A punta de cincel, cambia Guayaquil
EN ESTE SECTOR de la ciudad, en pleno corazón del centro, se notan los contrastes entre las edificaciones tradicionales y recuperadas como parte del patrimonio y aquellas que se levantan para darles paso a centros comerciales.
Sudando, con los ojos achinados por el sol y el sofoco del mediodía, cinco trabajadores reúnen escombros y le pegan con fuerza a unos ladrillos.
Llevan quince días derrumbando una loza y unos muros divisorios en un lote de la carrera 53 con calle 45, en Guayaquil, y cuenta Franklin, uno de los oficiales, esperan terminar esta semana.
"¡Ay, ay, ay, aaay!, dónde andarás", se escucha la carrilera a todo volumen cerca de este sitio en el que antes funcionaba una chatarrería y un parqueadero de motos; y que está enmarcado por la réplica de la obra Horizontes.
El plan es construir un centro comercial, pero sin afectar la famosa imagen, cuenta Javier Betancur, administrador de los parqueaderos contiguos, gracias a que después de cinco años se obtuvo el permiso para intervenir ese espacio.
El proceso de transformación de Guayaquil no se detiene, marcando contrastes entre los edificios que se recuperaron como patrimonio y los que cambiaron de cara.
"Mejor que hagan nuevas estructuras, para que mejoren este sector", dice Jorge Cañas, de variedades Isgel, un local que mantiene la arquitectura antigua.
Ese estilo es opuesto al que se ve al lado, en Cundinamarca con Amador. Allí, narra Carlos Gómez, vigilante de la obra, se levanta un centro comercial de 12 pisos.
"Había zonas viejas que eran nidos de ratas, así que bueno que les hagan algo, que restauren o que modernicen", opina Jaime Posada, de la Droguería Superior.
Caminando hacia el bus porque terminaron su tour, Marta Morales y sus amigas del grupo de gimnasia, comentan lo diferente que ven este lugar de Medellín.
La carrilera ya se acabó pero en la calle retumban las ofertas del día y los cinceles de los trabajadores que chocan contra los ladrillos.