Histórico

ADIÓS A LA INDEPENDENCIA DE LOS BANCOS CENTRALES

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04 de febrero de 2013

La independencia de los bancos centrales fue uno de los ejes del Consenso de Washington, artículo de fe de la ortodoxia neoliberal, máxima inviolable de una responsable gestión de la economía.

La teoría era transparente. Los bancos centrales tenían que manejar la política monetaria nacional libres de la presión del gobierno de turno, siempre proclive a buscar votos con medidas populistas y de corto plazo.

En términos técnicos, el gasto del dinero -política fiscal a cargo del gobierno- debía estar totalmente separada de la emisión del dinero, política monetaria a cargo del Banco Central. El objetivo principal era controlar la inflación, definida como el aumento de precios al consumidor.

Las cosas están cambiando. Con una deuda descomunal en Estados Unidos, Japón y muchos países de la Unión Europea (UE), con tasas de interés en niveles históricamente bajos, con inyecciones de dinero electrónico para sanear el sistema financiero, los Bancos Centrales están teniendo una actitud intervencionista cada vez más teñida por necesidades políticas.

El último caso de este nuevo intervencionismo es Japón. Con un fuerte respaldo democrático de las elecciones de diciembre, el flamante mandatario japonés Shinzo Abe, está modificando la tradicional independencia del Banco de Japón, comprometiéndolo con su gigantesco programa de estímulo fiscal.

En defensa de la ortodoxia, el presidente del Banco Central de Alemania, Jens Weidmann criticó duramente esa injerencia política.

"Se ven claras violaciones de la independencia que debe regir a los bancos centrales como en los casos de Japón y Hungría, donde los gobiernos están interfiriendo con la política del banco central y amenazando su autonomía. Esto está llevando a una creciente politización de su conducta", indicó Weidmann.

Al son de la recesión Desde la contracción crediticia de 2007, la Reserva Federal en Estados Unidos y el Banco de Inglaterra se han lanzado a estimular la economía y apuntalar a los bancos con diversas medidas, entre ellas la aceleración cuantitativa, una emisión electrónica de dinero que procura expandir el crédito para estimular el sector productivo y el consumo doméstico.

Según Ismail Ertur k, catedrático de sistemas bancarios de la Universidad de Negocios de Manchester, estas medidas marcan el fracaso del modelo autonómico bancario.

"En un sentido funcional había una relativa autonomía en el manejo institucional. En un sentido ideológico, no. Había monetaristas y no keynesianos. La inflación se definía como control de precios al consumidor y se ignoraban burbujas especulativas bursátiles o inmobiliarias.

El resultado fue desastroso", señaló Erturk.

No solo desastroso: sigue presente hoy.

Los gobiernos desarrollados se vieron obligados a intervenir ante la caída del Lehman Brothers en septiembre de 2008 para impedir una corrida bancaria y una depresión mundial: el endeudamiento actual viene de ese momento.

Pero ni con aquella intervención fiscal masiva se curó la enfermedad financiera.

Joseph Stiglitz dice que "no hay realmente instituciones independientes".

El Banco Central Europeo (BCE) ha prestado más de un billón de euros a los bancos amenazados por deudas impagables incurridas en la época del dinero fácil a las que están fuertemente expuestos instituciones financieras de los países del norte, desde Alemania al Reino Unido.

Según analistas del banco suizo UBS, es perfectamente factible que una serie de cese de pagos de los países o de sus bancos "erosione la posición del Banco Central Europeo y la de sus accionistas, los bancos centrales nacionales".

El porvenir de una ilusión. Una importante corriente de opinión económica considera que la idea misma de independencia o autonomía era una ilusión.