¿A quién beneficia el duelo?
¿A quién beneficia el duelo? A nadie. El duelo es una manera de pensar que determina la manera de vivir. Cultivar el modo de pensar es un arte, una decisión.
Aprendo a ver la vida con tristeza o alegría, optimismo o desencanto, codicia o generosidad, miedo o amor. Me transfiguro en lo que pienso durante todo el día.
Sin darnos cuenta, le enseñamos al niño a pensar y a vivir como nosotros, sin cuestionar nuestro modo de ser y de actuar.
Es impresionante su capacidad de asimilación. Lo llevamos a identificar los apegos con el amor. No lo amamos, nos apegamos a él, impidiendo el desarrollo de su personalidad.
El duelo es la expresión perfecta de un mundo de apegos sin amor.
Los apegos consienten y esclavizan, crean dependencia y desconocen el arte de luchar.
La ausencia de quien me consintió, me deja flotando en el vacío. Débil para hacer frente a la realidad, sucumbo en la adversidad.
No lloro al que murió, lloro por el desamparo en que quedé.
Se habla de elaborar el duelo. En un instante puedo cambiar los apegos por el amor.
Enfrento la vida por mi cuenta contando con el que se fue, que se quedó en mí de otra manera, iluminándome, fortaleciéndome, guiándome.
Descubro de repente el gusto inenarrable de ser el artífice de mí mismo, la obra de arte más maravillosa de la creación.
El amor ve la muerte como plenitud de la vida.
El recuerdo del ser querido me estimula para seguir viviendo con espíritu de superación, como homenaje de confianza, alegría y gratitud.
La ausencia es otra forma de presencia, semilla de eternidad.
S. Juan de la Cruz es maestro de la vida y de la muerte. Oh Dios, "rompe la tela delgada de esta vida y no la dejes llegar a que la edad y años naturalmente la corten, para que te pueda amar desde luego con la plenitud y hartura que desea mi alma sin término y fin" (Llama 1, 36).
En esta visión, vida, muerte y resurrección están unidas por los lazos del amor.
El místico me enseña a vivir muriendo de amor sin apego a nadie ni a nada, con la seguridad de que a la tarde me examinarán en el amor, dándome la convicción de que un examen de amor no puede ser sino amoroso, que llena la vida de sentido y quita al duelo todo motivo de existir.
* Monticelo, Centro de Mística.