Acuerdo para seguir el rumbo
El domingo, Santos esbozó en su discurso de aceptación las líneas estratégicas de su programa de gobierno, que continuará el rumbo trazado por el Presidente Uribe en sus ocho años de mandato; opción que los colombianos eligieron en votación histórica. Ayer mismo, en un fructífero primer encuentro comenzó el empalme, en temas cruciales como la economía y la justicia.
Siete de cada 10 colombianos que concurrieron a las urnas, para decidir su futuro, eligieron la opción que representa una continuidad del gobierno del Presidente Uribe. Sobre sus logros, en ocho años de mandato, se inicia la era Santos que profundizará en metas, para avanzar hacia la Prosperidad Democrática.
Para materializar esta unidad que cruza transversalmente los 109 puntos de su programa de gobierno, en su discurso de aceptación, el presidente electo, Juan Manuel Santos, esbozó las líneas estratégicas del Gran Acuerdo de Unidad Nacional que les propone a los colombianos, para continuar por una senda de paz y de progreso.
Con el conocimiento que tiene de la realidad nacional, con el ejercicio en tres ministerios clave, Santos pone en el primer lugar de las prioridades el empleo, tanto desde el punto de vista de la generación de nuevas oportunidades de trabajo como de mejoramiento de condiciones y salarios, lo que necesariamente significa apostarle a su formalización.
Y está dispuesto a ser "un aliado y socio" de la región con los mismos fines, por lo cual anunció su aspiración a "trabajar de la mano con los países vecinos para desarrollar una agenda conjunta de cooperación e integración en todos los frentes". El gobierno de Chávez se declaró a la expectativa de las declaraciones y los hechos del nuevo gobierno.
En el plano interno, de la mano de la política de cohesión social, que hereda del Presidente Uribe y que ha prometido preservar, Santos buscará mejorar la calidad de vida de los colombianos con énfasis de la inversión en salud, educación y vivienda digna.
Todo esto será posible si el país dinamiza su economía y de ahí deriva su compromiso con la consolidación de la Seguridad Democrática, para que se afiance la labor de la Fuerza Pública en las grandes ciudades y en cada rincón de la Patria, para garantizar mayores niveles de inversión privada y oportunidades de trabajo para todos.
En el liderazgo que fue perfilando desde que fue Ministro de Defensa, Santos mantendrá el aliento a militares y policías, para que cumplan con su deber constitucional de enfrentar el terrorismo, con estricto apego a los derechos humanos, pero sin claudicaciones de ninguna clase, y dijo que mientras los terroristas insistan en atacar al pueblo colombiano no habrá diálogo y los seguirá enfrentando con toda firmeza.
La misma contundencia la empleará contra el narcotráfico, en toda su cadena, así como sostendrá un combate frontal contra la corrupción y la impunidad mediante un acuerdo para el Buen Gobierno.
Si los colombianos elegimos la continuidad de un gobierno fuerte, también debemos estar preparados para respaldarlo en las reformas que necesariamente tienen que producirse para la consolidación de una democracia moderna y para un trabajo armónico entre los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. De aquí se desprende su invitación a las altas Cortes a reunirse pronto y a trabajar una reforma concertada de la Justicia, en un marco de "respeto, colaboración y autonomía". ¿Estarán las Cortes dispuestas a aceptar esta mano tendida a la que han sido hasta ahora esquivas y a nombrar, por fin, al Fiscal General?
Frente a los partidos políticos su mensaje es meridiano: Santos quiere trabajar en el Congreso hasta con sus contradictores, bien sea que lo apoyen o que ejerzan una oposición constructiva. Resta por ver qué tan fuertes y con opción de futuro quedaron los partidos tradicionales y cuál será la vigencia de la U y también de la que hoy aparece como la segunda fuerza política, y que tendrá su prueba de fuego en las elecciones de alcaldes y gobernadores, cuando incluso algunos de sus representantes, como Fajardo en Medellín, disminuyeron su caudal electoral.