud fue decepcionante porque sus posturas políticas se contradicen con la música que hace. Miles dejaron de seguirlo en redes, otros salieron a respaldarlo, y entre unos y otros se prendió la discusión.

Pero el debate es anterior a eso y trasciende a Colombia. Se ha dado por años en Estados Unidos —la cuna de la cultura Hip Hop, de la que el rap es apenas una parte, la más popular—, en España, en Puerto Rico, en muchas partes, es una discusión inherente a la cultura.

“El hip hop revela una distancia, no tanto geográfica como racial, social y cultural, entre distintas zonas de la ciudad (...) Es una música que habla de y para la comunidad en la que ha surgido. Su carácter profundamente indentitario te excluye, pero también te define. Sin hablar de ti, te explica con claridad y por omisión qué no eres ni serás. El rap te sitúa fuera de juego, te obliga a observar desde la barrera. Por eso, lo único que cabe es asumir que existe esa distancia: reconocerla y respetarla”, escribió el periodista español Nando Cruz en el prólogo de Ilustres Raperos. El rap explicado a los blancos, de David Foster Wallace y Mark Costello.

La discusión empieza ahí, es el principio. Los términos dependen de cada lugar. El hip hop es un fenómeno universal, pero debe leerse siempre en términos locales, porque se desarrolla a partir del contexto en el que arraiga.

El principio

El Hip Hop nació a mediados de los años 70 en el Bronx, un barrio de Nueva York devastado por la pobreza extrema y el abandono estatal — tenía la tasa de pobreza más alta no sólo de la ciudad, sino de los 62 condados del Estado—, y era casi gobernado por pandillas. “Era un conjunto de ruinas espectacular, una tierra baldía mítica, una enfermedad contagiosa”, escribió Jeff política, mas no de partidos Chang en su libro Generación Hip Hop, de la guerra de pandillas y el grafiti al gangsta rap. Es una cultura de barrio, marginal. KRS ONE, una de las figuras fundamentales de la cultura, la define como una respuesta artística a la opresión.

Su poder radica en lo que Tricia Rose —profesora y escritora neoyorkina, pionera en el estudio del Hip Hop— llama la narrativa de posibilidad: “El poder de contar historias, la capacidad de crear lo que los estudiosos acabaron llamando prestigio desde abajo, es decir, de desarrollar un sistema de valores y aprecio cuando estas en una comunidad que no es valorada públicamente”, explicó durante un conversatorio sobre su libro The Hip Hop Wars, en la Universidad Brown en 2010.

Paul Gilroy, sociólogo inglés y uno de los teóricos activos más destacado en asuntos de raza y racismo lo dice de otra manera, para él, la cultura Hip Hop “puso en marcha un proceso que transformaría el sentido de sí del Estados Unidos negro, así como buena parte de la industria musical”.

Eso es lo político, la transformación del sentido de sí, allá de la comunidad negra, aquí, de los barrios populares. Pero no siempre sucede. No todo el rap lo logra, ni siquiera lo pretende, pero no se puede obviar. El rap no es sólo música. Lo dijo Gambeta, de Alcolirykoz, en el concierto por la celebración de las “Dos Décadaz” del grupo, que tuvo lugar en Medellín a finales de junio: “Si el Rap solo fuera un género musical no existiría Alcolirykoz, si solo fuera música 2pac estaría vivo. Estudiando la historia de esta vuelta es muy fácil darse cuenta que no es coherente utilizar el Rap o beneficiarse de él, para luego despreciar a la gente que lo hace posible, la gente que si lo vive, eso sería como invalidar sus luchas, anularlo. El rap no pide permiso para existir, no nació para complacer a todo el mundo y si a alguien le incomoda esa libertad, debe darse cuenta que no es el Rap el que tiene que cambiar”.

En Colombia, Alcolirykoz es el mejor ejemplo de esa transformación del sentido de sí de una comunidad que puede darse a través del Hip Hop. No hace mucho, Aranjuez, su barrio, se tenía por violento, un barrio de bandidos, sin más. Era en lugar al que pocos se atrevían a ir y del que muchos querían salir. Ahora es otra cosa, no sólo por ellos, pero si en parte.

A cualquier le puede gustar el rap y no entender todo lo que implica, pero lo que es raro es querer el rap, pero ir en contra de sus principios. Es un síntoma de la época, y más aún de las redes sociales, sacar todo de contexto y pensar que la música, y las cosas en general son apenas productos, mercancías para la venta.

“Si quieres hablar de la política del hip hop, tienes que remontarte a los orígenes; no se trata solo de los artistas, sino de cuáles eran las condiciones”, dijo Tricia Rose en una evento de aniversario por los 30 años de su libro Black Noise.