75 m2 con aire familiar
Optimizar cada metro y satisfacer las necesidades de su familia, compuesta por cuatro integrantes, fueron las premisas del arquitecto Alexander García.
Analizaron juntos las ventajas y desventajas y tomaron la decisión: dejar una casa de 190 metros cuadrados -70 de ellos de patio y jardín- y mudarse a un nuevo apartamento de tan solo 75 metros cuadrados, en el Sur del Valle de Aburrá.
El entorno natural de la zona, su tranquilidad, la vista desde el piso noveno, más los servicios y zonas comunes que ofrecía la unidad residencial, fueron las razones que inclinaron la balanza hacia el cambio.
Así surgió el reto para el arquitecto Alexander García : lograr que en este nuevo espacio, él y su familia se sintieran cómodos, amplios, a gusto y con lo esencial para satisfacer sus necesidades.
La construcción tradicional del apartamento le permitió realizar reformas y personalizar los ambientes.
La cocina, protagonista
Para no extrañar esa amplia cocina que tenían en la casa anterior, Alexander demolió el muro que la dividía de la zona social y duplicó su tamaño. La isla de cocción la convirtió en protagonista y la integró a una barra de cinco puestos que sirve de comedor.
Los muebles, fabricados por Tolentino, se diseñaron de tal forma que permitieran optimizar al máximo cada espacio para almacenar. De ahí los grandes cajones debajo de la isla de cocción, equipados con divisiones especiales para ollas, electrodomésticos menores y utensilios para cocinar.
También los compartimientos que aprovechan la altura piso techo, los gabinetes superiores para la vajilla y hasta un espacio de 20 centímetros de ancho que se usó para guardar -y ocultar- lo que en muchos casos, y más en viviendas de pocos metros, no se sabe dónde poner: la escoba, la trapera y la mesa de planchar.
Los acabados revelan el estilo actual que se buscó para esta cocina: mesón en quarztone blanco para el área de trabajo y gris clásico para la barra; muebles en fórmica con vetas grises y borde en aluminio, gabinetes con frentes de vidrio blanco, enchape nacaré en el salpicadero y grifería plateada monocontrol.
Contraste
Si bien la cocina fue manejada en colores blanco, gris y negro, en el área social, conformada por la sala y un centro de entretenimiento, el arquitecto optó por generar un contraste cromático.
Tonos cafés, arena, chocolate y marrón están presentes en el sofá en L, la mesa de centro que mezcla madera, vidrio y acero, el tapete y los acentos decorativos. El toque clásico lo dan dos pinturas al óleo, de los pocos objetos que conservaron de la vivienda anterior.
Un detalle que resalta en este espacio es la pared que sirve de respaldo al sofá, revestida con pequeños trozos de piedra y arenisca. "Es una textura que aporta calidez al ambiente", comenta García.
El cielorraso de drywall permitió empotrar el cableado del sistema de sonido y la iluminación, los cuales también se modificaron durante la reforma. Luces cálidas, a través de ojos de buey y pequeños reflectores, marcan el ambiente de la sala mientras que para la cocina se eligió una iluminación blanca.
A la medida
Para los baños y las habitaciones, el arquitecto diseñó un mobiliario a la medida de las necesidades de cada habitante: muebles espejos en los baños, que con una profundidad de tan solo 10 centímetros se convirtieron en una acertada solución de almacenaje; armarios personalizados y una puerta corrediza que ahorró espacio para construir un mueble de entretenimiento en la alcoba principal.
Diseñar con paciencia y construirlo "con mucho amor", dice García, fueron las claves para darle a este apartamento de 75 metros cuadrados un aire familiar.