Histórico

A los codazos

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12 de junio de 2008

Lo que francamente no he podido tener claro es si Piedad Córdoba, con tanto que reclama para sí las ventajas de la discriminación positiva, pertenece o no a la raza negra. A primera vista se diría que, igual que Michael Jackson, ha hecho lo posible -quirúrgicamente hablando- por no parecerlo. No es sino comparar fotos de la era pre-turbante, cuando estuvo secuestrada por Carlos Castaño, y la actual, para notar el salto de 180 grados que dieron sus facciones. Y está en todo su derecho; si el bisturí la hace sentir mejor -a ella o a cualquier otra persona, que arreglitos son bienvenidos en feos y bonitos de todos los colores-, ¡a por él! Además, la verdad sea dicha, le sienta de maravilla ese look de princesa africana que de un momento a otro se calzó. Porque le luce y porque le ayuda en sus propósitos de no pasar inadvertida y de meterse a la Historia de la misma manera que a las fotos: a los codazos.

Es indudable que a los valores personales que tiene, la senadora Córdoba añade características que la costumbre ha vuelto ley en los políticos: verbo, pueblo, protagonismo, ganas, mesianismo, ambición, seguidores y detractores a ultranza. Es indudable que por la razón que sea -calificar intenciones ajenas es mezquino y, además, no quiero ahora nadar en las aguas procelosas de los mails de Reyes-, gracias, entre otras cosas, a sus oficios, hoy hay seis secuestrados menos en poder de las Farc. Y es indudable que su temperamento y humanidad excesivos la han llevado en repetidas ocasiones a cruzar la raya del irrespeto a los demás. Por eso sus apariciones en público hace tiempos trascendieron las manifestaciones folclóricas de la democracia para convertirse en afirmaciones temerarias, por entre las que hay que andar en puntillas como si de minas antipersona se trataran. Así de explosivas son.

Y nadie le dice nada, me refiero a sus copartidarios del Partido Liberal. Será porque tienen rabo de paja, o porque temen ser tachados de machistas o racistas o enemigos del acuerdo humanitario, o porque comparten sus dichos y hechos, o porque le tienen pánico al batir de sus pestañas tipo Daisy y a su afilada lengua. No sé, pero por algo será que ni siquiera su jefe, César Gaviria, se atreve a ponerle el tatequieto. ¿Por liberal? Si por liberal se entiende tener licencia para decir lo que dé la gana, sobre quien dé la gana, en el momento en que dé la gana y en el escenario que dé la gana, sin medir las consecuencias, y, al mismo tiempo, sentirse intocable y proclamarse incomprendida y perseguida por ser controvertida, pues?, será por liberal.

Y con esto no quiero decir que doña Piedad, o éste o aquel político o no político, tenga que guardar silencio. ¡Qué tal! La y los necesitamos hablando. Desabrochadamente, incluso. Pero, primero, pensando; luego, respetando; y más luego, aguantando con paciencia las polvaredas que levanta. Sin escudarse en la deuda de gratitud que con ella tienen los secuestrados y sus familias, que los obliga a apoyarla aunque no hagan eco a los improperios, no sustentados, que suele lanzar contra el Gobierno y el Presidente; sin olvidar que el "campesino que durante 44 años enfrentó al establecimiento de una sociedad cerrada que ha asesinado a más de 5 mil miembros de la UP", que tan ejemplar considera, sembró a Colombia de muertos, mutilados, secuestrados y unas heridas en la población que tardarán generaciones en sanar; sin vender la idea de que quienes la critican lo hacen por "irrespetar la diferencia" y no por rechazar sus injurias disparadas con regadera; sin compararse con Mandela, pues algo va de la magnesia a la gimnasia.

A veces da la sensación de que lo que quiere Piedad es ser víctima y que le levanten estatua. Vea y verá: "Si yo con ir a la cárcel contribuyo a que se dé el acuerdo humanitario y se avance en un proceso de paz, estaría entre los grandes hombres y mujeres del mundo que escriben la historia". Lo dijo el miércoles en El Tiempo, en entrevista que finalizó con broche de oro. A la pregunta de cómo cree que va a terminar su vida política, respondió: "Como lo que soy. Una verdadera protagonista de los hechos históricos más importantes de este país".

Con sudadera roja y a los codazos. La Historia lo registrará.