Mónica convirtió la pitaya en proyecto turístico de Buriticá
Aprendió a “pitayear” desde niña y años después convirtió el conocimiento de su territorio en una empresa.
Mónica Ibarra creció entre el calor árido, las espinas de la vegetación propias del bosque seco tropical y la inmensidad del río Cauca, en la vereda Angelina, en Buriticá. Su padre le enseñó a andar el monte y, “como nosotros le decimos, a ‘pitayear’”, que significa salir a buscar pitayas silvestres para su consumo.
En sus viajes siempre pensaba que en el bosque crecían tantas pitayas que hasta le parecía un desperdicio dejarlas allí. Con esa idea en mente, muchos años después, creó la Asociación Comunitaria Agroambiental y Turística Ecopitaya, que toma esta fruta como base para hacer productos derivados y además, se convirtió en un proyecto con rutas y experiencias turísticas.
Desde niña, Mónica fue reconocida como líder. Es la hija mayor de cuatro hermanos y siempre mostró interés por las actividades ambientales.
Su amor por la naturaleza la llevó a estudiar una técnica en Conservación de Recursos Naturales y ni siquiera dos embarazos la alejaron de las aulas, “así fuera con mis barrigas, yo nunca abandoné el estudio”. Hoy tiene 10 años de experiencia y está a punto de terminar el pregrado en Ingeniería Forestal.
A pesar de su trayectoria, cuando en 2021 se le ocurrió aprovechar comercialmente las pitayas, “todos pensaban que estaba loca, yo empecé a vender la frutica, la gente que no era de acá estaba encantada y me empecé a ganar 3 mil o 4 mil pesos por cada una, ahí vi que sí se podía”. Hoy la asociación puede recoger hasta 75 kilos para la venta y transformación en una sola “pitayeada”.
La idea del turismo llegó casi que como un accidente. Comenzó con una ruta educativa para conocer el ecosistema y la pitaya, y fue creciendo hasta convertirse en una oferta que ahora incluye avistamiento de aves, pesca deportiva, educación ambiental, senderismo y una ruta para motociclistas conocida como la Ruta del Oro.
Actualmente, Mónica también trabaja en el monitoreo de especies arbóreas y de aves, y participa en procesos de educación ambiental con universidades que visitan la región.
En esta trayectoria, la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia ha sido una aliada importante. Le ha proporcionado formación en finanzas, diseño de rutas turísticas, atención al visitante, comercialización y formas de presentar sus productos, “realmente ha sido un gran apoyo para nosotras”.
Para Mónica, ser mujer nunca ha representado una barrera para sacar adelante sus proyectos. Su historia se ha construido entre el monte, la conservación y la idea de las pitayas como una oportunidad para su territorio.