Histórico

ACUERDO O RENDICIÓN

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06 de noviembre de 2014

Refiriéndose a Don Guillermo Cano, director de El Espectador, escribía García Márquez en su libro Vivir para contarla: "Los desacuerdos políticos eran muy hondos y lo fueron cada vez más a medida que se descomponía el mundo, pero siempre supimos encontrar un territorio común donde seguir luchando juntos por las causas que nos parecían justas".

La disyuntiva acuerdo/rendición ha polarizado los procesos de paz en el país. Dos posturas que utilizan dos instrumentos distintos. Una esgrime las armas que, finalmente, destruyen, entronizan la barbarie, cortan vidas y generan destierro. La otra recurre a la palabra que, indudablemente, abre posibilidades para la argumentación y la negociación, y genera entornos de mejor convivencia.

La rendición o el exterminio crean resentimiento, malestar, humillación; como en la vid, dejan cepas que resurgen con mayor vitalidad. La aparente sumisión opera más como una poda en cuarto menguante. La palabra abre espacios, genera confianza, da vida a la democracia, crea relaciones sólidas, perdurables y productivas. Valdría la pena hacer inventario de cuántos conflictos en la historia de este planeta se han terminado por efecto de la fuerza, y cuántas veces las palabras han derretido las armas.

En las posibilidades de acuerdo, la actitud clave es la capacidad de ceder. La historia de las negociaciones en todos los países que han estado en conflicto delata que, inevitablemente, para concertar hay que ceder. Negociar no es subyugar al contrario, es encontrar un espacio común, con renuncias de parte y parte. En ese marco, el diálogo abierto evita que las tensiones surgidas produzcan daño.

Nuestras guerrillas no se iniciaron como negocio productivo. Nacieron a raíz de una marcada exclusión de sectores como el gremio obrero, la población campesina y la clase media, que vieron concentrados los privilegios en un reducido grupo de la sociedad. Sus luchas se contaminaron con prácticas detestables, como el secuestro, la extorsión y el narcotráfico, pero, a pesar de tantos errores, hay todavía un capital de ideas que vale la pena rescatar. Las primeras motivaciones para su conformación puede ser el interés común que llegue a ser motivo de acuerdo.

Tácitamente, hay indicios desde las dos esquinas de la disyuntiva acuerdo/rendición de buscar puntos de encuentro. Si hay denuncia sobre borradores cercanos a la negociación, significa que se abre el debate. No será fácil, pero sí enriquecedor. En última instancia, es posible la democracia, porque hay confrontación y conflictos; si estos se llegaran a resolver definitivamente, se perdería la riqueza de la diversidad y, por tanto, la capacidad para crecer.

Sin afán de protagonismos, tenemos que poner la cuota que corresponde para diluir la polarización y considerar de forma responsable, sin palabras gruesas de ningún lado, con mesura, inteligencia, responsabilidad y creatividad, este momento histórico del país.

Cierro con una frase de Héctor Abad Gómez en su Manual de tolerancia:... "toda lucha, todo conflicto, toda oposición, si no resulta en la destrucción de uno de los contrarios, sino en una síntesis, produce progreso, avance, crecimiento, creación y nuevos valores".