A Gary
Apreciado y releído Romain, son pocos los escritores que uno lee con tanto agrado. Por el humor, por la situación descrita, por la capacidad de contar lo que otros no cuentan, sus libros seducen mucho y llevan a que el lector se haga preguntas incómodas (como finalmente es el papel y fin de la literatura). Pero lo que más me gusta de usted es que persistió en ser escritor de contenido a pesar de la envidia, las críticas venenosas y todas las dificultades que le pusieron para publicar. Diría que usted sobrevivió (por su propia cuenta y riesgo) a la mediocridad a la que se quiere condenar al que es bueno.
Porque la mediocridad es enfermedad parasitaria que busca igualar al mayor número de personas por el mismo rasero con el fin de no verse como un hecho atrabiliario sino como algo normal. Ya se sabe, si la mayoría está enferma (en este caso mediocrizada), el asunto se vuelve normalidad y el enfermo, entonces, es quien no admite el contagio y la vileza. Se ven cosas.
En el mundo en que vivimos (no ya tan absurdo como sí peligroso) quien pone el ejemplo de hacer algo digno es excluido, pues pone en vilo a los serviles y obliga a tejer toda clase de disculpas y mentiras. Y a cocer calumnias, cosa que ya es un oficio. Esto lo entendió usted, querido Romain, al punto que, para evitar que lo escupieran más, tuvo que desaparecer y escribir con un seudónimo (Émile Ajar). Y para rabia y castigo de los mediocres, ganó dos veces el premio Goncourt de novela, premio que sólo se puede ganar una vez. Lo ganó la primera con el nombre real y después con el seudónimo. La segunda tuvieron que reconocerla, ya que el Goncourt no se lo gana el escritor sino la novela.
La mediocridad (que por lo visto hace más conversos que el Islam, la religión de mayor crecimiento en el mundo), es el síntoma del fin de estos tiempos. Los riesgos que se asumen están calculados o con una mentira preparada por si fallan. Todos deben hacer parte del mismo redil (hay un gran terror a la diferencia), la realidad es la que se publicita fragmentada y la humanidad se pierde en la medida en que se la reemplaza por la soberbia y la traición. Y esa mediocridad Romain Gary (o Émile Ajar), intentó acabar con usted. Pero, como dice el Talmud, donde no hay hombres (hablo de humanos) toca ser hombre. Y en la condición de hombre libre y con conciencia de la vida, usted resistió. La dignidad es algo que se logra solo con la libertad, es decir, mejorando a pesar de que otros lo impidan.
Romain Gary (Émile Ajar), escritor judío ruso nacionalizado en Francia, nació en 1914 y murió en 1980. Fue abogado, piloto, diplomático y director de cine. Escribió con varios seudónimos para esquivar a los críticos. Se suicidó en París. Su novela, Las raíces del cielo (1956), ya presagia todo lo que pasa hoy.