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Leidy desistió de dejar su pueblo para crear su empresa

Café Vida es el proyecto que llevó a Leidy a cambiar
su manera de ver Abriaquí y también a sí misma.

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hace 10 minutos

Mientras conversa, Leidy se levanta varias veces de la silla. Sirve un tinto, atiende a un cliente, recibe un pedido y vuelve a la entrevista. “Qué pena tanta interrupción, pero aquí es así todo el tiempo”. Café Vida tiene su propio ritmo.

Leidy Alcaraz Pérez nació y creció en la vereda Corcovado y llegó al casco urbano de Abriaquí a los 16 años para trabajar por primera vez en el comercio. Para entonces no pensaba quedarse. Quería irse a estudiar porque estaba convencida de que las oportunidades estaban lejos. Sin embargo, la pandemia cambió esos planes. Intentó estudiar Administración de Empresas de manera virtual, pero se dio cuenta de que ese no era su camino. Después trabajó como controladora vial, hasta que a los 21 años apareció una oportunidad.

Junto al atrio de la iglesia funcionaba un lugar para tomar café, comer algo en la tarde o encontrarse en la noche. Era pequeño, pero acogedor, y vio allí una posibilidad que al principio le dio miedo aceptar. La persona que estaba a cargo decidió venderlo y le ofreció las llaves y un plazo para pagarle. Ella no tenía dinero, ni experiencia, así que primero dijo que no. Después le hizo caso a su intuición. “Algo me dijo que podía funcionar”.

Consiguió dinero prestado en el municipio y buscó financiación mientras aprendía sobre la marcha. Recibió el local con pocos productos y tuvo que descubrir qué le gustaba a la gente y cómo organizar el espacio. También le puso su sello, cambió el nombre, incorporó productos y organizó Café Vida como un lugar donde la gente estuviera cómoda.

“Empecé a tenerle fe a la idea de quedarme en el municipio, fe en mí misma y en que el negocio podía funcionar”. Esa confianza contrastaba con las dudas que había tenido. Durante años se preguntó para qué era buena y alguna vez escuchó de alguien que no creía que fuera capaz de hacer mucho. Con Café Vida encontró una respuesta. Ahora, con una sonrisa y mucha convicción lo dice de otra manera: “Sirvo para mucho”.

Además, ya no habla de Abriaquí como el lugar del que quería salir. Lo describe como un pueblo pequeño, tranquilo y acogedor, en donde está su futuro. Quiere que Café Vida crezca con el municipio y volverlo un lugar cada vez más especial.

En el proceso ha buscado herramientas para sacar adelante el negocio, y considera que las actividades de la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia le brindan esos conocimientos que abren puertas.

Sueña con una cafetería más especializada, una máquina para preparar café y nuevas mesas para aprovechar el espacio. “Yo me sueño un Café Vida así, una cosa que uno diga: es pequeño, pero agradable”.