Histórico

A Vitruvio

05 de agosto de 2011

Querido y ampuloso Marco Lucio, por estos días de estrecheces y aglomeración, densidades negativas y desorden, he pensado mucho en su libro Los diez libros de la arquitectura, que quizá, por ser de los tiempos latinos y mostrarse lúcido, ya se lee poco.

En este texto sobre el espacio, los colores, las dimensiones del cuerpo (la antropometría) y la sensación necesaria de libertad para no ahogarse y enloquecerse (caer en estado de agresión), en el que usted representaba lo arquitectónico (en alemán, Baukunst, construir belleza) como parte de la calidad de vida y de la nobleza del espíritu, me asombra que sus normas y propuestas en lugar de ser tenidas en cuenta hayan caído casi que en el olvido, como si el movimiento de los cuerpos y la disposición de los objetos en el espacio fueran otros distintos a los que usted propone.

Y váyase a saber si el olvido se deba a la ignorancia o a la especulación de tierras, en las que ya no se tiene en cuenta el habitar sino el amontonar. O, según Conrad Lorenz, confinamiento intensivo.

Es claro que el mayor problema de las ciudades nuestras es la densificación desordenada de cualquier espacio, tenga este o no compensación urbana (elementos necesarios para vivir y moverse).

Y en esta densidad, en la que la multiplicación de la basura y del ruido y la reducción del espacio se aceleran, los seres humanos se pegan unos a otros, pierden su intimidad y la presencia del cielo y de la tierra (el paisaje), elementos necesarios para darle sentido al estar vivo.

Y si a esto le sumamos espacios públicos cada vez más maquinizados (ocupados por máquinas que no paran de expeler gases contaminantes que ennegrecen los avisos de prohibido fumar), el resultado es previsible: hombres y mujeres agresivos que pierden la orientación por cualquier cosa.

En los espacios que usted diseñó, Marco Lucio, el hombre no solo puede moverse sino que tiene por dónde desplazarse: la vida es movimiento. Pero perdimos esta concepción (en la que después reincidió el terco de Leonardo Da Vinci) de lo espacioso y optamos por empaquetarnos y, como resultante, perdimos los conceptos de lejanía y proximidad, de frescura y calor de hogar, de altura, ancho y espacio vital necesario (40 metros cuadrados por persona en espacio privado y 10 en espacio público).

A cambio, nos elevamos a las alturas, ralentizamos las vías y contaminamos. Y esto sería el desarrollo.

Marco Lucio Vitruvio Polión, ingeniero, creador de relojes y arquitecto que vivió en los tiempos de César Augusto y nació supuestamente en Verona, sin fechas claras sobre el nacimiento y la muerte. Su obra ha sido estudiada, reflexionada y, en estas tierras, quizá por la codicia y la entrega inmediata, mal aprendida.