Histórico

AHORA A TRABAJAR

04 de julio de 2014

Acabamos de pasar por unas jornadas electorales que nos dejan llenos de dudas sobre la robustez de nuestra democracia y el sistema para definir este tipo de contiendas. Quienes votamos por un país distinto, aunque por ahora aceptamos esos resultados, no quedamos tranquilos y estaremos a la espera de lo que deben arrojar las investigaciones y las sentencias sobrevinientes, por parte de las "autoridades" electorales, la Registraduría, la Fiscalía y todos los estamentos que de una u otra forma tengan que ver con los múltiples delitos que para esos eventos de marzo, mayo y junio se cometieron.

Ahora estamos en otros menesteres y a la espera de las maniobras que tendrá que hacer juampa, para cumplir esa innumerable cantidad de compromisos que asumió con diferentes fuerzas políticas y sociales para conseguir su exigua y falaz victoria.

Sabemos que tendremos cuatro años de desestabilidad institucional, pues tendrá una oposición proveniente de los supuestos extremos en los cuales cataloga él, de manera simplista y populista, a quienes no compartimos sus ideas bobaliconas de la paz con una fracción de los generadores de violencia, que entre otras cosas nunca entregarán las armas, puesto que consideran la posibilidad de regresar a sus andadas a la menor muestra de persecución por parte de sus víctimas. Persecución que muy seguramente se dará debido a que, ellas, nunca han sido el eje central de estas negociaciones. Ahora por las elecciones se mencionaron y en poco tiempo pasarán a quinto plano.

Quienes queremos un país distinto, estaremos prestos a desnudar las funestas intenciones de quienes ahora gozan de las prerrogativas que dan esos resultados amañados; propondremos las reformas que, con, urgencia, requieren muchas de las entidades del poder público; propiciaremos las discusiones sobre el tamaño del Estado, la administración de justicia, el sistema electoral, la inversión social, propiciaremos la eficiencia y eficacia de las acciones de del poder público, seremos fiscales permanentes del uso de los recursos públicos y denunciaremos el despilfarro que de ellos se hace.

Sabemos que acaba de llegar el mayor clientelista a ejercer presiones para acomodar a sus amiguitos en los altos cargos del Gobierno. Por tal razón seremos vigilantes de los resultados de esos tráficos de influencias que se darán, para satisfacer esos deseos insanos de poder, adquirido a través de los favores que se le deban a este gamín.

En el Congreso tendremos los ojos puestos sobre los proyectos que presente el gobierno central y nos opondremos a los que no originen beneficios reales y tangibles para el país. Será muy factible que en esto nos acompañen representantes y senadores que llegaron allí para trabajar en pro de la Nación y cuyos intereses personales desaparecen ante las acciones destinadas a la consecución del bien general. Esperemos que sean muchos los que participen de esta nueva concepción de país, en donde el derecho al disenso es la base de su democracia con una filosofía de gobierno orientada al bienestar de todos sus nacionales.