52 familias le darán el adiós al Sinaí
POR ORDEN DE la Administración Municipal, más de un centenar de casas en riesgo por estar a la orilla del río Medellín deberán desocupar. El proceso -ordenado por el Gobierno Nacional para zonas de riesgo- empezó ayer. Las familias entran a un programa de vivienda.
"Techito por techito", así quiere Carlos Enrique Jaramillo que sea la salida de su casa, en el barrio Sinaí, y por eso ayer no llegó a un acuerdo para evacuarla, aunque él sabe que sí presenta riesgo.
Dice que de la Alcaldía de Medellín lo visitaron y le anunciaron que debía desalojar con prontitud, pues su vivienda, con el invierno, está en peligro de ser arrastrada por el río en caso de una creciente.
Es la misma situación que viven otras 51 familias del sector, ubicado en la margen oriental del río Medellín, a la altura del Tricentenario.
La mayoría de estas casas están en la zona de retiro del afluente y aunque algunas están altas, el agua ha ido carcomiendo las bases, por lo que corren alto peligro de colapsar. Aún sabiendo esto, Carlos dice que no cree mucho en las promesas oficiales y esgrime sus razones:
"Hace tiempo tenía un terreno en Bello, el Municipio lo necesitaba y a cambio me ofrecieron 15 millones de pesos, no quería firmar pero me insistieron tanto que al final firmé". Esto le pasó hace tres años y es la hora que Carlos, que vive en el Sinaí con su esposa y su hijo, no ha visto un centavo.
Otra vez, narra, una máquina que dragaba el río le causó grietas a su casa y prometieron ayudarle con varillas y cemento, "pero no hicieron sino anotar, porque nunca llegaron con nada".
Estos incumplimientos lo han vuelto escéptico y por eso tiene sus dudas. Dice que sólo desocupará cuando salga directo a su nueva casa.
"Yo mismo voy con ellos para que analicen y escojamos, pero así no me puedo ir", concluyó.
Otros casos
Pero no todos los casos se dan como el de este ciudadano. Doña Ángela Rubio recibió antier la recomendación de evacuar su casa, en la que vivió 9 años luego de llegar en condición de desplazada, y ayer ya estaba dispuesta a buscar nuevo refugio.
Esta señora, que está allí con sus nietos y sus hijos, afirma que aunque no le dieron papeles ni nada, confía en la seriedad de la Administración Municipal en cuanto a la promesa de cumplirle con el pago de los arriendos -300 mil pesos por mes- mientras le sale una vivienda propia.
"Yo soy desplazada, además de que estoy en riesgo, por lo que tengo derecho a las ayudas de la casa. Me va a costar irme, pero toca antes de que el río se lo lleve a uno", advierte la mujer, que ya estaba apegada al barrio.
Allí, dice, le tocó vivir épocas de mucha violencia y hasta le mataron a un hijo, "un muchacho bueno que no le hacía mal a nadie, sólo trabajar en su taller", expresó.
Ángela tenía pendiente buscar un lugar para refugiarse en espera de que la Administración -a través del Isvimed- le asigne una casa.
Ayer, mientras el barrio era recorrido por funcionarios de las secretarías de Gobierno y Bienestar Social que socializaban la decisión de ordenar la evacuación (basada en una directriz del Gobierno Nacional), varias familias ya empacaban corotos y, en camiones, se iban a sus nuevos destinos.
Como los Suárez Henao, que optaron por irse a un hotel que ofrece la Alcaldía como albergue temporal. Allí, dijo Wilson Marín, se alojarán mientras cuaja la casa nueva. En Sinaí vivieron 7 años y, según sostuvo, la vivienda no presenta riesgo.
"Hace 4 años le hicimos un muro de contención y no vemos peligro, pero esa es la orden y tal vez vamos a estar mejor si cumplen", añadió.
En el sector, ayer todo era movimiento. Unos pasaban con tablas, otros con colchones, camas y electrodomésticos. Estaban de trasteo dejando atrás el arraigo a un sector que tiene su encantos: la frescura del aire, cierta brisita, la vecindad y lo acogedoras de sus callejuelas.
-Aunque por acá me desaparecieron a mi hijo de 21 años, ya me acostumbré y me siento feliz", expresó una señora sin decir su nombre.
Fueron 52 las viviendas que la Alcaldía ordenó desalojar de urgencia en esta zona del norte, donde se vivió un proceso similar al de La Iguaná, de donde 41 familias (de 44 afectadas) ya salieron a refugios nuevos.
En los dos casos, a las familias se les va pagando un arriendo de tres meses, que son prorrogables mientras les llega una solución de vivienda, pues todas entran a un programa de vivienda.