Histórico

A Aristizábal

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02 de abril de 2010

Querida, conversada y leída Ana. He leído su libro La persona: el reto de los medios de comunicación. Un texto extraño en estos días decadentes, en los que la humanidad (lo que nos hacía diferentes de los animales) es una cosa tan rara como el buen gusto. A medida que la tecnología cambia el mundo (en un sentido muy al contrario de la utopía de Paul Lafargué, en El derecho a la pereza , el que la técnica nos haría mejores) desarrollamos actitudes tales que los césares más depravados nos hubieran envidiado. Basta ver algunos programas de televisión, que más parecen un catálogo de cómo invertir en lo peor. Pero, como pasa con los profetas de la Biblia, solo en los peores tiempos (cuando lo errático es lo corriente) se oyen las voces más atinadas para combatir el error. Una de esas voces es su libro, que si bien grita en un desierto, lo hace con voz poderosa y sin maldecir ni quejarse. Tiene estilo. Clase. Y humanidad.

Su libro, querida Ana, define primero qué es una persona desde los días de los griegos, los romanos y los renacentistas: el siglo de Pericles (500 a. C.), que fue uno de los de mayor humanidad (se pensaba bien, se comía bien, se vivía bien), fue tomado por Augusto como ejemplo y así construyó la gran Roma y luego la familia Medicis (origen del Renacimiento) creó a Florencia y dio pie a lo que hoy llamamos Humanismo (las mejores costumbres para que la vida tenga sentido). Y con base en los significados básicos de persona, toma usted los conceptos modernos (Kant, Nietzsche, Marx, Freud, entre otros) y se centra en Emmanuel Mounier, filósofo francés que entendió la relación persona-comunidad-libertad-compromiso como un todo completo y necesario.

Pero lo interesante de su libro no es el recorrido que usted, Ana Cristina Aristizábal, hace de la palabra persona y sus significados, sino de la propuesta de la aplicación de su investigación a los medios de comunicación, que tendrían como objetivo ético la creación de los mejores modelos para que la audiencia asimile formas morales de vida y no las decadentes que ahora (en especial la televisión) promueven. La persona se crea en el hogar y en el aula de clase. Pero también frente a los medios que, en ocasiones, llegan con más fuerza de imitación (frente a niños solos) que lo que proponen padres y maestros, siempre y cuando estos sean agentes activos del hecho moral, como a veces no pasa. El medio induce. Y donde no hay hogar ni escuela, ordena. Es terrible.

Ana Cristina Aristizábal Uribe, nació en Medellín. Es comunicadora social de la UPB, magister en filosofía y profesora de ética de la Comunicación. Su libro no es una prédica sino una propuesta sobre la necesidad de ser personas. Es una protesta contra la degradación mediática y todo lo que genera miedo.