A manejar vientos de costado
Qué es la economía para un gobernante? Es una nave que debe ayudar al mandatario a llevar a su tripulación (su gente) a buen puerto llamado bienestar. No es sino mirar al detalle la jornada de ayer en las bolsas de valores en todo el mundo, para que avizoremos los fuertes vientos de costado que soplan, tratando de desestabilizar nuestra economía.
Sentimos con especial potencia que la economía estadounidense continúa en un apurado proceso de deterioro. Por ejemplo, en el último trimestre el PIB se contrajo un 6,2 por ciento y el nivel de desempleo llegó al 8,1 por ciento, registrando un aumento de dos puntos en sólo tres meses, el más alto en veinte años. Varios renglones de consumo han caído drásticamente. En enero se vendió la mitad de automóviles que en enero de 2007, y el sector de la construcción se contrajo un 9,1 por ciento desde enero del año pasado. Como si fuera poco, las importaciones cayeron un 16 por ciento.
Y si en Estados Unidos, los vientos soplan intensamente, en la zona Euro se da por descontado que este año la economía comunitaria decrecerá alrededor de 2,2 por ciento, y que las economías de Europa del Este tendrán comportamientos negativos. Los niveles de desempleo superan el 8 por ciento y países como España, que es una importante fuente de remesas para Colombia, tiene cifras de desempleo del 14,4 por ciento y registrará una contracción en 2009 del 2,3 por ciento.
Es un panorama global que, a simple vista, parece desolador, pero las cosas pueden remediarse si la nave de la economía local está en manos sensatas. Es plausible visualizar que el Gobierno Nacional y el Banco de la República están actuando en consonancia: el primero anunciando mayor inversión en grandes obras de infraestructura y la puesta en marcha de un plan de incentivos para reactivar el consumo de vehículos y otros bienes durables, y el segundo, bajando sus tasas de interés.
La economía colombiana deberá enfrentar este año los efectos de la crisis internacional, pero debemos estar preparados y cargados de optimismo para no dejar que esa gran bola de nieve de pesimismo mundial nos arrastre en su avalancha. Hay argumentos para sostenernos. El año anterior las exportaciones rompieron récords, la inversión extranjera se mantuvo en niveles altos y las remesas solo tuvieron un leve descenso al final del año. Los efectos externos no determinaron la desaceleración de la economía interna. El hecho es que la demanda se desaceleró desde el primer trimestre de 2008 y, específicamente, el renglón que se redujo fue el de inversión.
El año pasado, el país entró en un ajuste del ciclo de inversión, luego de las expansiones más importantes que había tenido en décadas y el crecimiento del PIB será sensiblemente menor que el de 7,5 por ciento de 2007. Pero 2009 no arranca mal: los recaudos de impuestos crecieron en enero; las exportaciones decrecieron 10 por ciento a febrero, pero se compensa el impacto vía tasa de cambio; los aportes de cesantías fueron superiores a los del año anterior, y el consumo de energía creció. Tenemos con qué enfrentar los vientos de costado que soplan del exterior.