Histórico

Además de la idea falta perseverancia y disciplina

01 de marzo de 2009

Carlos Ignacio Gil es una de esas personas que demuestran que no basta una buenas idea para convertirse en emprendedor.

Este joven, que está a punto de terminar su carrera como administrador de empresas agropecuarias, se metió de pies y cabeza en la producción de racks, es decir, cajas especialmente diseñadas y elaboradas a la medida para empacar objetos altamente delicados.

Por ejemplo, todos aquellos equipos de tecnología que requieren moverse de un lugar a otro sin correr el riesgo de estropearse. Un caso concreto es el de los equipos que en ganadería se usan para inseminaciones y transferencia de embriones. "Algunos de estos instrumentos cuestan hasta 60 millones de pesos pero no vienen en empaques adecuados. Por eso, yo me encargo de elaborar los racks que por poco más de un millón de pesos lo protege por muchísimos años".

Gilbox es la marca con la cual este joven está posicionando sus productos. Asegura que tiene un mercado seguro en muchos sectores.

"Estos productos tienen clientes muy específicos pero también muy diversos. Podemos atender las necesidades del sector salud, porque los equipos de biotecnología son muy delicados y requieren de máximo cuidado en los desplazamientos. La agroindustria, el deporte, la ingeniería, el arte, la medicina y hasta la industria militar son clientes potenciales de Gilbox".

El negocio de Gil arrancó en 2002, año en el que de manera ocasional producía uno que otro de sus productos. Luego, gracias al aprendizaje que ha obtenido de la propia experiencia y la participación en algunos programas de emprendimiento, como el que adelanta con él la Corporación Universitaria Lasallista, centro en donde este joven terminará pronto su carrera.

"El mecanismo de los clientes referidos es el que más nos ha movido a producir y trabajar. Nosotros no hacemos publicidad, ni tenemos una estrategia de mercado más allá de la del voz a voz y de que la gente nos conozca".

Con orgullo comenta que el 70 por ciento de la materia prima que usa es de Medellín. "Solo tenemos que importar algunos viseles de Brasil, sin embargo ya estoy consiguiendo una persona que los produce acá" afirma Gil.

Carlos Ignacio trabaja a partir de la necesidad de cada cliente. "Elaboro cada pieza sobre diseño único y con los mejores materiales para proteger cualquier equipo. Creo que en eso es que se basan los logros de este negocio", concluye.