Histórico

A reformar, para bajar desempleo y subir el PIB

EL OBJETIVO DE tener un crecimiento sostenido de la economía del cinco por ciento anual riñe con lo que viene ocurriendo con la tasa de desempleo, que sigue en niveles altos. Las reformas estructurales ayudarán a la competitividad.

27 de septiembre de 2011

El Plan Nacional de Desarrollo 2010-2014, aprobado recientemente por el Congreso, se ha trazado metas ambiciosas a nivel macroeconómico. Con referencia a la dupla crecimiento-desempleo, dicho Plan aspira a ejecutar políticas que le permitan acelerar el crecimiento del 4 por ciento observado en 2010 a cerca del 6 por ciento en el año 2014, promediando entonces un 5 por ciento anual durante 2010-2014.

Ello implicaría incrementar el crecimiento promedio en un 0,5 por ciento por año frente al observado en el último quinquenio, lo cual no luce descabellado. Sin embargo, la actual turbulencia internacional estará jugando en contra de dicho objetivo.

En materia de desempleo, la meta consiste en reducirlo del 12 al 9 por ciento, promediando entonces un 10,5 por ciento durante 2010-2014. Esto implicaría una corrección a la baja de un punto porcentual frente al último quinquenio, lo cual no luce ambicioso.

Aun así, la tarea no será fácil por cuenta de la elevada trayectoria que ha ido tomando el Salario Mínimo Legal (SML) y la persistencia de elevadas cargas no salariales (bordeando un 60 por ciento).

Las tenues alteraciones en la relación capital-trabajo de las leyes 1429 y 1430 de 2010 difícilmente ayudarán a conseguir ese objetivo de mayor formalización y reducción estructural del desempleo a un dígito. Evaluar conjuntamente las posibilidades de que esas metas de crecimiento-desempleo se lleven a feliz término durante 2010-2014 requiere dar un vistazo a las trayectorias de largo plazo de dichas variables.

Como es sabido, las relaciones que existen entre el mercado laboral y la inflación son complejas, pues deben distinguir entre los efectos de corto plazo (los que miran los políticos) y los de largo plazo (los que realmente pesan sobre el bienestar duradero).

Inflación-desempleo
El récord histórico de la inflación total ha mostrado que, durante 2007-2008, se incumplieron las metas de inflación, pero en años recientes (2009-2010) se han vuelto a cumplir. Para el año 2011, todo parece indicar que ésta se ubicará en el punto medio del rango-meta (3 por ciento).

Nótese que, a pesar del descenso en la inflación reciente, la tasa de desempleo estructural se ha mantenido en un rango elevado al registrar un promedio del 12,5 por ciento durante 2009-2010. A lo largo de 2011, la inflación ha ido en aumento, pero se ha estabilizado cerca del 3 por ciento (al eliminar el efecto coyuntural de los alimentos).

A su vez, el desempleo ha ido descendiendo un 0,5 por ciento en promedio, todo lo cual hace prever que éste promediará un 11,2 por ciento durante 2011. El análisis de largo plazo de la dinámica inflación-desempleo indica que mientras la inflación ha ido convergiendo hacia un valor cercano al 3 por ciento anual, el desempleo o ha estado relativamente constante o ha tendido a incrementarse.

En efecto, el promedio de la dupla inflación-desempleo durante los años noventa fue del 23,4 por ciento; 10,5 por ciento, respectivamente, mientras que en la última década ha sido del 6,2 por ciento; 14,9 por ciento. Dicho de otra manera, la independencia institucional del Banco de la República le permitió al país "romperle el espinazo a la inflación" (aunque una década después de acuñada esa frase).

Sin embargo, el desempleo continúa testarudamente elevado, por cuenta de las políticas salariales y parafiscales, que han encarecido el factor trabajo.

¿Se lograrán las metas?
De otra parte, parece existir una relación ligeramente inversa entre crecimiento del PIB-real y la tasa de desempleo, pero esta última acotada a niveles estructurales elevados (actualmente del 11 por ciento). Cuando el crecimiento llega a su actual potencial de largo plazo (4,5 por ciento), el desempleo se nivela en ese pernicioso 11 por ciento.

Los simples efectos "cascada" de aceleración del PIB-real no lograrán el cometido de desempleo de un dígito, pues se requieren cambios estructurales de fondo en el mercado laboral y la parafiscalidad. De hecho, contratar en Colombia a un trabajador que gane un salario mínimo de 535.600 pesos (294.2 dólares) implica costos de nómina para la firma equivalentes a 882.347 pesos (484.7 dólares), o sea, un efecto de cargas no salariales del 64.7 por ciento. Adicionalmente, el Foro Económico Mundial señala que despedir un trabajador le cuesta al empleador el equivalente a unas 59 semanas de sueldo (un sobrecosto anual de algo más del 100%), mientras que en Estados Unidos dicho sobrecosto no existe e inclusive en Perú es sólo de 17 semanas.

La Administración Santos aspira a ejecutar políticas que le permitan acelerar el crecimiento del 4 por ciento observado en 2010 a cerca del 6 por ciento en 2014, promediando entonces un 5 por ciento anual durante 2010-2014.

En materia de desempleo, la meta consiste en reducirlo del 12 por ciento al 9 por ciento, promediando entonces un 10,5 por ciento en el período 2010-2014.

Ninguna de estas dos metas luce fácil de alcanzar, a pesar de no ser extremadamente ambiciosas. De una parte, el entorno internacional de crisis persistente en el mundo desarrollado, extendiéndose a 2011-2012, hará difícil acelerar el Producto de forma sostenida.

Las relaciones macroeconómicas de largo plazo nos muestran que mientras la inflación ha ido convergiendo hacia un valor cercano al 3 por ciento anual, el desempleo o ha estado relativamente constante cerca del 11 por ciento o ha tendido a incrementarse.

Históricamente hablando, es evidente que se requieren cambios estructurales de fondo en el mercado laboral y en materia de parafiscalidad para lograr que, con crecimientos de largo plazo cercanos al 4,5 por ciento anual, Colombia pueda alcanzar niveles de desempleo de un solo dígito.