A Elías
Querido y respetado Elías haNaví (el profeta, en hebreo), llueve fuerte por estos días y es como si el mundo fuera a pasar por un nuevo diluvio, esta vez causado por tanto dióxido y monóxido de carbono y por la planeación de tráfico. Y es que así nos caiga agua en la cara (cosa que despierta borrachos y desmayados) no logramos entender que lo que pasa, como decía Jean Paul Sartre, es culpa nuestra. Somos contaminadores peligrosos. Claro que no faltan los que creen que todo se debe al vecino que es comunista o, cuando menos, hereje. Las cosas, con tanta polarización y conceptos Light, han llegado a un punto delirante. Ya se burlarán de nosotros los historiadores que nos analicen dentro de cien años, esto si el planeta resiste. O si nosotros resistimos.
En el Midrash Psikté Rabatí, se lee que usted habrá de proclamar al Mesías cuando la tierra esté lista a recibirlo. Y digo la tierra y no el hombre, porque quizás el hombre, al paso que va, no entienda ya que el Mesías puede llegar. Y si llega, seguro le pedirán exámenes médicos, pruebas psicométricas, alguna visa, cuenta bancaria y certificado policial internacional, etc. No es fácil habitar en estos días. Pero bueno, querido Elías, suponiendo que el Mesías llegue de manera anónima, para esto se necesitan la paz, ejercer el bien y aceptar la redención. La paz, ese momento de quietud y tolerancia en el que se ve la amplitud y se magnifica la pequeñez, no está cercana. Todos los días se hace hasta lo imposible para que no exista. Además de contaminadores, somos anti-paz.
Para ejercer el bien en una rabiosa economía de mercados habrá que competir con marcas publicitarias, nuevas formas solitarias de felicidad y dar más de la cuenta (lo que ya crea codicia) para que el otro no crea que es una burla. Y ya, en la redención, ¿con cuánto nos podremos rescatar? Porque el verbo es simple: dar y recibir (verbo palíndromo en hebreo: notén). No se recibe si no se da y viceversa. Bueno, querido profeta Elías, le escribo por esto de las lluvias, porque la idea de paz, hacer el bien y redención (en ese orden) es bella. Claro que como dice Rabí Abba Ariya (siglo II), en el Talmud de Babilonia, los días del Mesías ya han pasado. Así que no nos queda más que mejorar y hacer actos de amor y bondad. Espero que dejen.
Elías, profeta del Antiguo Testamento. En la tradición judía se le brinda una copa en la fiesta de la Pascua. Se dice que a Elías lo robó un carro de fuego (la merkabá) proveniente del cielo. O sea que ya se presentían cosas.